El caballero del Centro Histórico

16 de Julio de 2017
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Eduardo Ugarte y Chocano es el ciudadano más preocupado por preservar su tierra y uno de los destacados intelectuales que tiene la Ciudad Blanca. ¿Cuánto molesta que te digan doctor cuando no lo eres? 

 

Por: Lino Mamani A.

Fotos: Adrian Quicaño P.

 
El caballero del Centro Histórico lleva un peinado hacia atrás y un bigote a lo Marlon Brando en El Padrino. Obviamente, viste terno. Eleva la mirada tenuemente, inclinando la quijada hacia el cielo y cuando habla la cordialidad rebosa. El caballero del Centro Histórico usa sombrero para cubrirse del sol arequipeño y hace las cosas correctas o trata de hacerlas así.
 
Eduardo Ugarte y Chocano tiene 73 años aunque aparenta de menos. Su día inicia con ayuda de la alarma del celular a las seis de la mañana. Bebe dos vasos de agua tibia para despertar el organismo –aunque a veces le hace estornudar. Pandicula a propósito, revisa los diarios del día anterior, resuelve el Mastergrama, lee. Luego de esta rutina recién desayuna  ligero y se va rumbo a la casona amarilla ubicada en la esquina de las calles Tacna y Arica, frente al antiguo ferrocarril, donde funciona el Museo de Arte Contemporáneo, del cual es director hace 12 años.
 
-Algunas veces he sido discriminado por los conductores. Me dicen blanquito, pituco, que ¿por qué ando en combi? ¡Uno tiene que estar en contacto con su ciudad! –refiere el hombre del terno azul, con pinta de dandi, quien todos días que se desplaza en este transporte lleva algo para leer.
 
Es viernes y alguien va a interrumpir en el museo. Sueva el timbre. Entonces, don Eduardo, el caballero, observa desde una pantalla la puerta de ingreso. Ordena que pasen. El MAC es uno de los pocos recintos arequipeños destinados completos al arte. Sus paredes, sus ambientes de sillar y piso de madera, contrastan con las esculturas y lienzos contemporáneos. Se aproxima al pasillo. “Doctor”, le dice el muchacho que lo visita en reiteradas oportunidades y haciendo gala de sutileza, el caballero responde:
 
-¡No me digas doctor, estoy peleando por ser señor! –refiere sin alzar el tono de la voz y agrega– El doctorado lo da una universidad, el ser señor lo da el comportamiento. 
 
Ugarte y Chocano nunca fue doctor, aunque muchos confunden en nombrarlo así. Ocurre a menudo, en cada presentación que realiza en el museo, cuando dicta clases o cuando anda por la calle. Él aclara. No es doctor, pero sí un ciudadano.
 
***
Sus recuerdos lo trasladan a su primer día de clases, por aquella Arequipa de 1950. Tenía seis años de edad. Sus padres lo habían llevado al  colegio miraflorino Manuel Sebastián Ugarte. El profesor de entonces, lo presentó ante el salón como el descendiente del héroe nacional de la medicina naval peruana de quien el plantel tomó el prestigioso nombre. Querían que dijera unas palabras al respecto, pero como respuesta solo hubo silencio. Fue su primer día de clases y le vergüenza y miedo sentido, lo alejó de la escuela por dos años.
 
A los ocho nuevamente retornaría, pero al colegio San Francisco. No cursó el primer grado, por su edad y porque ya sabía leer y escribir. Lo pasaron al segundo grado de primaria. Ahí nuevamente tendría otro problema. Cuando el maestro bocetó un burro, el pequeño se levantó y reclamó que lo graficado no se asemejaba al cuadrúpedo, siendo retado a superar el dibujo. En cuestión de segundos delineó un “verdadero” burro y fue felicitado por sus compañeros. Lejos de agradarle le impactó ver que sus compañeros se sorprendían por un dibujo regular, denotando que no percibían la realidad de tal forma que pudieran reproducirla. Le afectó que sus compañeros no supieran dibujar.
 
