Arequipa

Un viaje que transforma nuestra realidad

20 de noviembre de 2017
Un viaje que transforma nuestra realidad
El proyecto emblemático del Colegio Alemán Max Uhle para conocer nuestra cultura y generar desarrollo sostenible en pueblos andinos.
 
Desde que empezó a ir a las comunidades campesinas de los Andes de Arequipa, Santiago se sabía una mejor persona. “Este es uno de los días que más odio, después de la semana que más amo en todo el año”, dijo el día de la despedida en Tuti (Caylloma) a casi 4 mil metros sobre el nivel del mar.
 
Era parte de una delegación de medio centenar de estudiantes, exalumnos y profesores del Colegio Alemán Max Uhle, uno de los más prestigiados de Arequipa.
Llegaron en un viaje de acción social, un programa que comenzó en 2005 y que ahora lleva apoyo a esas comunidades con las que conviven una semana haciendo lo que ellos hacen y concretando proyectos que ayuden a sus habitantes a tener una vida mejor.
 
No llevan caridad, concretan un proyecto que ayude a la comunidad a ser más sostenible. Este año han armado un taller para fabricar zapatillas en el colegio de Umachulco, en Candesuyos, y han implementado el laboratorio para que transformen su pequeña producción de leche en yogurt.
Los padres de familia y los estudiantes de Umachulco se han capacitado y harán zapatillas para los estudiantes y luego producirán más para vender a las comunidades vecinas.
El año anterior construyeron un horno artesanal para que el colegio haga pan con insumos autóctonos y lo venda en la zona. Ahora el pueblo tiene una panadería en su colegio.
 
Lo que al inicio podría haber caído en una suerte de turismo vivencial, se ha convertido en un programa que da la oportunidad a los estudiantes del Colegio Max Uhle de vivenciar culturas que aún conservan características autóctonas que son parte de la diversidad cultural peruana. Participan de su estilo de vida, conocen su riqueza cultural, fomentan la convivencia en el marco de la cultura de paz y, sobretodo, son gestores de proyectos de desarrollo sostenible.
 
La inversión que se hace subió de poco más de 2 mil soles la primera vez a más de 50 mil la última. Es dinero que los estudiantes del Colegio Max Uhle consiguen con funciones de teatro, venta de café y refrigerios en diversas actividades y la recaudación total de una festividad importante del colegio el Oktoberfest, una suerte de gran fiesta familiar muy tradicional en Alemania.
 
Así, en la práctica, toda la institución colabora de alguna forma con el apoyo social, que no cae en un burdo asistencialismo, sino que responde a un estudio previo de las necesidades de las comunidades a las que van. Ya han llegado a Lari, Coporaque, Yanque, Tuti, Madrigal, Machahuay, Viraco, Polobaya y Umachulco, en algunas más de una vez.
Recaudar, viajar, compartir la comida, el trabajo en las chacras, actividades comunales, el baile, el juego con los niños de esos pueblos -casi siempre olvidados por el Estado- genera en ellos una manera nueva de ver a sus semejantes.
 
“Voy a ayudar y a que me ayuden”, dice Alexia que está en el Bachillerato Internacional, que siente que ella gana más de lo que da a esas comunidades.
Ella, como otros de sus compañeros, participa ya varias veces de este programa que es voluntario. Santiago, que es ahora exalumno lo sigue haciendo, como también lo hacen estudiantes de intercambio de Alemania.
 
Los profesores y directivos del colegio han visto tan buenos resultados en la formación humanística, que el programa es ya un emblema del colegio.
 
Lo que más le gustó a Ana Paula, otra estudiante, fueron las actividades con los niños, desde el pintado de un mural hasta los juegos como remoler trompos, la pesca pesca y jugar con canicas. Los adultos de la comunidad trabajan y no tienen tiempo para jugar con ellos.
 
Valentín aprendió que el servicio a otros es algo muy importante. “Ves a esas personas y tienes el sentimiento de ayudarlos y cuando tú estás sirviendo, estás viviendo lo que ellos viven”, dice.
 
En general los centenares de chicos del Colegio Max Uhle, sus profesores y colaboradores van dejando en esas comunidades hornos, talleres, panaderías, salones comunales refaccionados, asistencia educativa, psicológica y de salud. Y ahora también reciben a delegaciones de estudiantes de esos pueblos, para compartir con ellos en Arequipa.
Todo esto ha hecho que el Max Uhle sea un colegio asociado a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), por su contribución a la paz, solidaridad y mutua colaboración.
 
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