Soltar las riendas del alcohol

29 de Octubre de 2017
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Las bebidas alcohólicas los sumieron en este problema. Perdieron su trabajo, a sus amadas y quedaron amarrados al licor. Pero en Miraflores la comuna creó Renacemos Juntos, que se preocupa por salvarlos de estas caídas.

Por: Lino Manuel Mamani A.

Fotos: Adrián Quicaño P.
Aún con los efectos del alcohol puro que bebió anoche, Luis ingresa a la base de Serenazgo de Miraflores dando pasos tambaleantes y torpes, como si cargara un objeto pesado. Su tufo envuelve el ambiente donde cuatro varones sentados escuchan consejos y hablan de sus borracheras y sus problemas para aprender a superarlo.
 
 -Saca tu equipo y jugamos fútbol. ¡Yo soy Messi! –dice Luis, tartamudeando y escupiendo al hablar –Mes y medio que estoy chupando.
 
Alejandro aplaude el chiste como si fuese un golazo y abraza a su compañero. A él le dicen Beckham, porque “ve cantinas” y se mete, cuentan sus conocidos. Se toman la vida en bromas y en otros diálogos, mientras con licor pretenden ocultar el problema emocional que padecen. A Luis lo engañó su pareja y eso –consideró– fue determinante para que se sumerja en la bebida.
 
Ambos “futbolistas” empezaron el partido de su vida enfrentando a un fuerte enemigo: el alcohol. Recién corren los primeros minutos, que son los más fuertes. Reconocen su problema, reconocen que el alcoholismo es una enfermedad y que los está sumiendo en un hoyo, pero les falta esa voluntad de ejecutar acciones que permitan salir de ese remolino cargado de alcohol barato y ron.
 
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Hace seis años la Municipalidad de Miraflores creó el programa social Renacemos Juntos, donde se imparten terapias a los que sufren de dependencia a las bebidas alcohólicas en busca de rehabilitarlos y reinsertarlos a sus hogares y a la sociedad. 
 
El reclutamiento inició con las intervenciones. En patrullajes o a través de llamadas telefónicas de vecinos incomodados por la presencia de bebedores en los parques, los serenos acudían a intervenir a los consumidores crónicos para disuadirlos. En otras comunas la orden era quitarles sus bebidas, botarlas ante su atónita mirada como escarmiento, llevarlos a las partes altas o lograr que se retirasen a sitios más escondidos.
 
“Se entendió que esa no era solo la responsabilidad, sino que había que hacer algo y se empezó por tratarlos con más respeto, pensando que cualquiera de ellos puede ser tu papá, tu hermano, tu mamá o un ser querido”, relata el gerente de Seguridad Ciudadana, Néstor Veliz Frisancho.
 
Los serenos empezaron a hablarles y a invitarlos al programa de tratamiento para personas con problemas con el alcohol. Ahí recibirían apoyo, jugarían fútbol, se les daría un refrigerio y sobre todo se les darían charlas, terapias dos veces por semana de 10:00 a 13:00 horas, para que por fin puedan dar inicio a dejar la bebida que está quemando su hígado y estómago. Por alguno de estos motivos, Alejandro y Luis acuden al programa. 
 
“Me vas a perdonar”, anticipa Luis antes de sacar una botella de medio litro que en lugar de gaseosa lleva algún trago.
 
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Clodualdo, tiene 69 años, y también pasó por este proceso oscuro. Su esposa lo dejó por preferir a sus amigos y su trabajo. El choque lo sumió en la bebida. A cualquier hora, solía andar divagando por La Chabela, los mercados o durmiendo en la calzada.
 
Un día los serenos lo buscaron y lo invitaron a participar de programa. Casi por compromiso acudía, aunque al salir retornaba a la bebida. Pasarían muchos meses para que recién deje de probar una gota de alcohol.
 
“Tenía buen trabajo, yo trabajé en Macon y construí Majes I”, dice con cierta nostalgia de que pudo haber escala aún más en otros megaproyectos, pero el alcohol se lo impidió. “Cada vez que me pagaban nos íbamos a beber a algún bar”, acota.
 
Tiene un semblante más sólido que cuando estaba ebrio. Luce limpio y es uno de los que dan su testimonio a los bebedores para inseminar en ellos la esperanza de que sí se puede salir airoso de este partido que se juega contra las botellas de cerveza. 
 
En Miraflores hay alrededor de 50 bebedores compulsivos que se fermentan en la vía pública, lucen desaseados y el poco dinero que consiguen lo gastan en libar por encima de comprar algo de comer. Alrededor de ocho fallecieron víctimas de cirrosis, en caídas o peleas, intoxicados.
 
Veliz Frisancho sostiene que con Renacemos Juntos pretenden evitar estas muertes, salvar a tiempo a los que sufren de esta enfermedad. 
 
Por eso, tienen el respaldo de Alcohólicos Anónimos, quienes dan charlas sobre cómo empezar el cambio y seguir el proceso para estar “limpios”; de psicólogos de la Unsa que tratan de animarlos a superar las dificultades emocionales, de la Policía Nacional del Perú, el Centro de Emergencia Mujer y de otras instituciones.
 
Clodualdo es uno de los que está a punto de ser reinsertados. Son siete los que pasaron a este proceso de recuperación que debe tener mucho cuidado y voluntad. Una de las etapas más difíciles.
 
“Llevan ocho, 10 meses o un año y cuando menos te lo esperas, vuelven a caer. Hubo casos en que por vergüenza ya no quieren regresar y todo debe empezar de cero”, afirma el funcionario.
 
Pero hay quienes como David que sí logran superar la valla y vuelven a renacer, ganando el partido al enemigo líquido. Estaba desorientado por lo que había ingerido y cayó abruptamente. Cuando despertó estaba en el hospital sin poder moverse. Fue lo peor que pasó.
 
Hasta que un día vio en las noticias que existía Renacemos Juntos donde podían brindarle ayuda. Acudió y vio que varias de las personas con quienes compartía bebidas, estaban jugando fútbol. El deporte es una estrategia para atraerlos y así empezar a familiarizarse con ellos. Hoy David, por su valentía, su cambio de actitud, está recuperado y labora como vigilante en la comuna distrital que lo ayudó.
 
“No te metas al alcohol… difícil es salir”, recomienda Luis, o Messi, a un joven. El partido más importante de su vida, está a punto de empezar.
 

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