Editorial: La migración humana

16 de Octubre de 2017
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El Pueblo

Es un fenómeno común en todos los lugares del Perú y probablemente también del mundo.

Los terrenos de cultivo son abandonados por agricultores y campesinos, en el afán de buscar mejores condiciones de vida, de desarrollo personal, de educación y también de salud, y Arequipa percibió sus primeras llegadas de gente ajena que procedía de los distritos y de las provincias casi desde el inicio mismo de su existencia.
Se dice que los primeros migrantes fueron de Quequeña, pueblo de medianos agricultores que se vieron impulsados a buscar educación secundaria para sus hijos, en procura de verlos convertidos en profesionales, sobre todo abogados, médicos y militares.
Después llegaron de las provincias, con el mismo afán, y la presencia de los hijos motivó que con ellos vinieran después los padres y al final acudieron a la tierra de los volcanes quienes vivían en Puno y en Cusco, en busca de mejores empleos o huyendo de castigos naturales, que afectaron la agricultura o de un proceso de reforma agraria equivocada.
En los últimos 25 años, según reveló la Gerencia de Agricultura, se estima en 200 mil quienes viviendo en el campo decidieron convertirse en citadinos, ingresar a las universidades o a los institutos politécnicos y miles de hectáreas fueron abandonadas a su suerte o vendidas a bajo precio, pues ya no les interesaban a sus antiguos dueños.
Esto no se detendrá, ni podría hacerlo nadie, pues no se puede negar el derecho a mejorar condiciones de vida, y dar a los hijos mejor destino del que tuvieron los padres.
Después de todo ser arequipeño es vivir en Arequipa, buscar con los que aquí nacieron un destino común que signifique prosperidad para todos.
Ese es el mestizaje arequipeño del que nos sentimos orgullosos.
 
El mestizaje comenzó con los agricultores y campesinos de los distritos, y creció con los de las provincias y regiones que vinieron en busca de mejor porvenir para sus hijos.
 

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