Unidad de Quemados: reconstruyendo vidas

06 de Marzo de 2017
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Dos médicos, 14 enfermeras y dos técnicos socorren a diario a aquellos que han sido marcados por el fuego, agua caliente o descargas eléctricas en el hospital Honorio Delgado. Al año este servicio, el único del Ministerio de Salud que existe en el sur del país, hace 900 operaciones y atiende a casi 350 personas quemadas.  

 
Por: Elizabeth Huanca U. 
 
Yamileth daba sus primeros pasos cuando por un descuido de su madre cayó dentro de una olla donde se cocía el almuerzo. Tiene el 38% de la parte inferior de su cuerpecito quemado. 
Cada curación, cada toque que le hace el médico es un martirio para la bebé. Sus gritos son desgarradores y hacen retumbar las paredes en la Unidad de Quemados del hospital Honorio Delgado. En el lugar, diez pacientes, más de la mitad niños, viven el dolor al límite.
 
 
¿Te has quemado, aunque sea un poquito, alguna vez?, me pregunta Jorge Luis Armendariz, jefe de la Unidad de Quemados. “Sí”- le respondo. “¿Entonces puedes imaginar que es dañarte gran parte del cuerpo? Es indescriptible. Nadie merece sufrir eso, menos los niños”, señala con impotencia y bastante conmovido el cirujano plástico. Él convive con el dolor de aquellos que son marcados por el fuego, líquidos calientes y descargas eléctricas desde hace 16 años, pero confiesa que aún no deja de impactarse con cada caso. “Es imposible no involucrarte con las historias”, comenta y admite que muchas veces, ha despotricado contra padres de familia, cuyos hijos sufren en carne propia la secuela de una quemadura. -¡Tú deberías estar aquí, no tu niño!- ha increpado. 
 
LA ÚNICA DEL SUR
Esta área del hospital Honorio Delgado es la única Unidad – del Ministerio de Salud- que atiende a pacientes quemados y gran quemados de todo el sur del país. 
Allí, no solo el dolor llega a su máxima expresión, la labor de los médicos también. Armendariz señala que al mes atienden alrededor de 38 pacientes con quemaduras que involucran desde el 20 al 90% de su cuerpo. “Esta unidad nunca para”, comenta Narda Berrios la jefa de enfermeras de esta área. Al día se realizan en promedio 2.3 operaciones de diversos tipos que buscan reconstruir vidas marcadas por la desgracia del fuego. Al año, según Armendariz realizan alrededor de 900 cirugías. 
La data del año pasado, revela que se atendieron a 327 personas “quemadas”, una cifra por demás preocupante. Más del 50% fueron niños, desde el primer mes de vida, mientras que la otra mitad involucró a una cantidad significativa de adultos mayores y jóvenes que recibieron descargas eléctricas; estas últimas lamentablemente casi siempre terminan en amputaciones. El 80% de pacientes provienen de Puno, Juliaca; Tacna, Moquegua, Ilo y Madre de Dios. Las campañas de prevención, ha hecho que los casos de pacientes de Arequipa se reduzcan tremendamente, sin embargo, no ocurre lo mismo en otras zonas, sobre todo del altiplano. “Allí las condiciones económicas provocan conexiones eléctricas deficientes. Además que las familias con varios hijos, cocinen en un mismo ambiente sin ninguna protección para los más chiquitos. El juego con artefactos pirotécnicos es otro tema donde aún no hay conciencia”, señala Berríos.
Marcos de solo 12 años, es prueba viviente de ello. Hace 20 días, mientras intentaba sacarle la pólvora a un pirotécnico se quemó las manos y la cara. Hoy el menor, que llegó de un anexo de Puno, se recupera favorablemente del trauma y asegura que nunca más volverá a manipular este material. 
A su costado, la pequeña Milet de tres años, también lucha contra las secuelas que dejó en su cabecita el agua caliente. Por estos días, no tiene más familia que las enfermeras y médicos. Y es que, a diferencia de otras áreas, como Pediatría y Cirugía, el paciente quemado debe estar en un ambiente aislado para evitar infecciones. “Imagina qué es para un niño despertar en un cuarto extraño, sin papá, mamá y hermanos. Además del dolor, los niños quedan traumatizados”, cuenta Narda Berrios, mientras prende su celular buscando un dibujo de Peppa Pig para calmar a la pequeña, que quiere romper en llanto. El aparato telefónico la alivia por breves minutos, luego las enfermeras deben ingeniárselas para distraerla del miedo.    
 
