El paraíso de un periodista

Hace 100 años, un 29 de enero de 1916
Paraíso
Y esta vez, no nos enfocaremos en una noticia en particular, es viernes, así que toca un pequeño cuento, y sí, es de aquellos que te dejan con una reflexión, de esos que te dejan pensando y mejor aún, con una sonrisa. 
 
Como sabemos una de las profesiones más arriesgadas, es el periodismo y a su vez una de las menos remuneradas pero, vaya que encanta.
El periodista a la hora de transmitir un mensaje a la población debe ser claro, directo, conciso e imparcial.
 

A continuación la pequeña historia que encontramos esta mañana en el “Diario El Pueblo” hace 100 años:

Para experiencia de algunos de nuestros suscritores, publicamos el siguiente artículo que es la narración exacta de la odisea de un periodista por las regiones de ultratumba.
Murió de hambre un periodista y en la hora y punto que suspiró, un ángel fue enviado por Dios, exprofesamente, para servir de escolta y conducirlo á la patria celestial. 
Mientras caminaba, dijo el periodista á su acompañante:
 
- Permítame echar una mirada a la mansión de los réprobos, antes de entrar a la felicidad eterna.
- Con mucho gusto, contestó el ángel.
- Vamos pués.
 
Y ambos penetraron en los dormitorios de Lucifer y se asaron por su recinto, admirando y observando las cosas más notables que allí habían. 
En eso, perdió de vista el ángel al periodista y se puso á buscarlo en aquel laberinto.
 
A poco andar, lo encontró, sentado junto a una espaciosa hoguera, abanicándose, contemplando con alegrí a una multitud de personas que se quemaban en aquel fuego devorador.
 
Arriba de aquella hoguera, había un rótilo con letras de fuego en que se leía lo siguiente: 
 
“Suscritores tramposos, condenados a arder eternamente por no haber pagado la suscrición al periódico ni su trabajo a los periodistas”
 
- Apresurémonos a llegar al cielo, dijo el ángel, porque este lugar me es insoportable.
- ¿Al cielo yo? ¡Jamás! Que mayor gloria para mí, que estar contemplando siempre en el sufrimiento á los que fueron ruina y desgracia mía y de todos los que conmigo estaban.
- Decid a Dios que renunció a su presencia, para hacer con la mía ese sitio más amargo, el tormento de estos desgraciados.
- Adiós, dijo y desapareció por el obscuro antro de Lucifer.
 
(De “La Evolución” de Huancayo)
 

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