El día que Arequipa celebró un título mundial

03 de Diciembre de 2017
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Piden no descuidar el Centro Histórico, ordenar el transporte, regular el uso de los espacios públicos, buscar salidas para no depredar la campiña, recuperar el patrimonio.

 

Por: Rossmery Puente De la Vega P.

Fotos: Miguel Zavala D.

 
Después de bañarse en la pileta de la plaza de Armas, el festejo continuó en el salón consistorial de la Municipalidad. Juan Manuel Guillén Benavides, entonces alcalde provincial, parecía el dueño de un equipo de fútbol que acababa de ser campeón nacional.
 
Arequipa había logrado el título de Ciudad Patrimonio Cultual de la Humanidad. Ocurrió el 02 de diciembre de 2000. El país estaba lleno de malas noticias. La dictadura de Alberto Fujimori se desmoronaba y ya los casos de corrupción empezaban a revelarse uno tras otro.
 
La noticia la esperaban desde Australia horas atrás, donde se reunía el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco. Guillén había convocado a su círculo cercano al segundo piso del Portal Municipal, para recibir la llamada del embajador de Perú. Al fin sonó el teléfono y era cerca de las cinco de la tarde.
 
En minutos todos estaban rodeando la pileta coronada por una estatuilla de bronce. El entusiasmo de las regidoras, Úrsula Gómez de La Torre, Nery Vásquez y la arquitecta Dora Guillén, contagiaba.
 
Hugo Yuen, asesor de Guillén, recuerda hoy que los periodistas hicieron que el alcalde se metiera a la pileta. A él alguien lo empujó, y terminó con saco, corbata, lentes, zapatos y celular empapados. Su celular Motorola siguió funcionando.
 
Comenta que Alonso Ruiz Rosas, entonces coordinador de las gestiones en París en Francia, sede de la Unesco, y el arquitecto Luis Maldonado tarareaban una marcha. Yuen dice fue la marcha fúnebre de Morán. Ruiz Rosas no recuerda que cantó, –pudo ser el himno– replicó, solo menciona la conversación con el embajador que dio la noticia. Días después la celebración oficial fue en el templo de la Compañía.
 
LARGO CAMINO
Antes del título una misión de la Unesco visitó la ciudad. Guillén recordó que les cautivó los monumentos del mercado San Camilo y el puente Fierro por las estructuras metálicas, y el color del convento de Santa Catalina.
 
Encontraron al natural al río Chili como parte de la ciudad. Recorrieron la campiña, Tiabaya, Sachaca y hasta el Huaico, pasando antes por Bellavista en Hunter donde se tomaron fotos con los manantiales. Lo único que recomendaron fue cambiar el riego por canales de los cultivos.
 
Guillén comenta de un plan integral ideado para rescatar el patrimonio de la ciudad, porque el “Centro Histórico estaba en un estado deplorable. Los monumentos y templos estaban en mal estado”. Una estrategia para tener el título.
 
Comenzó con un diagnóstico de la Superintendencia del Centro Histórico, creada en su gestión. En 1999, existían 4 mil 500 predios: 909 para vivienda, 733 actividades comerciales, 1402 usos combinados, 19 actividades industriales, 223 equipamiento y mil 214 diversos usos.
 
Atendieron la fachada del templo de la Compañía, colocaron una especie de grapas metálicas porque estaba separada del resto de la infraestructura, con apoyo de la Agencia Española Internacional. Recuperaron El Tambo y el deteriorado museo Municipal. Restauraron cúpulas y bóvedas de la Tercera Orden de San Francisco en el 2002 con apoyo de la Embajada de Francia. Intervinieron en los monasterios de Santa Teresa y Santa Rosa.
 
Enterraron cables de luz que lucían como una maraña en el cielo. Retiraron los carteles de locales y establecimientos. Colocaron drenaje pluvial para conducir el agua de las lluvias y no dañar las vías. Ampliaron las veredas de las calles San Francisco y Santa Catalina. Fijaron límites para los humos de los vehículos y el ruido. Crearon la planta de control de humos.
 
