El hombre que habla (y da justicia) con las manos

07 de Enero de 2018
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Tito Marcelo Guillén Cáceres tiene 63 años y es uno de los intérpretes de señas más capacitados de la Ciudad Blanca. Es buscado por jueces y fiscales para traducir y ayudar a esclarecer algunos casos donde las víctimas son personas con problemas de lenguaje.

 
Por: Lino Mamani A.
El primer recuerdo de su niñez es la burla. Un salón de clases. Él sentado adelante. Sus compañeros alrededor. El profesor hablando para otros, menos para él. Es mirado con recelo, puede leer en los labios de sus compañeros los insultos hirientes en su contra. Él relegado a estar casi siempre solo, mientras el resto juega y comparte en unidad. El colegio es el primer lugar de malicioso juzgamiento.
- He sido marginado, estuve como un animalito prácticamente tratando de sobrevivir –dice ahora Tito Marcelo Guillén Cáceres, a sus 63 años recién cumplidos, al evocar esos momentos de escolar.
 
Nació con agenesia de conducto auditivo severa, un mal que le provocó sordera al no desarrollar con normalidad el pabellón auricular. Las estadísticas dicen que Tito fue uno de cada 10 mil niños que nacen con esta malformación. Pero él persistió en no dejarse apabullar por las miradas negativas, y supo pulir su habilidad de leer los labios, el lenguaje de señas y poco a poco a escribir y hablar correctamente las palabras. Por lo general, los sordos tienen deficiencias de lectoescritura.
 
“Un sordo que habla”, le dicen algunos. Otros no creen que verdaderamente tenga discapacidad auditiva porque habla fluidamente. Tito simplemente atina a mirarlos y esta vez, como si cobrara una revancha, se burla internamente, como diciéndoles a los que lo hacían, que ha ganado.
 
Tito Guillén Cáceres pasó de víctima a justiciero.  Hace dos años fue incorporado por la Corte Superior de Justicia y el Ministerio Público de Arequipa para colaborar de intérprete  de señas en casos donde estén involucradas personas con discapacidad auditiva.
 
Un día, un señor fue denunciado por presuntamente realizarle tocamientos indebidos a una niña que no supera los 10 años de edad. La presunta  víctima había hecho con sus manos unos gestos con los que sus padres asumieron que estaba contando lo que el sujeto le hizo. Don Tito fue llamado para hablar con la niña. La pequeña no sabía hablar ni conocía el lenguaje de señas, complicando la misión. Se le ocurrió que dibujase lo que había ocurrido. Entonces, la menor dibujó un sube y baja, el objeto del parque al que se estaba refiriendo desde un inicio, pero que pocos la entendían. De no ser por su apoyo, un inocente hubiese sufrido una condena. En otro momento, un adolescente participó en un robo, inducido por sus amigos. El joven quiso aceptar el hecho pero no le entendían, refería contar que su familia lo marginaba. Ayudó a denunciar a padres que abusaban de sus hijos sordos o mudos. Ser un justiciero ahora, fue para Tito un gran sacrificio ayer.
 
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A veces, a don Tito lo suelen ver pegando la oreja a los altoparlantes. Así era como podía escuchar alguna música o conferencias de capacitación de defensa de los derechos de las personas con discapacidad. Fue presidente de la Asociación de Sordos de Arequipa y tenía que estar a la vanguardia.
 
Ahora el hombre que habla con las manos lleva audífonos de conducción ósea, dispositivo que se contacta directamente con el hueso mastoides ubicado detrás de la oreja, para estimular directamente el oído y facilitarle la escucha.  El aparato le fue donado, de otra manera le hubiese sido difícil conseguir los más de mil dólares para adquirirlo.
 
Los audífonos mejoraron su forma de contactarse con el resto. “Si no entiendo una palabra, les pregunto sin miedo y voy aprendiendo un poquito más”, refiere ahora reposando en una de las bancas de la sede central de la Corte de Justicia, donde horas antes entró en acción y sorprendió a muchos.
 
Era el inicio del año escolar y él, detrás del presidente de la Corte, Eloy Zamalloa, traducía al lenguaje de señas el discurso para que lo entendiesen los estudiantes con alguna discapacidad del CEBA Polivalente, que estuvieron presentes. El momento más emotivo fue cuando con las señas entonaron el himno de Arequipa, con los tiempos respectivos, como si fuese el maestro de una orquesta sinfónica.
 
Intérpretes de señas hay pocos en Arequipa. Solamente superan alrededor de 30, para una población con discapacidad auditiva de más de 30 mil personas en la región. La norma establece que todas las instituciones públicas o privadas que brinden servicios públicos deben contar con intérpretes de la lengua de señas (Ley Nº 29973). La realidad demuestra que pocos acatan dicha orden. 
 
“Todos somos iguales ante la ley. No se trata de marginarlo, sino de incorporarlo”, refiere Tito enfatizando con señas sus palabras, como si estuviese traduciendo sus palabras para otros.
 
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La discapacidad no es un limitante. Thomas Alva Edison quedó sordo tras salvar a un niño de ser atropellado por un tren. Fue conocido como uno de los inventores más fructuosos de la historia, creador del fonógrafo, la bombilla, el telégrafo, las baterías recargables, entre otros. Ludwig Van Beethoven compuso las nueve sinfonías de sordo. En Arequipa, muchos de los que tienen estos inconvenientes tratan de llevar su vida con normalidad.
 
Tito Guillén Cáceres quiere seguir apoyando en darles mejor calidad de vida. Espera con ansias que en la Corte de Justicia se incorpore el manual de términos jurídicos en lengua de señas y que haya abogados de oficio que también sepan este lenguaje para mayor facilidad de los sordos.
 
Mientras espera se encaminen estas ideas, Tito sigue perfeccionando su caligrafía, la fluidez de sus manos con el discurso del interlocutor y espera la llamada telefónica de un magistrado o fiscal, que lo convoque a entrar en acción. Tito, el hombre que antes se escondía en las carpetas, ahora quiere ser visible ante todos, porque no tiene nada de qué temer, pero sí mucho que enseñar.
 
- He intentado averiguar de dónde me vino la sordera. El médico me dijo que es genético pero en mi familia soy el único. Creo que inauguré, porque en el Polivalente veo a otros con la oreja como la mía – dice riéndose de su oreja. Tito quiere que lo escuchen.
 
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