Sarko Medina: “El cuento tiene que ganar por nocaut”

17 de Junio de 2017
Fuente de la imagen: 
No indica

Esta semana se publicó el libro La Venganza de los Apus del escritor y periodista arequipeño Sarko Medina Hinojosa. Está compuesto por 19 cuentos llenos de cosmogonía andina y misterio. En esta entrevista habla sobre ellos, cómo surgieron y sobre el cuento. 

 

Por: Lino Mamani A.

 
–Sarko, vuelves a la palestra literaria con La Venganza de los Apus, un libro que reúne algunos cuentos que publicaste en periódicos y revistas.
Son 19 cuentos que en realidad fueron escritos hace muchos años, el más antiguo es el Viejito Sabor a Trigo que es del 2004, de ahí le siguen precisamente La Venganza de los Apus. ¿De qué nació la idea? Pues el primero de mis libros, Palo con Clavo y Santo Remedio, tenía un corte urbano, se basaba en historias reales, otros eran ficción pero tenían esa connotación realista. En este caso, los cuentos son real fantásticos, de terror, de misterio, ubicados contemporáneamente, aunque se hayan suscitado en la sierra o la selva. 
 
–La mayoría tiene una relación con la cosmogonía de los pueblos.
Un apu no representaba a un dios que te cuidaba, sino un protector que te exigía esfuerzo y que dejaba en claro que tenían que respetarlo. Cualquier desacato era pagado con la furia de estos elementos. Recordemos que los apus no solo eran los cerros, sino los animales como el puma, el cóndor, la serpiente; los elementos como el viento, la Luna, el Sol.
 
–En el último cuento que da título al libro, los apus se revelan en contra de los humanos que la destruyen y, de forma metafórica, crean esa “barba de diablo” para destruirlos.
–En realidad tenía esta tendencia ecologista, pero tampoco quería que fuera de ese corte, sino dar a entender que les hemos faltado el respeto. Se cansaron de este animal con voz que destruye sus hogares y mata a sus guardianes. El cuento lo escribí en el 2005, pero ahora no hemos cambiado nada. Se tergiversa todo lo natural para salirse con la suya. Todos los elementos de la tierra son perecibles y tarde o temprano se va a acabar. El libro plantea un acto y consecuencia.
 
–Como en el cuento 197 puñaladas, donde una madre le reza al Supay (diablo)…
–Sí, ella en un primer pedido al Supay reclamó que su esposo sea eliminado porque le pegaba, pero ese deseo de frenar como sea una actitud negativa le trajo consecuencias al hijo que se explican en el cuento. Y otras más como el asaltante este que después de robar en el banco empuja a un indígena sin saber que era un chamán, lo cual lo condena a vivir un infinito dolor con una bala atravesándolo.
 
–Me hiciste recordar a ese cuento del chamán que tiene un “pacto ético”
(Risas) Una cosa es un apu camayoc (como Pedro Pablo, personaje del último cuento), que es un chamán del ande que usa sus conocimientos en el bien y otra cosa es un chamán que trata de reinterpretar fuerzas místicas y la gente cae. Y ahí está la evasión. Como en Promesa Incumplida, la mujer se olvidó de algo y gracias al quechua de sus padres sabe cómo hacer en un momento determinado cuando la están atacando. 
 
–Especialmente en las ciudades se resisten a este tipo de creencias, ¿este libro es un ajuste de cuentas? 
Exacto. Creo que la fusión de elementos culturales se enriquece. Muchos dicen que la chicha es un fenómeno cultural nativo, pero cuántas de las historias del huayno son transmitidas por la chicha u otros cantos andinos. Muchos grupos nuevos están revalorando la música andina, Micky Gonzales, Uchpa, Jaime Cuadra, La Sarita. Entonces, la cosmogonía andina la podemos fusionar con la cultura urbana, pero con respeto. Arguedas decía: "En la medida que el ámbito indígena se difunde y colora a los otros grupos y realidades; en la medida que se proyecta sobre ellos, la diversidad de sangres, cultura e intereses adquiere el frescor rudo de una esperanza inédita, y la sabiduría absorta de quien empieza reconocer su fortaleza". El Taita sabía que si nosotros coloreamos de indígena nuestras costumbres vamos a valorarlo. 
 
