Los portales perdidos de la Iglesia de Cayma

18 de Junio de 2017
Fotografía antigua donde se muestra los portales que tenía la Iglesia de Cayma (costado derecho).
Habrían sido construidos por iniciativa de religioso y visionario Juan Domingo de Zamácola y Jáuregui. No se sabe con precisión cuándo fueron destruidos y reemplazados por una pared de sillar y salones.
 
Por: Jorge Turpo Rivas
 
Juan Guillermo Carpio Muñoz tiene diferentes formas de sorprender al público. A veces hasta coge la guitarra y canta un yaraví. No es artista, es investigador. La noche del último 7 de junio, convirtió la presentación de un libro en una clase magistral sobre una de sus últimas investigaciones.
Recogiendo información para lo que será la segunda parte de Texao, una obra monumental sobre la historia de Arequipa, Carpio Muñoz halló unas fotografías antiguas donde se observa que la Iglesia de Cayma tenía una hermosa galería de portales de sillar al costado derecho de su fachada (viendo desde la plaza).
Eran seis portales ubicados en los altos o segunda planta. Cosa curiosa porque en la Arequipa colonial no existe registro de construcciones de portales en un segundo piso. Los portales de la Plaza de Armas son recientes (época republicana).
La construcción de esos portales habría sido dispuesta por el religioso y visionario español Juan Domingo de Zamácola y Jáuregui. Lo que no se sabe con certeza es en qué momento de la historia de Cayma y Arequipa, fueron demolidos y en su reemplazo construyeron una pared de sillar y salones. 
 
EL LIBRO
Quienes asistieron a la presentación del libro “Apuntes para la historia de Arequipa” de Juan Domingo de Zamácola y Jáuregui, publicado por el fondo editorial de la Universidad Católica San Pablo, fueron privilegiados testigos de la investigación de Carpio Muñoz. Mostró y explicó al detalle las fotografías antiguas de la Iglesia de Cayma.
Como no da puntada sin hilo cuando se trata de su amada Arequipa, luego de hacer la reseña histórica, propuso a Harberth Zúñiga Herrera, alcalde de Cayma, presente en la ceremonia, elaborar un proyecto para reponer los arcos en el frontis de la iglesia.
“Ganaría en belleza y como atractivo para el turismo, además recuperaríamos un espacio histórico”, dijo Carpio Muñoz.
El investigador es consciente de que no es un tema sencillo. No solo por la inversión que significaría, sino por las complicaciones que implica conseguir los permisos del Arzobispado y del Ministerio de Cultura. Pero el debate quedó abierto. Seguro aparecerán los especialistas que dirán que todo debe quedar como está y otros que apoyen la propuesta de Carpio Muñoz.
Existe un antecedente reciente sobre este tipo de ideas. Después del terremoto de junio de 2001, la torre de la Iglesia de San Agustín quedó muy dañada en su estructura. Es una torre de estilo art déco (corriente arquitectónica que tuvo apogeo entre 1920 y 1939). Fue construida después del terremoto de 1868 que destruyó ese templo. Toda su nave central y su torre se vinieron abajo. Cuando la reconstruyeron colocaron una bóveda de calamina y la torre art déco que permanecen hasta hoy.
El expresidente regional Daniel Vera Ballón, basado en documentos y fotografías antiguas, quiso aprovechar la oportunidad para reponer la antigua torre del templo. Se generó un gran debate público sobre el tema. Especialistas del entonces Instituto Nacional de Cultura se opusieron argumentado que no se podía hacer esa obra porque la torre art déco, a pesar de ser reciente, era una huella o vestigio histórico de lo ocurrido en el terremoto de 1868 y se debía quedar así. Vera Ballón tuvo que abandonar su idea y reconstruir la torre de concreto, estilo art déco, que vemos hasta ahora.
Carpio Muñoz cree que en ese caso las autoridades de Cultura actuaron de manera correcta. “La torre de San Agustín, todo el templo en realidad, efectivamente es el más grande vestigio de lo ocurrido en el terremoto de 1868 y su reconstrucción se debe respetar, pero el caso de la Iglesia de Cayma es distinto”, comentó.
También recordó otro antecedente. La torre de la Iglesia de La Compañía también se cayó con el terremoto de 1868. Cuando la repusieron la modificaron completamente porque dijeron que era muy pesada y la aligeraron. En los terremotos de 1958 y 1960 se volvió a caer y, apelando a fotografías antiguas, se discutió y decidió reponer la torre antigua, es decir, la que había antes de 1868. Es la que permanece hasta estos días.
En el caso de la galería de portales de la Iglesia de Cayma –argumenta Carpio Muñoz– sí valdría la pena reponerlos porque toda la plaza del distrito ganaría en autenticidad y belleza. Además esos portales no afectan el frontis de la iglesia. Están a un costado, cerca de la casa cural. Solo afectaría al salón tres de ese complejo, pero actualmente no es utilizado.
Lo que deja en claro el investigador es que su propuesta debe ser debatida por especialistas para tener una opinión técnica sobre la posibilidad de reponer o no los portales. Por lo pronto, el alcalde de Cayma, quien participó, recogió la propuesta y se comprometió a trabajar en el proyecto para definir su viabilidad ante las autoridades eclesiásticas y de Cultura.
 
