Honorio Delgado: hospital y albergue

12 de Marzo de 2017
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Al mes, en el nosocomio más importante del Sur, alrededor de 15 enfermos son abandonados a su suerte en las áreas de Medicina, Pediatría, hemodiálisis y psiquiatría.

 

El hospital ha tomado la política de albergarlos y atenderlos por tiempo indefinido, hasta que algún familiar se acerque a asumir su responsabilidad. Así, por ejemplo, en el área medicina varones hay tres que viven bajo el cuidado médicos y enfermeras hace tres años

 
 
Por: Elizabeth Huanca U. 
 
Fidel Ilaquita Quispe (56) vive hace tres años en la cama 234- B del área de Medicina Varones, ubicado en el segundo piso del hospital regional Honorio Delgado. Fue dado de alta hace varios meses, pero no puede irse. Está solo y no tiene parientes que quieran hacerse cargo de él. 
 
Los médicos, enfermeras, técnicos son la única familia que él reconoce. 
 
Fidel no recuerda la fecha exacta en la que llegó al nosocomio, solo sabe que fue a fines de 2014. Él trabajaba como obrero de construcción civil en un techamiento en Pachacútec, cuando cayó accidentalmente desde el segundo piso, quedando mal herido. 
 
El varón, natural de Juliaca, no sabe qué pasó después. “Desperté después de un mes y no podía mover la mitad de mi cuerpo, era como si me hubieran puesto una soga que me impedía levantarme”, cuenta mientras permanece recostado en la cama del hospital. A su costado hay una silla de ruedas, donada por miembros de una iglesia, que por el momento, es lo único que le tiene en la vida.
 
Luce triste y pálido, y es que, a sus parientes ni el sol hace varios meses; está delgado, pero lleno de esperanzas. Quiere dejar el hospital caminando, para empezar a trabajar nuevamente. 
 
Sin embargo, su diagnóstico no es bueno, la caída le provocó una lesión en la columna que es irreversible. Él no volverá a caminar, pero el varón se aferra a la posibilidad que eso pasará algún día. La soledad no lo asusta, la enfermedad, sí.   
 
Maruja Peralta Carrillo, la asistente social que labora en el piso donde “vive” Fidel, cuenta que pese a que el varón ya se encuentra en condiciones adecuadas para salir del hospital, no pueden dejarlo ir. 
 
“Mientras no haya un familiar que venga a llevárselo y se haga responsable de él, él permanecerá acá, en calidad de depósito”, afirma. Con este término son denominados los pacientes en extrema pobreza que son abandonados por su familia cuando se encuentran internados. 
 
Al mes, el hospital, registra alrededor de 15 pacientes en una situación similar a la Fidel, de este grupo, al menos dos son dejados a su suerte en el área de Pediatría. 
 
Peralta explica que para estos casos, las asistentas sociales deben hacer labor de investigadoras. Primero, cuando el paciente es NN, hacen contacto con el Reniec para sacar el documento y asegurar la atención de los pacientes a través del Sistema Integral de Salud (SIS).
 
 Luego buscan a la familia, solo si ellos acceden llevarse al paciente y asegurar su atención, son dados de alta oficialmente, de lo contrario, la estadía continuará.
 
Esta es una política que el nosocomio regional ha adoptado para asegurar la calidad de vida de los pacientes como Fidel, que tienen serias limitaciones. El hospital, asume sus gastos y su atención; lo convierte en una suerte de inquilino permanente. 
 
Maruja Peralta lamenta que no haya albergues disponibles en la ciudad para estos pacientes que requieren de cuidado especial. 
 
CON FAMILIA, SIN FAMILIA
Fidel no es casado ni tiene hijos, pero sí cinco hermanos que viven en Juliaca y a los que dejó de ver con frecuencia, hace 30 años, cuando decidió abandonar el hogar para hacerse de un destino mejor en la Ciudad Blanca. 
 
Algunos de ellos, han venido a verlo, pero no han tomado la decisión de llevárselo, debido a que tienen parejas y vástagos que mantener. Fidel, justifica su decisión con gran melancolía.
 