ÁNGELES EN APUROS
En la Unidad de Quemados solo hay dos médicos cirujanos plásticos, 14 enfermeras, dos técnicas y un personal de limpieza. Son una especie de ángeles, que conviven con el infierno de aliviar heridas profundas que siempre dejan secuelas externas para toda la vida. 
Armendariz admite que trabajar en esas condiciones es inhumano. Los médicos laboran de lunes a sábado, no hacen guardias nocturnas porque no podrían llevar la carga del día. Lo peor viene cuando uno de ellos debe salir de vacaciones; allí, el galeno que queda debe “afrontar todo solo”. 
En 2015, el exjefe de la Unidad, Hermes Pacheco Díaz, un galeno que dedicó casi toda su vida a atender a este tipo de pacientes, falleció. Su lugar ha quedado vacío desde entonces, no solo por su ausencia física, sino que desde entonces la plaza no ha podido ser cubierta pese a las convocatorias del hospital. “Es que atender pacientes quemados es impactante, casi ningún médico quiere venir aquí o se van rápido. Aquí hay que tener vocación”, dice apenado Armendariz. 
Otro punto en contra para contratar cirujanos plásticos es que la mayoría de estos especialistas prefiere dedicarse a la cirugía estética. Reconoce que la cirugía reconstructiva, que se aplica con los pacientes quemados, es mucho más difícil que aquella, que levanta senos caídos o forma cinturas de avispa. Con la labor de los médicos de este hospital se reconstruye vidas.   
 
TRATAMIENTO LARGO Y CARO
Un paciente con quemaduras permanece por lo menos tres semanas en la unidad. No obstante, dependiendo de la profundidad del daño (de primer a tercer grado) o la extensión de la superficie efectada (de 20 a 90%), puede permanecer hasta tres meses. 
Ello de alguna manera ha puesto al límite la capacidad de la Unidad, donde solo se cuenta con diez camas que siempre están llenas. “Cuando sobrepasamos nuestro límite, los pacientes se internan en hospitalización, pero eso no es la mejor opción”, reconoce doña Narda y advierte que también necesitan una Unidad de Cuidados Intensivos exclusiva para su área, porque un paciente quemado es especial, “siempre está en UCI”, reitera.
Los especialistas del lugar cuentan que el tratamiento de una quemadura además de largo es caro. Por día, cada paciente debe gastar entre 400 y 500 soles, aunque hay medicinas cuya unidad cuestan hasta 6000 soles. Los procedimientos generalmente son cubiertos por el Seguro Integral de Salud (SIS), pero debido al costo alto de los medicamentos, este seguro apenas logra cubrir el 60%.  Estos pacientes, además de comprensión, necesitan apoyo económico. 
 
ESPERANZAS
El doctor Aníbal Pepper, uno de los fundadores de la Unidad de Quemados, que hoy reside en Estados Unidos, cuenta que cuando esta área se creó, el 80% de los pacientes con quemaduras fallecían. Hoy el panorama ha cambiado, solo entre el 1 y 2% muere debido a que las condiciones de atención ha mejorado. El año pasado, la Unidad de Quemados no registró fallecidos. Este año, tres adultos mayores murieron pues tenían entre el 60 y 90% del cuerpo quemado. 
“Un paciente con más del 40% de quemaduras tiene pronóstico reservado. Si la quemadura es mayor, las posibilidades de fallecer se elevan al 70%”, dice el experto.   
Los que sobreviven, deben afrontar el trauma social. “Ver tu cara con queloides o marcada es terrible”, admite el galeno. A la vez, reconoce que hasta ahora lo que se puede hacer por un paciente quemado es muy poco, desde el punto de vista estético. 
“En el mundo es muy pobre el manejo del paciente quemado. Conocemos bien cómo funcionan los órganos, el sistema del hombre, pero no podemos hacer que crezca piel. Solo hay un banco de piel en Estados Unidos y otro en Chile”, dice. 
En ese sentido, explica que el gran problema para curar las marcas de los “quemados” es que un cuerpo dañado por el fuego, agua o descarga eléctrica no acepta la piel ajena.
“Les injertamos piel de cerdo para evitar que haya infección, pero eso es momentáneo, esta se cae a los 10 días, mientras no descubramos cómo regenerar la piel de un paciente que tiene destrozados tejidos, tendones, poco se podrá hacer”, confiesa.
Las marcas que dejan más daño, son las de la cara y cuello. “En ninguna parte del mundo se puede corregir (superficialmente) ello. La cirugía no es magia, es ciencia, muchas veces el paciente viene con la idea que le vamos a borrar todas las lesiones (… ) No existe algo que te devuelva tan igual como eras antes”, dice con gran pesar.
“Aquí recuperamos la función del cuerpo, de manos, pies, para devolver al paciente a la sociedad, para que trate de hacer su vida normal, lo que no podemos hacer es corregir todas las secuelas que pueda haber”, explica el médico. Él no pierde la esperanza que alguna vez todo ello cambie. 
 

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