El espíritu de las tablas

18 de Junio de 2017
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Mauricio Rodríguez – Camargo es ocurrente. Nicole Vizcarra Bellina, extrovertida. Mauricio nació el 27 de septiembre de 1992. Nicole el 7 de junio de 1997. Él, estudiante de Educación, ella, de Derecho. Nacieron en lugares y a una hora diferentes, con vidas y personas heterogéneas.

 
 
Por: Roy Cobarrubia V.
 
En el escenario, cuando baja el telón, parecen dos que se conocieron siempre, dos que aprendieron con las miradas a entender lo del otro. Magia, pasión, alegría, tristeza. El teatro une a la gente, junta a las personas en un camino, un sendero del que nunca se suele salir. 
 
Ambos, estudiantes de la Universidad Católica San Pablo (UCSP) se han transformado en otras personas, han cambiado sus rostros, su imagen, por 60, por 120 minutos en una obra, en cada obra en la que han participado, y al final de todo, se han preguntado, ¿cómo es que llegamos a conocernos? 
 
Los aplausos suelen sonar con un plash, plash, los yo quiero ser actor, de los niños en constante, las lágrimas, los suspiros, los pensamientos más puros e impuros generados en el público son su alegría. Jugar a ser otro, reír, buscarle sentido a los objetos. Mauricio fue el chico que llegó al teatro de casualidad, fue el jovencito que se enamoró del arte por destino. Nicole, estuvo predestinada a no actuar y a quedarse con el guion en la mano y en la cabeza. Sus intentos fallidos de actuación se quedaron en el recuerdo de contingencias y sucesos que le impidieron que sobresaliera. 
 
Una, intentaba ser actriz, el otro, dibujaba en clase, actuaba y era constantemente reprendido por sus docentes. “Mau, basta, ¿qué haces? ¿Comics? ¿Historias?, eso no te llevará a ningún lado”, siempre reprendido. Nicole, con el guion y los crespos hechos, “Ricitos de oro y los tres ositos”, la obra teatral que nunca interpretó y el apodo que se le quedó para siempre “Ricitos de oro”.  El teatro, un ambiente de madera, de telas amplias, una ventana a miradas juiciosas, un portal a los sentimientos de las personas. 
 
El teatro, un lugar de cosas, de vasos, de estantes, de plumas, de bancos, de ollas, de nervios, de esfuerzo, de glorias. Calderón de la Barca, 2014, “El alcalde de Zalamea”. Un saludo, un encuentro entre un joven actor y una jovencita que nunca, hasta ese entonces había actuado. El éxito, el gusto por actuar. Mauricio: “El teatro es jugar, contar una historia, es disfrutar de las pequeñas cosas del teatro que no son teatro”. Nicole: “El teatro, es un mundo ancho y no ajeno, un lugar en donde se le puede dar vida a los retratos”. Actuar, es un momento especial, como el amor, como el momento más íntimo, como el momento más sensual, vivir, morir y volver a vivir. 
 
¿Cómo crear un personaje?, Nicole lee libros, fotos, retratos, da un poco de sus sentimientos, de sus miedos, de sus deseos, de sus travesuras, de su maldad. Se mira frente al espejo y juega con ella misma; triste, alegre, mala, socarrona, sensual, maléfica, calculadora. Mauricio, observa a la gente, escucha sus susurros, sus gritos, sus expresiones, se sienta en la calle como un Da Vinci y roba las expresiones de las personas. Observa a los animales y copia sus movimientos, pasos lentos, lerdos, rápidos, irónicos, burlones, temerosos, miradas de furia y acciones instintivas. El tiempo y el teatro, ambos aprendieron a estudiar, trabajar, hacer sus prácticas profesionales de carrera universitaria, almuerzos y cenas improvisadas, estudiar, estudio, ensayo, ensayo, estudio. 
 
Nicole: “Como una canción con estribillo, ¿no?, te acostumbras, cuando algo te gusta, el tiempo no es impedimento”. Mauricio: “El teatro es mi trabajo y mi prioridad, el estudio es algo que me gusta, la Educación un complemento, tiempo, nunca hay tiempo libre pero siempre hay tiempo para estar ocupado”.
 
“El teatro es la gran farsa  de las verdades”, “la gente no va al teatro simplemente porque no está dentro de la cultura popular”, frases aprendidas en el camino, verdades aprendidas, aplausos que nunca se escucharon. Los padres de Nicole dicen no estar muy de acuerdo en que haya aprendido a actuar, pero van, llenan el teatro y celebran cada vez que obtiene un papel. Si supieran que la futura abogada, gracias a su dramatismo familiar, decidió no dejar de actuar nunca. La abuela de Mauricio y el clavo en la pared que nunca verá ocupado por un título de abogado. Su madre apoyando al hijo que decidió dejar la carrera de abogacía para ser docente y actor a la vez. Si supiera que la prioridad de Mauricio es solo actuar.
 
Nicole, menuda, efusiva, hermosa, cabellos rizos, mala, buena, calculadora, piadosa, una actriz con talento, 20 años de edad. Mauricio, delgado, barba, soñador, un hombre nacido para vivir y morir en el teatro, buen parecido, cabello negro, 24 años de edad. ¿El teatro alguna vez morirá?, morirá el día en que los actores desaparezcan. El día en el que la gente deje de emocionarse con un llanto fingido en las tablas, con un beso de ficción pero eterno. 
 
Seguramente, dicen estas jóvenes promesas del teatro, el arte morirá cuando la humanidad deje de tener esperanza. El fin no está cerca. Actuar, según dicen, es y seguirá siendo un mundo en donde se aprende a expresar las emociones, a comunicar con todo el cuerpo, a reír y aprender cómo y en qué consiste la vida, la vida que es un gran telón que siempre tiene nuevas escenas y personajes.
 

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