ZAMÁCOLA
El 13 de mayo de 1784 un terremoto destruyó Arequipa. Juan Domingo de Zamácola y Jáuregui lo calificó de “espantoso” en la reseña que escribió y que está incluida en el libro que publicó la UCSP. Después de ese sismo, Zamácola se encargó de reconstruir la Iglesia de Cayma que era pequeña, tenía una sola nave. En la nueva estructura se le aumentó dos naves laterales y una torre más. Esa es otra singularidad de la Iglesia de Cayma: excepto la basílica Catedral, es la única que tiene dos torres. 
“Lamentablemente Zamácola no menciona en sus escritos que él haya hecho construir la galería de portales, por eso no puedo afirmar que haya sido su obra, pero de lo que sí estoy seguro es que él conoció esos portales”, indica Carpio Muñoz.
Las fotografías de los portales que posee el investigador serían posteriores al terremoto de 1868. Incluso, si se ve el detalle, aparecen medio destruidos. Lo que falta determinar es en qué año fueron destruidos y reemplazados por una pared y salones. 
Carpio Muñoz es un apasionado de la vida y obra de Zamácola y Jáuregui. “Me he convertido en un zamacolista”, dice. No es para menos. La vida del cura Zamácola es admirable por sus cuatro costados. Debería ser de estudio obligatorio en las escuelas y un paradigma para todo aquel político que quiera gobernar la ciudad o la región.
“Fue el religioso más creativo, laborioso y visionario de cuantos hayan trabajado en nuestra tierra”, afirma el investigador.
Zamácola fue nombrado cura interino de Cayma en 1778 y se quedó 45 años en ese cargo. Trabajó por el mejoramiento del distrito, su iglesia y la vida de sus pobladores. “Gestionó y consiguió la autorización del Intendente para hacer las obras que permitieron formar un pueblo. Cuadró la plaza, la hizo nivelar, trazó las calles que de ella salían y mandó a construir los cinco arcos de sillar que le sirven de bocacalles, e instó a sus pobladores a levantar sus casas en ellas y a abandonar las sencillas que tenían desperdigadas”, explica Carpio Muñoz.
Zamácola y Jáuregui –agrega– además de sus trabajos de párroco, proyectista y constructor, dibujante, maestro y buscador infatigable del progreso material y espiritual de sus feligreses, fue también un dedicado escritor.
“Apuntes para la historia de Arequipa” reúne quince breves escritos de Zamácola. Los cuatro principales fueron tomados de la edición de la imprenta de “La Bolsa”, publicada en 1888. Destaca su descripción del “espantoso terremoto” de 1784. El libro se vende a treinta soles en la librería de la UCSP. 
Carpio Muñoz trabaja estos días en la segunda parte de Texao, una obra que abarcará la historia de Arequipa entre 1910 y 1980. Le quedan al menos dos años de trabajo. Allí promete revelar muchas más curiosidades parecidas a los portales perdidos de la Iglesia de Cayma.

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