Un regidor a prueba de fuego

12 de Marzo de 2017
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Solo escuchó el sonido de un disparo y luego como si se hubiera apagado el mundo, todo calló. Fueron solo unos segundos, en el suelo y con los gritos de adolescentes, sintió correr el sudor por su cuello y su camisa, empapado, le pareció que le habían lanzado un vaso de agua al pecho y a la espalda. 

 
Por: Roy Cobarrubia V.
 
Patrick, un amigo que lo acompañaba esa noche, le advirtió: “Christian, estás empapado de sangre”. Christian Talavera Apaza, líder del movimiento independiente universitario del Centro Académico de Desarrollo Estudiantil (CADE), había recibido 54 perdigones en la nuca y parte de la coronilla de la cabeza. Un estudiante al que no le parecía la elección del rector de la Universidad Católica de Santa María, Luis Carpio Ascuña, había accionado un arma artesanal en contra de todos aquellos que en ese momento apoyaban a Carpio. 
 
Talavera, actualmente regidor de la Municipalidad Provincial de Arequipa (MPA), recibió 40 perdigones en su cabeza. Luego de una operación de más de dos horas lograron retirar 26, 14 aún se encuentran cerca a su nuca. Hoy, inclusive, cuando el concejal provincial aparece con el cabello recién cortado, se pueden observar pequeños huecos entre los pelos, como si le hubieran cortado mal. Sin embargo, la verdad es una, por sus ideales políticos estuvo a punto de perder la vida. 
 
De su cercanía con la muerte han pasado más de 17 años, pero recuerda que cuando despertó, luego de la operación quirúrgica, algo mareado por la anestesia, vio a Carpio frente a él y le preguntó: “¿Ganamos?”, y él le contestó que sí. 
 
Jaime Christian Talavera nació el 16 de mayo de 1977 a las cuatro de la tarde, el mayor de cuatro hermanos (Max, Leonardo y Garlett) creció entre los intentos de su padre, el ex fiscal provincial de Arequipa, Marcelo Jaime Talavera y los constantes pedidos de su madre, Soledad Apaza, una educadora de profesión, de no seguir una carrera de abogado o de deportista. 
 
“Mi padre leía mucho. Se echaba sobre una silla y estaba por horas enfrascado en una lectura. Yo, niño aún, lo observaba, me acercaba a él y me escabullía entre sus brazos, me recibía y trataba de seguirle el paso leyendo en silencio”, cuenta. 
 
En su infancia, jamás recibió un insulto o fue señalado, recibió una educación de primera mano y reforzada, su madre convirtió su casa en una especie de segunda escuela. Horarios de lectura, de tareas, de juego y una excesiva formación de valores, camaradería y buenas costumbres. Estudió la primaria en el colegio Claretiano, la secundaria en el colegio Muñoz Nájar y la educación superior en la Universidad Católica de Santa María, en donde egresó con las carreras de Derecho y de Educación. 
 
“Al salir del colegio papá me pidió que no sea abogado. Intenté estudiar Sistemas, pero al poco tiempo me paré delante de mi padre y le dije: 'Lo siento papá, quiero ser abogado como tú'”, cuenta Apaza. 
En la sala de regidores de la MPA, Talavera recuerda sus inicios como abogado y cómo él llegó a ser parte de la política arequipeña. Según cuenta, las ideas de sus catedráticos Jorge Luis Cáceres Arce, Óscar Urviola, Luis Vargas Fernández, y una serie de docentes, que hoy han pasado a formar parte de la nueva historia del país, fueron quienes le inculcaron eso de que las cosas deben hacerse para que otros tengan una mejor oportunidad de vida, de trabajo, que la abogacía es una carrera inherente de la política. 
 
Con experiencia en la Procuraduría de la MPA, abogado de Sedapar, gerente de asesoría legal en Cayma, gerente municipal en Sabandía, abogado de la municipalidad de Santa Rita de Siguas, abogado de la comuna de Lluta, fue descubriendo que las cosas que se hacen en la administración pública deben y tienen que tener un fin: ayudar. 
 
“Existen necesidades que no son cubiertas, debido a que en algunos casos se realizan actos no acordes a la ley. Cuando decidí ingresar a la política arequipeña mi intención fue y es, que las cosas se hagan bien, una buena gestión, un buen proyecto es un bien para todos, además venía de tener ya una trayectoria en la gestión municipal considerable”, dice el regidor. 
 
En Cayma había congeniado con las ideas e ideales del exalcalde de Cayma, Ulises Torres Montes Revilla. En el 2010 bajo esos preceptos se presenta como regidor por Fuerza Arequipeña con el número cuatro. Esa primera vez ingresó acompañado de regidores como Jorge Sumari, Roberto Rosado, Heber Cueva, Jimy Ojeda y Freddy Cahui. 
 
Talavera dice que es difícil ser regidor de minoría, de oposición. “Es más difícil ser regidor de oposición porque tienes una doble responsabilidad con la municipalidad. Tú mismo tienes que hacer todo, fiscalizar y tener las trabas de los funcionarios para proponer ordenanzas, tú solo. Situación distinta es la de los amigos de mayoría”, dice. De la primera gestión recuerda a sus colegas con nostalgia, sesiones de concejo en los que el debate, las consultas, las propuestas, eran constantes. “Había mayor debate. Sumari, Cueva, Carpio, eran sesiones en donde los regidores aparecían con propuestas y se hablaba, hoy las sesiones han cambiado un poco”, expresa el regidor. 
 
En la primera gestión, Talavera dice que tuvo mucha confianza en el alcalde provincial de Arequipa, Alfredo Zegarra. Cuenta que ingresó a la comuna con la intención de no ser el regidor que se opone u observa cada decisión o paso. “Me desilusioné. Zegarra venía de ser dos veces regidor, dos veces alcalde, creí que venía con un grupo de técnicos y profesionales aptos y con todos los respaldos posibles para una buena gestión, pero no fue así. Todo gobierno se basa en las personas, en el equipo, no en el personaje”, declara Talavera, quien hoy en sesiones de concejo provincial es el único que pregunta, comenta o estudia ordenanzas municipales, acción que le ha valido ser criticado por sus colegas y señalado como excéntrico o malicioso. 
 
“La primera gestión llevamos el peso tranquilos. Teníamos un grupo de regidores con visiones interesantes. Fue una gestión que supimos llevar. En esta segunda gestión, sin embargo, sentí impotencia. Estuve a punto de dejarlo todo. Mi esfuerzo, mis investigaciones, quedaron en nada, nada ha cambiado, no veo un cambio real o que se haya sancionado a alguien pese a las pruebas presentadas”, dice.
 

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