La vida de noticia de Carlos Meneses

01 de Octubre de 2017
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Hoy es el Día del Periodista y es necesario mirar hacia adentro y resaltar la trayectoria del destacado periodista Carlos Meneses Cornejo, quien dirige este periódico. Desde niño empezó a interesarse por las letras.

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Por: Lino Mamani A.

Fotos: Adrian Quicaño P.

 
Van a ser las 5:00 de la tarde y el estridente sonido de la calle se extingue al cruzar la puerta de madera de la casona histórica de la calle Melgar. Gitana, su mascota, me escuda mientras reconoce mi olor, como tratando de identificar en qué plan visito a su dueño.
 
Y entonces ahí está, en su amplia habitación, recostado en su antigua cama con dosel, mientras termina de leer los periódicos del día, iluminado solo por una lámpara. “¡Qué tal pué!”, dice don Carlos Meneses, quien la mayor parte de su tiempo la pasa en su casa y en la redacción de El Pueblo, este diario que dirige hace más de 11 años.
 
Liderar un periódico no le fue sencillo. Durante la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado tuvo que enfrentarse a la censura de medios de comunicación. Era 1974 y los ataques del Gobierno eran cada vez más frecuentes. Un grupo de soldados ingresó a radio Universidad para tumbarse la antena. Esto exasperó a Meneses, quien por aquel entonces dirigía diario Correo, sintiendo la necesidad de escribir un editorial en el cual refería que se mordía los labios por la indignación y la imposibilidad de gritarlo. Su escrito motivó que lo citaran con frecuencia a la comandancia del Ejército. Le insultaban y le anunciaron que iban a mandar un militar para prohibir las publicaciones que no debieran salir.
 
–¡Entonces, esa parte del periódico sale en blanco!–respondió. La única manera de defenderse era haciendo una protesta contra esta forma de callar la libertad de expresión. Pero tras la resistencia, el 27 de julio de 1984, ordenaron su apresamiento y le obligaron a entregar el periódico.
 
Al ser botado, Meneses caminó hasta su casa con la frente en alto y rodeado por canillitas con quienes cantaba a voz unísona el Himno Nacional “¡Somos libres, seámoslo siempre!”.
 
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Carlos Meneses (padre) tenía la costumbre de escribir en una libreta los hechos más importantes de su familia. En este documento, consignó que el 28 de marzo de 1936 nació su único hijo varón a quien llamaría José Carlos Andrés Meneses Cornejo y Meneses.
 
Meneses Cornejo, el periodista, nació en el dormitorio de sus padres, que ahora es llamado “salón de las artes”. Fue atendido por la partera Miss Pitcher, quien 10 horas antes había asistido a Dora Llosa para que diera a luz a Mario Vargas Llosa, el escritor arequipeño más exitoso del Perú. Cada vez que suelen encontrarse, de cariño se llaman “hermanos de tiempo”.
 
Su abuelo Andrés Meneses Pino, en 1870, adquiere la casa que ahora luce con orgullo. Meneses Pino fue un destacado abogado, médico y teólogo, quien por herencia recibió de su padre (Melchor Meneses) cinco vacas y un caballo que estaban en la vivienda de Tiabaya, a nueve kilómetros de la Plaza Mayor. 
 
Su antepasado no era un hombre rico, pero empezó a ostentar mayor dinero debido a su labor profesional. Así compró la vivienda que le pertenecía a un amigo que le debía dinero y por el cual tuvo que adicionar el monto restante. Carlos Meneses nunca conoció a su abuelo, pero creció acostumbrándose a vivir entre patios grandes y habitaciones extensas, rodeado de cosas del pasado y donde armaba su batallón de juguete.
 
Nunca fue aficionado al deporte -aunque a veces pateaba pelotas hechas de pantis- lo suyo era jugar a la guerra y la rayuela. Sobre la alfombra armaba dos bandos de soldados de plomo y usando canicas se retaba a él mismo a tumbar al enemigo. Como un general, fue ordenando su destino al periodismo, luchando contra la tradición familiar de letrados y políticos.
 
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Don Carlos Meneses tiene una memoria prodigiosa para recordar fechas y hechos a detalle. Recordar, por ejemplo, el primer soplo con el periodismo. Fue mientras finalizaba la primaria en el colegio San Francisco de Asís, donde creó junto con otro compañero de apellido Franco, el periódico escolar Zeppelin. 
 
También el primer enfrentamiento que tuvo que librar por la defensa de la democracia. El reverendo padre Pacífico Zegarra había colocado cero en Religión a los 45 alumnos de su salón por no haber rendido el examen. Meneses protestó por la injusticia, al notar que su ausencia se debió a que estuvieron presentes en una actuación en homenaje a Grau. Sus reclamos fueron escuchados por la Intendencia de Educación, que obligó a rendir examen. El cura director del plantel, lo llamó y le dijo: 
 
-Ganaste, pero te debo avisar que no te voy a expulsar, pero al próximo año no hay vacante para ti en este colegio –recuerda el periodista. Su madre tuvo que interceder con el director espiritual Fernando Vargas, quien luego sería arzobispo, para que lo aceptaran en un colegio jesuita. 
 