El pequeño Eduardo Ugarte y Chocano había crecido junto a destacados pintores como Federico Molina y su padre Federico Molina Quintanilla, con Víctor Martínez Málaga y sus tres hijos Marcelo, Alberto y Víctor; veía pasar a los Núñez Ureta, de tan cerca a Luis Palao. Ese ambiente artístico le permitió desarrollar su propio arte.
Había  querido ser médico como su antepasado, pero por influencia de los hermanos Zúñiga que trabajaban en Esso, empresa norteamericana de petróleos, se puso a estudiar geología en la Unsa con el objetivo de que lo llevasen a Estados Unidos. Al año siguiente, ingresa a medicina, a encaminar su rumbo, pero en 1963 desarrolla su primera exposición de pintura y se aleja de la universidad. Tres años después, ingresa a letras y es el año en que empieza a escribir en una revista agustina.
 
Aquel año 1966 es significativo para él porque se inicia como crítico, periodista y precursor del cuidado del patrimonio. Se inicia como crítico de arte publicado su primer artículo en un espacio cultural de El Pueblo, sobre Luis Palao. Se inicia en el periodismo, al ser contratado en diario Correo por José Gonzales Málaga, quien pedía tres requisitos para alguien que se encargase del suplemento: que sea culto, supiera de arte para diagramar y que escribiera. 
 
Como no había escuelas de periodismo, la Universidad Católica de Santa María  sigue un curso de preparación para periodistas pero que no termina. Luego intentó estudiar el mismo curso en la Unsa y tampoco lo culminó. Cosas de la vida, años después Ugarte y Chocano por cuatro años dictó un diplomado de periodismo y gestión cultural en la Universidad Tecnológica del Perú. Así, explica que no es doctor, ni quiso serlo.
 
***
Un ciudadano no se forma en la universidad. Se forma en la casa, en la calle, en el trabajo. El ciudadano no es solo aquel que forma parte de la urbe, no es aquel que no arroja la envoltura del caramelo al piso o; el que no rocía aerosol en los muros ni orina en las esquinas. Un ciudadano tiene que ver con algo más complejo.
 
El ciudadano Eduardo Ugarte y Chocano siente que ser ciudadano es una exigencia. Es el comportamiento social y la responsabilidad que uno tiene respecto a su ciudad. Uno en su vida se va construyendo como ciudadano, antes que como profesional.
 
-Cuando uno hace una actividad de determinada tecnología, de determinada ciencia, de determinado arte, o uno puede terminar siendo científico, artista, pintor y no necesariamente como egresado de universidad pero siempre habrá su proyección profesional hacia su ciudad, su entorno y habitad, eso es ser ciudadano.
 
Eduardo Ugarte y Chocano procura ser ciudadano. Por ello, fue uno de los precursores en defender la campiña hace 51 años, cuando pocos empezaban a preocuparse de su preservación. Empezó a resaltar la arquitectura colonial del Centro Histórico, que luego sería declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad. 
 
Para el ilustre arequipeño hay tres estamentos que componen la preservación de Arequipa. El estado en sus tres niveles (nacional, regional y local), que no legislan adecuadamente; el mercado, pero que es capaz de modificar monumentos para hacer hoteles turísticos y; la sociedad civil que si se construye tiene la respuesta para corregir esto y defender el patrimonio. 
 
El caballero, o mejor dicho el ciudadano, desde el Centro de Investigación de las Radiaciones (Cirad) propició una campaña de cuidado ante el peligro solar. Así la institución logró que se consiga que en los colegios se obligue el uso del sombrero, que los izamientos domingueros sean antes de las 11:00 horas, que se pongan mallas raschel en los colegios.
 
También escribió libros sobre escenas históricas de la Ciudad Blanca, de crítica del arte contemporáneo, sobre el inspirador creador del libro Coquito, Everardo Zapata. También escribe en La República “A vuela pluma”, edita la revista La Ciudad y su editorial del mismo nombre hizo posible algunos títulos. Eso, también, es ser ciudadano.
 
-Sin ser ofensivo, ¿Cómo le gustaría que lo recuerde? –le zampo la pregunta.
 
- No quisiera ser un recuerdo, sino quiera ser una presencia. Y esa presencia seguro estará en algunas obras. Mi presencia puede ser en cosas tan simples como el uso del sombrero que fue la primera llamada de atención, otra sería viendo que se conserva la campiña, otra presencia sería viendo de que es general el principio de los que significa ser ciudadano y ciudadana- responde el caballero y sobre todo el ciudadano del Centro Histórico.
 

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