Las últimas vocaciones en la Catedral

01 de Octubre de 2017
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La ordenación de tres jóvenes en una ceremonia vigilada y con prohibiciones. ¿Cuántas madres rezan para que su hijo se vaya de su lado?

 

Por Rossmery Puente de la Vega P.

 
Al concluir la ceremonia una madre se arrodilla ante su hijo. Él responde cubriendo su cabeza con las manos. Susurra a su oído y la bendice. Se pone de pie. Él se postra ante ella inclinando la cabeza. La noche de la ordenación de tres diáconos en la Basílica Catedral acabó con un ruego atendido.
 
Despacito/ Quiero respirar tu cuello despacito/ Deja que te diga cosas al oído/ Para que te acuerdes si no estás conmigo/, era la canción que se colaba por los muros de sillar del templo minutos antes del inicio de la ceremonia. Afuera la pileta del Tuturutu lucía iluminada con luces de color, colocaron sillas para las personas.
 
Adentro, en la Catedral adornada con lirios blancos, daban indicaciones en caso de ocurrir un sismo. El coro del San Jerónimo, centro de formación de sacerdotes, combatía con sus voces el ruido de la plaza.
 
Fue una ceremonia vigilada. Personal de una empresa privada que en espectáculos visten chalecos verdes, la noche del viernes lucían terno, camisa y corbata. Utilizan intercomunicadores pequeños. Tomar fotos estaba prohibido. Un caballero de la tercera fila guardó su celular colocado en un palo selfie que sacó para captar el ingreso de los sacerdotes.
 
La ordenación fue captada por siete equipos: un celular, cuatro cámaras fotográficas, y dos cámaras de video solo de personal autorizado. El templo no estaba lleno. Hubo asientos vacíos. Los curiosos prefirieron quedarse en la plaza para ver un desfile de modas. Cuerpos esbeltos iluminados.
 
Carlos Humberto Morales Lacherre, Vjeran Nakić, y David Antonio Vásquez Ortega, vestidos con alba, especie de sotana blanca, permanecieron de pie con las palmas juntas en posición para orar. Son llamados por su nombre. Aplausos acompañan los cánticos.
 
Javier del Río Alba, arzobispo de Arequipa, habla de la misión de los diáconos, estar al servicio de todos, pero principalmente de los más pobres, y los que sufren. Menciona que faltan más colaboradores. Ser sacerdote no es una opción popular entre los jóvenes.
 
“Los pobres son los principales destinarios de la misión de la iglesia. Los pobres son tantos que los apóstoles no se dan abasto. Por eso necesitamos colaboradores para no descuidar la misión principal”, indicó. 
 
HABLA DEL CELIBATO
En Arequipa pocos se interesan por la misión predicada por la iglesia. En formación para la vida religiosa existen 106. Del total en el Seminario Misionero "Redemptoris Mater hay 43 seminaristas de 13 naciones diferentes, como: Croacia, España, Italia, Estados Unidos, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Ecuador, Brasil, Chile y Perú. En San Jerónimo 63, de los cuales 12 son de Ayaviri (Puno); el resto está en congregaciones regionales. 
 
Morales Lacherre es sigiloso al andar. Es hijo único. Tiene 29 años, es de Lima. Realizó su labor pastoral en la Casa Episcopal junto a monseñor Javier del Río, en la parroquia "Santa Rosa de Lima" en Guardia Civil. Estuvo en Cusco y Argentina y en la Domus Galilaeae en Korazim, Galilea, Israel y Jerusalén.
 
Nakić es solemne, tiene 42 años, nació en Split – Croacia. Realizó su labor pastoral durante dos años en nuestra ciudad y en Argentina. Vásquez Ortega sonríe, mientras las personas comulgan, pide que oren por él. Tiene 27 años, es de San Salvador.
 
Morales, Nakić, y Vásquez ratifican su decisión, prometen respeto y obediencia al arzobispo y sus sucesores. Echados boca abajo, que en la iglesia es señal de desprendimiento permanecieron cinco minutos/ Señor ten piedad/ Cristo ten piedad/ Señor ten piedad/ Santa María madres de dios/ ruega por nosotros/ (…). Se entonan Letanías invocando a todos los Santos. Luego de la bendición son cubiertos por una estola diaconal y dalmática.
 
Comienza la comunión y la música del wititi se escucha en el templo entre los cánticos religiosos. La voz del maestro de ceremonias del evento de modas en la plaza atropella por momentos las palabras del arzobispo.
 
“Una vez que las personas con túnica bajen, vamos a la parte posterior”, comenta el trabajador de seguridad más joven ubicado cerca al altar principal del templo. La ceremonia concluye y todos esperan la primera bendición de los consagrados tras la seguridad privada. Los tres se ordenaron de diáconos en el día de los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, y eso lo hace especial, comentan.
 
Un grupo de seminaristas que integran el coro se arrodillan ante Nakic y Vásquez, son los primeros en recibir la bendición. Hacen largas colas, llegan los abrazos, las fotos. Vásquez bendice un rosario, envía bendiciones a través de emisarios. Su madre se arrodilla y él la bendice. Ella apenas se levanta, y él ya está en el suelo. La escena cautiva a todos. La madre no llora.
 
Vásquez dice que desde pequeño quería ser sacerdote, por su familia integraba un grupo religioso. “Yo quería ser feliz como ellos”, comentó. Su madre, que viajó siete horas en avión desde Salvador, confiesa que rezó a Dios para que sus tres hijos sean sacerdotes. El mayor se casó, el segundo estudia y todavía no dice nada, el último se ordenó como diácono el viernes en la noche.
 

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