Editorial: El adiós a Chaves Belaunde

13 de Noviembre de 2017
El Pueblo
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El Pueblo

Si el corazón de los arequipeños pudiera soportar una bandera, esta estaría a media asta por el deceso de Fernando Chaves Belaúnde, promotor del desarrollo de nuestra tierra, y reconstructor de lo que dejaron los terremotos de 1958 y 1960, que quiso pasar sus últimos años de vida viendo desde el séptimo piso de un moderno edificio de Cayma cómo crecía la ciudad en la que nació y siempre vivió, cómo desaparecía su hermosa campiña y cómo caminaba, siempre hacia adelante la gente que lo conoció como infatigable en sus afanes de trabajar y de crear riqueza para los demás.

Era indoblegable, no solo en la voluntad de hacer, y de entenderse con la gente, sino en su comprobada honestidad, y en su singular capacidad a pesar de que solo se decidió a tener el cartón de su título profesional, pues antes prefirió aparecer simplemente como arequipeño y al igual que su primo Fernando, el presidente se empeñó en conocer todos los rincones de la región y en visionar proyectos de desarrollo, a la par que se asombraba de lo que hacía la gente para superar adversidades.
Un demócrata pleno y por eso supo de persecuciones y hasta de prisión. No cobró un centavo por ser presidente de la Junta de Rehabilitación y su peor dolor fue perder a uno de sus hijos en un accidente aéreo.
Sus nietos y bisnietos, así como sus hijos sobrevivientes, tienen razón en la devoción que le brindaban. No soñaba sino que diseñaba el futuro de Arequipa, entre sus amigos había hombres de realizaciones semejantes, como el padre Pozzo, fundador de Circa; José Domingo Choquehuanca, primer presidente de Aupa, o Enrique Mendoza Núñez, recordado prefecto arequipeño.
Es justo y necesario que Arequipa no lo olvide, por su ejemplo de vida, por sus cualidades personales, por su entrega y sobre todo porque honró las tradiciones de virtudes de quienes aquí nacieron para bien del país.
 
Enluta a toda la ciudad la lamentable desaparición de Fernando Chaves Belaúnde por sus bondades personales, su amor a Arequipa y la admiración que sentía por los hombres que hicieron historia, a la que él contribuyó con sus acciones. 
 

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