Un sacerdote que predica desde los techos verdes

06 de Agosto de 2017
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Dejó a su novia para casarse con Dios. Coleccionador de cactus y motos en miniatura. Está empeñado en recuperar áreas verdes en la ciudad sembrando conciencia en los más pequeños. ¿Por qué convertimos techos y paredes en áreas verdes?

 

Por: Rossmery Puente de La Vega P.

Fotos: Jorge Ezquivel Z.

 
Desde el cuarto piso del colegio que dirige, Juan José Alania Espinoza, parece más un predicador en el desierto.
 
Con las manos extendidas y voz ceremonial muestra miles de pequeñas plantas como sobrevivientes a una batalla iniciada por el hombre.
 
Desde lo alto se observa cómo han proliferado los edificios de más de cinco pisos y casas con amplias cocheras, que opacan la vista. El cemento ha invadido la ciudad.
 
Da un sermón sobre el poco interés de las personas por tener áreas verdes en sus viviendas.
 
En los techos del colegio Santa Clara, del distrito de José Luis Bustamante y Rivero, promueve la salvación de las áreas verdes. Tiene plantones en bolsas negras, recipientes, y llantas en desuso pintadas de color que hacen de maceteros. Los ula ula, aros de plásticos, son usados para sostener las mallas que las cubren del sol.
 
LECCIONES
Desde niño, Alania Espinoza cultivó el aprecio por la naturaleza. Vivió en la ciudad La Oroya (Junín), un lugar que recuerda como desolado, por la contaminación de la planta metalúrgica. De vacaciones iba a la casa de los abuelos que tenían chacras, donde recibió las primeras lecciones de manos de su padre, relacionista industrial de una compañía metalúrgica. Recuerda que lo veía podar las plantas, sacar gajos o esquejes (fragmentos de la planta, colocados en tierra para producir raíces).
 
No imaginó que con los años predicaría para recuperar áreas verdes, tampoco que sería sacerdote.
 
Su vida cambió radicalmente cuando decidió confesar a su novia que la dejaría para casarse con Dios. Un episodio que relata con soltura, comenta que ella -que era de otra religión -comprendió que él amaba a Dios.
 
El sacerdocio es su vocación, sostiene con firmeza. Antes se formó en distintos conocimientos. Estudió ingeniería metalúrgica, computación e informática, docente de secundaria en la especialidad de electricidad y electrónica. Dos años de Filosofía en Lima, cinco años y medio de Teología en Colombia.
 
Tenía 27 años cuando decidió ingresar a la orden de los franciscanos, y estudió adicionalmente una especialidad en Ciencias Sociales en la San Marcos y una maestría en Administración de la Educación. Ahora viste con el hábito café de los franciscanos, oficia misas, es director de un colegio de Arequipa desde el 2015, guardián y vicario del templo de San José Obrero. Cumple cincos años como sacerdote.
 
PROYECTO
Ha decidido convertir un área verde del colegio que iba a desaparecer para construir una pista atlética. “No necesitamos más cemento, hay que devolver a la naturaleza lo que le hemos quitado”, afirma. Comenta que en el impero incaico no permitían construir en un lugar fértil. Tiene en mente un proyecto verde sostenible. Un complejo ecológico en la institución educativa, como lo denomina.
 
Convertir los techos y las paredes en áreas verdes, que está en etapa inicial. Inició con lechugas cultivadas con el método de la hidroponía y aguaymantos. Ahora tiene tomates, cebolla, beterragas, orégano, aguaymanto, apio, ají, margaritas, moras, papas, rocotos, molles, cactus y otros. Estima que suman cinco mil. En una pared del colegio sembraron dos mil plantas aromáticas (orégano) que serán regadas con el sistema de goteo.
 
Reciclar la basura y el agua, producir abonos orgánicos (compost, humus), instalar paneles solares y sensibilización sobre el desarrollo verde. Para lograrlo ha creado un Departamento de Desarrollo Sostenible, liderado por una ingeniera y otro trabajador. Está involucrando a docentes y estudiantes a quienes -dice- quiere preparar la vida, también a padres. El profesor Percy Eguiluz Menéndez, se ha sumado al esfuerzo de promocionar el proyecto.
 
Recuperar áreas verdes es casi como predicar en el desierto. En su recorrido fray Alania ha visto que algunas plantas del semillero lucen marchitas por un descuido. Tiene plantones de molle costero que ha ofrecido a la comuna de Yanahuara para forestar alguna área del distrito, aún sin respuesta.
 
“Las plantas son química, religión porque es creación; matemática 
 pues todo tiene una dimensión, un tiempo de crecimiento; arte porque con la naturaleza uno se inspira. Es una formación integral”, resalta.
En su casa, contigua a la edificación, sembró cincuenta rosas. Ha dispuesto la siembra de plantas, sobresalen las chifleras, alrededor de la imagen de San Francisco de Asís que hay en el colegio. El santo fue proclamado como patrono de la ecología por Juan Pablo II el 29 de noviembre de 1979.
 
El colegio conforma "la mesa verde" regional, junto a industrias que operan en la ciudad, para promover medidas a favor del medio ambiente. También crían cuyes y codornices.
 
SU AFICIÓN
Es un hombre de fe y coleccionista. Cuando estuvo como director espiritual en Cusco llegó a tener 40 variedades de cactus comprados en la plaza Tupac Amaru. Los feligreses pensaban que los tenía para brujería. En Arequipa inició otra afición. En su oficina del colegio, tiene motos de miniatura Harley, una muestra de una colección mayor que tiene en casa. Confiesa que siempre soñó con tener una de tamaño natural. La idea sigue rondando en su cabeza. Por el momento se conforma con seguir aumentando su colección.
 
Desde el techo del colegio fray Alania afirma que depredar la campiña es pecado. “En La Biblia cuando nos habla de sometimiento no es destrucción, sino de cuidado”, dijo como si predicara en el templo. Hasta ahora no escuchó a nadie confesarlo. La penitencia sería sembrar un árbol y enseñar con el ejemplo.
 
DATO
En una pequeña casita rodeada de sillares, hace 50 años, nació el colegio particular mixto Santa Clara. Un misionero franciscano fray Francois Delatte promovió la obra, a favor de la educación. En 1974 el padre Guido Zegarra Ponce, siendo subdirector del colegio, decide preparar a los estudiantes para la vida. Implementó los talleres de carpintería, gasfitería, costura, taquigrafía y mecanografía. Ahora el colegio tiene 1166 escolares.
 
 
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