–¿Cómo te has nutrido de estas historias? Sé que tu abuelo Santiago te contaba algunas
Gracias a él. De niño mis padres me llevaban a visitar a mi abuelo a Iquipí. Un día despierto y veo tremendo cerro y una línea de casas en los cerros. Entonces le pregunto por qué es así el pueblo y con cara de palo, como Úrsula Iguarán cuando le contaba a Gabo (Gabriel García Márquez), es que Iquipí era tan grande como Arequipa solo que hubo un gran terremoto que dejó en pie ese pedacito antes de llegar al río. ¿Y esa cruz en el cerro? Ah, es que ahí estaba enterrada Chabuca Granda (risas). Decía que dentro del río había una ciudad de camarones grandes. Por otro lado, mi abuela Hilaria también me contaba historias de desaparecidos, del puma y otras de la sierra. Son muchas historias que no pude abarcar todo. Quiero sacar una trilogía, este libro es una primera entrega.
 
–Redercorter –retroceder– es uno de los cuentos más destacados del libro con el que ganaste un premio. Habla de una especie de retroceso, de volver al origen.
En el 2003, hubo un concurso de cuentos que realizó la revista Fantástico de Arequipa al Día, que gané. Mientras caminaba por la calle me pregunté cómo sería caminar hacia atrás y retroceder en el tiempo. Se me ocurrió que lo más racional si una persona lograse retroceder en el tiempo sería regresar, desandar. No paré hasta escribir el cuento y en esa edición se lo conté a alguien y se quedó impactado porque la técnica no la leyó en otras partes, aunque hay algo similar en Casa Tomada de Cortázar. Por eso le dijimos técnica regresiva. Mientras avanzaba el cuento anhelaba que esa persona que sufría tanto encuentre lo que buscaba, que intuyo era estar con su mamá, porque no hay momento en la vida en que te encuentras tan protegido que en los brazos de tu madre. Estoy seguro que quería regresar a ese tiempo, pero cuando llegué a ese momento hizo que terminara en algo más terrible. ¿Y qué tal si el purgatorio es ese?
 
–Es difícil desligarse de tu propia creación, te mueve sentimientos. 
La confesión del mudo en el día del fin del mundo me hizo llorar, porque nunca había imaginado que se cometía un crimen así. El final fue tan fuerte que al terminar de escribir me puse a llorar. Ahora mismo estoy emocionado porque tengo un hijo de seis años y espero no me pase eso. La forma cómo sucede es brutal. La narración en sí misma, saber que iba a pasar eso y no poder evitarlo, es angustiante.
 
–Un cuento es preciso, se debe despojarse del ripio. ¿Eres incisivo en la reescritura y reedición del texto?
Sí. En el periodismo nos enseñan que te vayas a la carnecita y eso lo aplico en mi creación. En el cuento uno tiene que ser directo y golpear. Es como el box, la novela gana por puntos, poco a poco, en cada capítulo te va metiendo un golpe. O te golpea o tú la dejas. El cuento no puede darse ese lujo, el cuento tiene que ganar por nocaut. Empezar y dar golpes. Es más, el microcuento tiene que ser callejero, porque te tiene que pegar desde el inicio, a como pueda.
 
–¿Qué estás escribiendo ahora?
El proyecto que estoy siguiendo es 365 Cuentos Regresivos que está en Facebook. Un reto de escribir un cuento diario pero en orden regresivo. La inspiración viene de José Alvear Corimanya, escritor arequipeño que por el bicentenario de Melgar, se puso el reto de escribir un poema cada día. Eso unido a Sergio Gaut Vel Hartman que nos motivaba a la microliteratura con una página que se llamaba Ráfagas y Parpadeos, donde a un grupo de escritores nos daba el reto de escribir textos desde 99 palabras regresivamente, cada uno tenía que apurarse porque si uno escribía el 38 debía eliminar una palabra para hacer 37. La idea es que el 31 de diciembre, si llego a concretar el reto, el último cuento tenga una sola palabra. 
 

Comentarios Web