“Es triste ver que la familia no quiere llevarse a su paciente, ni asumir sus gastos nunca entenderé ¿por qué abandonan a sus enfermos?”, dice en tono molesto doña Maruja. 
 
Ella trabaja hace un año en este hospital, antes lo hizo en el nosocomio María Auxiliadora de Lima. “Allí, apenas te daban de alta tenías que irte, nadie se preocupaba si estabas solo, quien asumiría tus gastos, nada”, comenta. 
 
Recuerda, que por humanidad, los propios médicos, algunas instituciones benéficas y ella misma, donan dinero para pagar los taxis, los pasaje interprovinciales y algunos gastos de los pacientes “sin familia”, cuando al fin dejan el hospital. "El apoyo emocional durante la enfermedad es fundamental”, agrega. 
 
A SU SUERTE
Dos camas más allá de donde está Fidel, Julián Huanca Mamani (73), permanece profundamente dormido. El anciano llegó el 2 de febrero pasado en calidad de NN. Fue recogido por el serenazgo que lo halló inconsciente en la vía pública, bajo un cuadro severo de alcohol. 
 
Peralta cuenta que en este caso, y pese a que ya pasó más de un mes de su internamiento, ningún familiar se ha acercado al hospital para hacerse cargo de él. El hospital, a través del SIS, corre con los gastos del anciano, cuyo diagnóstico es neumonía intrahospitalaria e infección urinaria. 
 
De la investigación hecha, se sabe que el varón, es natural de Huancané (Puno), aunque según datos de la Reniec este vivía en la urbanización 15 de agosto en Paucarpata. La trabajadora social llegó hasta este domicilio, donde nadie reconoce ser familiar del paciente. Su único hogar, en la actualidad es la cama 222- C. 
 
Hugo Aching Weninger, de 44 años, también reside en este mismo ambiente desde el 12 de setiembre de 2016. El paciente es sordo mudo y oxígeno dependiente debido a un cuadro de insuficiencia respiratoria crónica. 
 
Su hermana, Rocío Aching lo llevó al hospital y de vez en cuando lo va a visitar, pero no se quiere hacer cargo de él. Aparentemente, ambos llegaron a la ciudad desde Iquitos, para trabajar cuando Hugo cayó enfermo. 
 
Los médicos residentes cuentan que Hugo tiene hijos y esposa, que también han venido a visitarlo, pero “cuando les hablamos que le vamos a dar de alta, desaparecen”, narran indignados. 
 
INSOLVENTES      
Mientras recorremos las instalaciones de Medicina Varones, Peralta recibe cuatro recetas de pacientes “sin familia” de este piso, que debe declarar insolventes (sin recursos) para que el SIS asuma los gastos. Ella sale presurosa para hacer el trámite, de lo contrario la vida de los pacientes “pobres y solos” podría correr riesgo. 
 
Sin embargo, no siempre se puede ayudar a los enfermos abandonados. Hay pacientes cuyos medicamentos no pueden ser cubiertos por el SIS y deben ser adquiridos afuera. “Cuando se puede hacemos la colecta y se compra, cuando no, lamentablemente el medicamento no llega y el paciente muere; es triste pero no podemos hacer más”, confiesa un médico residente. 
 
En el área de Medicina Varones, se ve hombres desvalidos y vulnerados por la enfermedad. La ayuda social y donaciones, generalmente no llegan aquí por la idea que se tiene de que "ellos no necesitan nada". 
 
Al mes, aquí se registran aproximadamente siete de los 15 casos de enfermos "sin familia" del hospital. Otras áreas donde el drama se repite son Psiquiatría, Pediatría y Hemodiálisis.
 
Minutos antes de irme, un joven de 25 años, aproximadamente, es internado en uno de los cuartos de este ambiente. Llegó como NN varios días atrás y estuvo internado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) con el diagnóstico de (TEC) Grave. Su destino es incierto. Las trabajadoras sociales, empezarán y los médicos, empezarán a hacer su labor.  
 

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