Guillén dice que ganar el título mundial fue una suma de esfuerzos. Hoy recuerda con especial aprecio a los arquitectos Gonzalo Olivares y Luis Maldonado. A Juan Guillermo Carpio Muñoz, la Unsa que aportó en la Superintendencia, las coordinaciones de Ruíz Rosas, y de todos los que apoyaron voluntariamente. Al año siguiente de obtener el título, 2001, el terremoto sacudió la tierra, y dañó la torre de la Catedral pero la recuperaron con apoyo del banco internacional.
 
CUIDADO DEL TÍTULO
Guillén observa con preocupación el incremento de vehículos que recorren el Centro Histórico que a su vez intensifica todos los riesgos de contaminación.
 
Sobre el cuidado de la campiña que cautivó a la Unesco, enfatizó que los responsables de la depredación de la campiña son los arequipeños, los migrantes se ubicaron en los conos de la ciudad.
 
Para Guillén la depredación es una suma de factores. La expansión urbana sin planificación. La falta de rentabilidad de los cultivos. Si los agricultores no reciben ingresos comienzan a vender sus terrenos o darle otro fin. “Como convertir la campiña en rentable es el secreto para no depredarla”, remarcó.
 
Consideró que el Ministerio de Agricultura junto a las autoridades deben establecer un programa para el cuidado de la campiña, que consiste en cambiar a cultivos rentables, y el sistema de riego.
 
Para recuperar las casonas en mal estado, un acuerdo entre propietarios y una entidad financiera que de créditos en condiciones especiales. Propuso que la casa de la calle San Francisco de propiedad de los dueños de Gloria sea recuperada y donada para albergar libros y objetos del Nobel Mario Vargas Llosa.
 
Del mal uso de los espacios públicos del Centro Histórico, consideró que hay una desconexión entre las autoridades y las organizaciones sociales reflejada en las marchas.  Recomendó recuperar esta relación. Consideró que la autoridad municipal debe controlar el uso de las plazas. La Superintendencia del Centro Histórico, que es autónoma, debe tener mayor participación decidiendo sobre estos y otros temas.
 
El poeta Ruiz Rosas, advierte que la ciudad está “descuidada”, por lo tanto, se necesita de una política sería, articulada de protección del Centro Histórico, donde las medidas no dependan del gusto del alcalde de turno. Y una reflexión colectiva para mantener el patrimonio.
 
Identificó zonas críticas, calles abandonadas desde el Puente Grau, entre Ayacucho y Villalba. El eje de Santa Teresa con Santa Catalina, o Villalba, Cruz Verde, y Palacio Viejo. El ingreso de vehículos de transporte pesado, el centro convertido en paraderos, el exceso de vehículos, la contaminación de las pollerías. Caso contrario, será la ruina del Centro Histórico”, enfatizó al sostener que el plan propuesto por Guillén no tuvo continuidad.
 
¿Por qué la gente no se compromete con el Centro Histórico?, Yuen, evoca la opinión de un académico chileno que visitó Arequipa. La ciudad le gustó, pero parecía que la clase gobernante abandonó la ciudad a su suerte, dejándola a la deriva. “Una ciudad cuyos dirigentes renuncian a su misión histórica de liderar su ciudad”, apuntó. 
 
“Arequipa es, mal que bien, el resultado histórico de la acción o inacción de todos los nacidos y avecindados en estas tierras. Es la herencia y el reflejo de lo que fuimos, de lo que somos, de que colectivamente deseamos llegar a ser”.
 
Cuando Guillén camina por la calle San Francisco lo conduce a sus recuerdos de infancia. Advierte a su paso los cambios del Centro Histórico y las tareas pendientes para que Arequipa continúe celebrando el título mundial.
 
El empeño lo inició Fernando Ramírez Alfaro.
 
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