El paisajista de jardines en miniatura

04 de Febrero de 2018
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La armonía entre la naturaleza y la creación del hombre representando en hermosos paisajes en miniatura está cimentada en milenios de una cultura asiática que ha echado raíces en civilizaciones de todo el mundo, incluida la nuestra.

 
Por: Mariela Zuni M. 
 
El penjing es la manifestación artística que requiere de paciencia y años de aprendizaje constante sobre la vida. La pieza protagonista es el bonsái, la creación de una escultura viviente en pequeñas proporciones, fundida con otros materiales de la naturaleza.
 
Es una técnica que dio origen al bonsái. El penjing busca recrear paisajes en miniatura con la finalidad de obtener un trozo de naturaleza para contemplar. Esta técnica resume muy bien la filosofía de la cultura China sobre su visión del hábitat y el mundo que los rodea, dando como resultados hermosas obras de arte que son la culminación de la horticultura tradicional China. 
 
Raúl Carbajal Portugal lo sabe muy bien y su relación con este arte se remonta a hace 25 años, cuando su curiosidad lo llevó a aprender desde cero como cultivar los arbustos silvestres en pequeñas macetas de arcilla y cerámica.
 
Fue un molle serrano su primera creación. Lo moldeó con amor como a un hijo. Podó sus raíces para que tuvieran el tamaño necesario. Trenzó sus ramas para proporcionarle la forma correcta. De esta forma entabló una estrecha relación con la naturaleza.
 
Aunque no tienen antepasados asiáticos, el gusto por los jardines japoneses lo llevó a explorar múltiples alternativas de decoración y técnicas para su elaboración. Desde el uso de rocas naturales, troncos, raíces secas y hasta huesos de aves costeras.
 
Este hombre suele internarse en los desiertos arequipeños por extensas horas para encontrar una pieza potencial que pueda emplear en uno de sus jardines en miniatura. Aunque confiesa que los últimos años la urbanización abrumadora de los espacios naturales le ha quitado gran parte de su preciada materia prima.
 
Curioso, el arquitecto empírico, fusionó la piedra con arena, agregados y cemento para confeccionar unas caprichosas formaciones rocosas. Así elevó hermosos castillos similares al de Minas Tirith de la trilogía Señor de Los Anillos.
 
Su pasión por el cultivo de los bonsái se fusionó con las creativas formas de arena y roca. Así combinadas sus dos creaciones logró paisajes naturales impresionantes a pequeña escala, armonizados con el flujo del agua y la densa niebla, que proporciona un pequeño sistema de bombeo que él mismo acopló para sus obras.
 
“El pescador de hombres” es una de sus piezas más representativas. Llamado así en homenaje al pasaje bíblico Mt., 4.19 “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Es un trabajo en penjing, decorado con un imponente ciprés de más de 10 años de vida.
 
La espiritualidad de Raúl, crece en cada uno de sus bonsái, unos cincuenta desde que inició su cultivo. Aunque por necesidad tuvo la difícil decisión de despojarse de algunas piezas, sin embargo las remplaza por nuevos retoños.
 
“Son años de dedicación y por eso logras una relación profunda con estos seres vivientes. Separarte es muy difícil. Son como mis hijos”, manifestó.
 
Su arbusto preferido para cultivar los bonsái es el molle arequipeño, de raíces fuertes. Tiene también higueras, molle costero, chifleras, ciprés, e incluso hiedras trabajadas por años para lograr que crezcan como cualquier árbol silvestre, pero a pequeña escala.
 
Una buena poda, alambrado para dar molde a las ramas, abono de buena calidad y mucha paciencia son las herramientas fundamentales para tener un maravilloso bonsái. Algunos tardan años en perfeccionarse, mientras otros se forman rápidamente y viven por mucho tiempo.
 
Los trabajos de Raúl se cotizan entre los 25 a más de 600 soles, dependiendo del tamaño y la composición de las piezas. Todas son obras únicas. Desde jardines japoneses, fuentes de agua, cascadas, y trabajos en penjing. 
 
Los jardines en miniatura son una propuesta muy interesante para el diseño de interiores en la actualidad. Muchos hogares no cuentan con espacios suficientes donde cultivar flores y árboles, principalmente en los reducidos departamentos.
 
Por esta razón, los trabajos en la técnica del arte asiático tienen un gran auge, ya que puede representar la naturaleza en su mayor esplendor contenida en una pequeña fuente de cerámica.
 
La esencia de los mini paisajes en Bonsái es plasmar el cambio de estaciones o traer un sugerente panorama de la montaña o el llano a cualquier hogar. Son pocas las veces en que se puede apreciar la copa del árbol desde arriba; sin embargo, con los arbolitos en miniatura puedes contemplarla sin inconvenientes.
 
En este arte se emplean figuras de acompañamiento. Son miniaturas de escultura tallados en madera, marfil, metal, conchas marinas y hueso. Tradicionalmente, representan figuras mitológicas, animales, dioses y figuras humanas.
 
La alternativa que ofrece el artista arequipeño es armonizar el hogar con la pintura de un paisaje viviente. Disfrutar del crecimiento de un molle serrano, sobre una pequeña montaña de roca. Un edén chiquito que de felicidad a cualquiera que lo contemple.
 
 
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