La voz que se resiste a ser callada

01 de Octubre de 2017
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Una de las primeras voces que incomodaron al gobierno chavista fue la del periodista Gustavo Azócar Alcalá. Quien tiene el no muy grato título de ser el primer hombre de prensa encarcelado por el gobierno chavista.

 

Por: Mariela Zuni M. 

 
La libertad de prensa es el oxígeno de las democracias, las dictaduras toleran los medios solo hasta el momento en que se convierten en una amenaza. Venezuela no es una excepción. La censura en ese país comenzó hace casi 20 años con el cierre de cientos de emisoras radiales, canales de televisión y medios escritos.
 
El control de la información quedó en manos del régimen dictatorial, que se ha encargado de callar la voz de los hombres de prensa que se muestran críticos a la dictadura iniciada por Hugo Chávez y que se prolonga con Nicolás Maduro.
 
Una de las primeras voces que incomodaron al gobierno chavista, fue la del periodista Gustavo Azócar Alcalá. “Yo fui víctima de la dictadura que comenzó con Hugo Chávez en el año 1999. Llegó al poder a través del voto, ganó unas elecciones en 1998 y al año siguiente inició un proceso de confiscación de las instituciones, de captación de los poderes públicos y un proceso de militarización de toda la sociedad venezolana”.
 
Azócar en su condición de periodista fue detenido en dos oportunidades. La primera en 2006 y luego en 2009. Tiene el nada envidiable récord de ser el primer periodista preso en Venezuela en el gobierno de Hugo Chávez. Pero luego de él vinieron otros cientos de periodistas enviados a prisión y otros salieron exiliados fuera de su país para no ser detenidos y encarcelados.
 
“Mientras estamos hablando uno de los sectores más golpeados en mi país es el periodismo y la libertad expresión. Hay demasiados periodistas perseguidos, hostigados bajo régimen de presentación en tribunales, juicios y medios clausurados, canales, emisoras y periódicos cerrados”, dijo.
 
Venezuela es el único país del mundo donde los periódicos están cerrando porque no hay papel, los dólares para comprar el material en el extranjero los maneja el Gobierno y solo los entregan a los medios afectos al régimen, mientras el resto tienen que cerrar sus puertas.
Afirma que en el país bolivariano se vive una situación en materia de libertad de expresión muy dura y terrible, con medios controlado por el gobierno, con muy poco acceso a la información y con un proyecto de ley en camino para restringir las redes sociales.
 
Gustavo Azócar estuvo detenido 8 meses entre los años 2009 y 2010. Al salir de prisión volvió hacer televisión, pero las presiones contra el canal fueron muy duras, en 2012 los propietarios del medio le aconsejaron que se retirara. En enero 2012 decidió irse para evitar que el canal sea clausurado.
 
“Me fui a una emisora, ya que anteriormente hice radio 25 años, y cuando tenía un año y medio dirigiendo el medio personas afectas al gobierno quemaron la emisora, la incendiaron un 10 de marzo de 2014”, manifestó, y a raíz de ese incidente decidió trabajar fuera en el mundo de la consultoría, ya que no era posible trabajar en Venezuela haciendo periodismo.
 
Relativamente se autoexilió, aunque en Venezuela viven hijos y tiene su residencia oficial trabaja en el extranjero. Frente a la coyuntura política y económica y ante la imposibilidad de desempeñarse profesionalmente en lo que le gusta hacer, se asoció a Coplan, organización no gubernamental, y desde esa plataforma comenzó hacer un trabajo en varios países de América, ente ellos él Perú.
 
Reconoce que a pesar de sus esfuerzos callaron su voz en los medios venezolanos. Ya no tiene una presencia activa en la tv o radios, ni en la política venezolana. Sin embargo, no ha dejado de estar pendiente de lo que pasa en su país. “Voy a Venezuela para ver a mi familia y mantengo contacto con líderes políticos y ofrezco asesoría sin ningún costo. Abogo por una pronta solución a mi país”.
 
LOS ACHAQUES DE AMÉRICA LATINA
Los países de América Latina tienen un serio problema en común, un par de enfermedades graves. La primera es la corrupción y la mejor demostración es el caso Odebrecht, que ha salpicado a países como Venezuela, Colombia, República Dominicana, Brasil, Perú y Centroamérica. 
 
“Es una enfermedad que necesitamos erradicar, porque la corrupción ha hecho que muchas personas pongan en duda las bondades de la democracia y no se sientan identificadas con ella. Erradicarla es una tarea pendiente de todos los gobiernos que deben luchar mucho más por la transparencia en la gestión y administración de los recursos”, expresó 
 
En la medida en que los gobiernos comiencen a dar muestras de que ciertamente están dispuestos a luchar, atacar, combatir y erradicar la corrupción, en esa misma medida podremos recuperar la confianza de la gente en la democracia.
 
La segunda enfermedad del continente es el populismo. Lo hemos visto en Venezuela, Colombia, América Central, el Perú y México. “Le hace creer a la gente que papá estado te tiene que dar todo, trabajo, salud, casa, educación, y eso malacostumbra a los ciudadanos al creer que los gobiernos son los que tienen que proveer absolutamente todo. Entonces el populismo tiene que ser erradicado de nuestros países por una cultura del trabajo, con formación y capacitación”, dijo. 
 
Formar es una de las cosas que se hacen en Coplan, fundada en Arequipa y que se ha difuminado en el Perú y países de América latina: presente en Ecuador, Venezuela, Colombia, México, República Dominicana y aliados en Estados Unidos, para entrenar a los líderes en política y no en politiquería. 
 
Otra enfermedad grave que identifica es el militarismo. Se caracteriza por la preeminencia de los militares en la actividad política. Caso concreto es Venezuela donde se le ha dado demasiada preponderancia a la participación de militares activos y uniformados.
 
“Los militares que quieran hacer política tienen que abandonar el uniforme, dejar la fuerza armada e incursionar en política. No podemos retroceder a épocas pasadas en las cuales nuestros países fueron víctimas del militarismo de las dictaduras como hay ahora en Venezuela”, manifiesta Azócar. 
 
En Venezuela hay una dictadura militar presidida por un civil. El presidente de los venezolanos es un civil pero quienes mandan son los militares, quienes tiene control de los poderes públicos y la economía son los uniformados. Quienes le dan soporte a la dictadura son los militares, porque allí se les permitió hacer política convirtiéndose en un gravísimo error, y esa es la tercera enfermedad de América latina.
 
El consultor internacional precisa que la salida en Venezuela ya no es electoral. El organismo que organiza las elecciones en Venezuela es el Consejo Nacional Electoral (CNE). Un órgano totalmente controlado por Nicolás Maduro y al servicio de la llamada “revolución”. 
 
“Tú no puedes ir a elecciones con un organismo como ese Consejo Nacional Electoral que acata las órdenes de Maduro”. Si se dan un cambio en las autoridades y se elige a unos rectores independientes la OEA podría observar los procesos electorales. La única salida que avizora es la intervención de una fuerza multilateral en Venezuela integrada por las nacionales democráticas del mundo que obligue al régimen de Nicolás Maduro a abrir los canales democráticos y permitir unas elecciones verdaderamente transparentes.
 

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