La visita del Papa Santo que a 33 años no se olvida

07 de Enero de 2018
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Están cerca de cumplirse 33 años desde que un Papa, ahora Santo Juan Pablo II, pisara tierra peruana y tierra arequipeña, siendo uno de los mayores acontecimientos de esos años, como  seguramente estará ocurriendo en las tres ciudades a donde llegará el primado de la iglesia católica en el mundo, papa Francisco.

 

Por: Roxana Ortiz A.

 
Son circunstancias completamente diferentes. Si hace más de tres décadas había alguien que se opusiera a dicha visita, no era nadie, porque simplemente no daba a conocer su opinión, debido a que  el resto lo hubiera ignorado –en el mejor de los casos- o era considerado el peor hereje del mundo.
 
Las circunstancias ahora son distintas, gracias a que los ciudadanos tienen acceso a las redes  sociales, por las  cuales  pueden opinar lo que deseen y desde que se anunció la visita del Sumo Pontífice, han circulado mensajes abiertamente contrarios a su llegada, justificados muchos por  una “innecesaria” millonaria inversión  que hará el gobierno peruano en la organización de dicho evento y que bien podrían ser utilizados en atender muchas necesidades de la población.
 
Según la experiencia de otros países que ya han  tenido la visita anteriormente como Colombia, la inversión que pueda hacer el Estado, se ha visto multiplicado hasta tres veces  por  todo el movimiento económico que genera dicha  visita, favoreciendo especialmente a cada comunidad  o ciudad a la que acudió. Fieles de todo el país y del extranjero irán y consumirán lo que allí se ofrecerá. De Arequipa, oficialmente registrados a través de las iglesias, irán más de cinco mil, mucha gente lo hará por su lado.
 
La organización se está esmerando  en brindar la mayor  seguridad en las tres ciudades elegidas por la Santa Sede: Lima, Trujillo y Puerto Maldonado, esta vez con el apoyo de una mayor tecnología. Se están entregando tickets a las personas que se inscriban  a través de una página de internet para que ingresen a los recintos de manera ordenada. Solo en la base de Las Palmas, en Lima, se calcula la asistencia de un millón de personas.
 
En Arequipa se estimó que en la visita que hizo el papa Juan Pablo II, participaron unas 300 mil personas que se congregaron en la explanada donde hoy está el estadio de la Unsa. Se había dispuesto como ahora, un área para invitados, entre autoridades y miembros de la iglesia. Unos 17 mil aproximadamente. El equipo de seguridad del Vaticano recomendó que para evitar problemas de seguridad, se diera invitaciones y que estas fueran firmadas a mano. Era la época en que el terrorismo comenzaba a manifestarse públicamente y apenas meses atrás sufrió un atentado. Así que al periodista e investigador Dante Zegarra López, nombrado secretario ejecutivo de la comisión organizadora de la visita papal, no le quedó otra alternativa que firmar cada tarjeta.
 
Se había programado para ese entonces, la  beatificación de Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, un gran  retrato suyo fue llevado al  recinto especialmente  acondicionado. También la coronación de la Virgen de Chapi, aquella imagen a la cual los agricultores y pobladores acudían constantemente  para pedir no solo gracias personales, sino para toda la comunidad como ocurría en tiempos de sequía.
 
El mismo 1 de febrero de 1985, el padre Jorge Beneito Mora, había sido delegado por monseñor Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, arzobispo de Arequipa, para que en helicóptero  fuera a traer la imagen de la Virgen. Era una de las pocas veces que era retirada del templo, ya que los pobladores de Polobaya eran muy celosos en su custodia, debido a que  se corrió el rumor, que querían dejarla definitivamente en Arequipa. Esa vez no hubo problemas y en 20  minutos de viaje estaba  aterrizando  por el sector de la avenida Venezuela para que en procesión la llevaran a hacerle el cambio de vestido y luego a su ubicación final.
 
Fueron apenas seis horas que duró la visita del santo padre, recuerda Dante Zegarra, quien ahora se encuentra muy delicado de salud. Como cualquier otra persona en su lugar, estaba feliz de haberse hecho cargo de parte de la organización de esa visita histórica.
 
Es un fiel creyente y devoto de la beata  Ana de los Ángeles Monteagudo, luego de haber investigado su vida y milagros, siendo su objetivo principal el llevarla a los altares como santa, lamentablemente, una de las personas que había sido testigo de un milagro  falleció, antes que diera su testimonio. El resultado de las investigaciones las plasmó en un libro, que justo llegó a ser impreso para dicha visita.
 
La seguridad era extrema  y se había programado a escasas personas para que puedan dirigirse a Juan Pablo II. El primero,  el periodista Carlos Meneses Cornejo, que era presidente de la Corporación de Desarrollo de Arequipa, quien le dio la bienvenida en el aeropuerto Alfredo Rodríguez Ballón repleto de gente en ese entonces. Eran las 10 de la mañana.
 
Bajando por la avenida Ejército en su  Papamóvil,  decenas de personas lo saludaban, portando banderitas de papel blancas y amarillas. A la altura de la clínica San Juan de Dios, niños  que recibían tratamiento también lo esperaban  y tuvo la deferencia de  saludarlos.
 
Se había programado visitas a la Catedral y al Monasterio de Santa Catalina, pero la salud del Papa no era la mejor cuando arribó a Arequipa. Una visita que no había sido programada ocurrió a la casa del arzobispo de Arequipa, en la avenida Bolognesi, momento que fue aprovechado por Dante Zegarra -con la venia de monseñor Vargas- para entregarle dos ejemplares de su libro. Cuenta  que había preparado un breve discurso para decirle lo que había en el libro sobre la investigación de la vida de Ana de los Ángeles.
 
Su emoción fue tan grande que cuando llegó a su alcance,  cayó arrodillado y no pudo pronunciar palabra alguna. Después le llegó una carta del Vaticano informándole que su libro estaba en la biblioteca de la Santa Sede, además de una medalla de bronce con el rostro del Papa, agradeciéndole la labor cumplida. A Meneses también le enviaron una fotografía donde estaba junto al Santo Juan Pablo. Se había prohibido las fotografías, a excepción de las que tomaba el fotógrafo designado oficialmente por el Vaticano.
 
Fue el propio Juan Pablo II,  quien dijo sentirse characato y en cada ciudad que posteriormente visitaba cambiaba de denominación, siendo una de las más recordadas la del “Papa charapa”.                                                                                       
 
Corta visita que hizo a la ciudad que sin embargo perdura intacta  en la memoria de quienes  estuvieron presentes en ese día  histórico para Arequipa. La libertad de culto es libre en el país, hecho que se ha demostrado una vez más a través de las redes sociales, sin embargo, una nueva visita del Papa, seguramente será inolvidable para muchos peruanos.        
 
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