Don Carlos Meneses años después de terminar el colegio, tendría su siguiente roce con una redacción. En 1954, empezó a escribir una columna sobre cine y radio en el diario El Pueblo de entonces. La música era una de sus pasiones, sobre todo el mambo y salsa, como la Sonora Ponceña. 
 
Dos años más tarde se enamoraría del periodismo. Era un estudiante de Derecho, pero le ganó su instinto cuando su maestro, Samuel Lozada, lo invita a seguir escribiendo las columnas en el diario La Prensa. Ahí empezó a escribir notas y a adquirir el apelativo de Karkome. Después pasó a redactar noticias internacionales en El Deber, luego al Correo, donde entró como redactor pero ascendió a director por cuatro años desde 1970, después de un paso político dirigió Arequipa Al Día y luego al decano del sur. 
 
“¿Por qué me hice periodista? Antecedentes de derecho tenía y de político también, pero no de periodismo. Creo que un poco se nace periodista. Una característica del periodista que no se puede enseñar es ser observador y mi madre era modelo de observación, cuando caminaba veía todo, si las plantas secas, descuidadas, blanca o menos blanca. Ahí nació mi curiosidad”, reflexiona.
 
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Tiene 81 años y sus pasos son cada vez más lerdos. En la calle, siempre hay quienes le saludan y no se resiste a hablar con ellos, especialmente a los jóvenes. Es el cariño a un hijo que nunca pudo tener, aunque a sus alumnos, periodistas que formó, los considera como sus vástagos adoptados. Los reconocimientos que le hicieron son innumerables aunque nunca le agradaron. El primero que rechazó fue cuando laboraba como relacionista público en La Comercial, tienda de artefactos de propiedad de Ulrich Neisser, alcalde de la ciudad.
 
Antes de dejar la municipalidad Arequipa, Neisser quería condecorarlo por su labor. Pero Meneses no acudió. Al retornar a casa, su padre le entregó ese diploma. Es el único reconocimiento que conserva, por el acto caballeroso del exalcalde de llevarlo hasta su casa.
 
“Todos los diplomas que me han dado en la vida no han servido para nada”, refiere mientras cuenta que en otra ocasión rechazó recibir la medalla del Congreso cuando la presidía Ana María Solórzano. “Agradecí el gesto, pero les dije que tengo el máximo galardón de un periodista arequipeño: el cariño y respeto de la gente”.
 
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Luego de la dictadura militar de Velasco, Meneses ingresó al ruedo político. En 1980, durante su segundo gobierno Fernando Belaúnde Terry lo designó como presidente de la Corporación por el Desarrollo de Arequipa (Cordea). Cargo que le permitió dar un ejemplo de honestidad, que tanto falta a los políticos.
 
Carlos Meneses Cornejo logró que el presidente Belaúnde aprobara financiar la renovación de la infraestructura y tecnología de los hospitales Honorio Delgado, Mollendo, Camaná y Aplao. La organización Phillips iba a encargarse de ello, pero ya el contrato estaba por finiquitarse, los ejecutivos le dijeron que solo faltaba que les dijera en qué país, en qué banco y moneda quería recibir la “comisión” por estas compras.
 
Lo rechazó de plano, aunque los empresarios insistieron. Entonces, propuso que en ese caso el monto le descuenten al pago final del proyecto, no quisieron. Les pidió que con ello financien otros equipos o repuestos, se negaron. Querían darle a él. Entonces, Meneses habló con el directorio de la Cordea, pero le dijeron “a qué vienes con ese chiste acá eso te lo darán a ti”.
 
Meneses no podía dormir, así que tuvo que viajar a Lima para responder a la empresa que no iba a aceptar ese dinero a pesar que la compañía quería condicionar la ejecución. Valió más su honor. Cuando le contó lo hecho, Belaúnde se levantó y estrechó su mano y le dijo: “Estoy muy orgulloso de usted”. 
 
-Desde ahí, nadie vino a tocarme la puerta a ofrecerme coimas –refiere.
 
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Carga 63 años como periodista y no le pesan. Ha pasado por diferentes etapas y fue clave para la solución de algunos. “El día que deje de caminar, ese día dejaré de ser periodista”, dijo alguna vez y su frase retumba en quienes lo escucharon. “A esta edad un año más es un año menos”, afirma con esa forma de hablar, como si leyera un libro. Aunque sus dotes de orador se perdían cuando tenía que cortejar a una dama. 
 
La primera vez que se enamoró fue de Emilia Valenzuela, la primera reportera mujer de Arequipa que laboraba en El Deber. Su timidez no le permitió declarar su amor, y cuando lo hizo ella lo rechazó. Desde entonces temía declarar su amor por no perder a las chicas que le gustaban. A Imelda Málaga, su esposa, le dio un beso sorpresivo para reemplazar las palabras que pudo proferir aquel día para pedirle que sea su compañera de vida.
 
-¿Aún la extraña?
 
-Siempre se extraña lo que se ha querido.
 
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