Editorial: La muerte de Szyszlo

12 de Octubre de 2017
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El Pueblo

La muerte de Fernando de Szyszlo y de su esposa, Liliana Yabar, enluta a todos los peruanos, pues se pierde uno de los hombres más valiosos de los últimos 200 años, que brilló en el 2000 y en los primeros años del 2017.

Condecorado con la Orden del Sol, en el grado de gran Cruz, y estimado como ícono del arte en el Perú, Szyszlo sintió pasión por la pintura y escultura, pero también fue un hombre sensible a la política y a la búsqueda de un mejor porvenir para todos los peruanos.
Se calcula que deja una herencia de alrededor de dos mil obras, que están en museos de todos los países, y no se olvidará su lucha al lado de Mario Vargas Llosa, quien lo sedujo para recuperar la democracia en el Perú y mantener un afán democrático que alternó con el afecto por los jóvenes, a quienes predicó en favor del bien de la verdad y de la pureza de intención.
Lamentablemente su muerte ha ocurrido en un momento en que los peruanos estaban ganados por la tensión de un torneo de fútbol mundial en el que hemos destacado, no solo por las bondades de juego, sino por la sintonía de unidad y de patriotismo que han identificado a jugadores y pueblo con la enseña patria que llevaron en el pecho.
Szyszlo se va y quiere que sus cenizas es esparzan en el mar, como testimonio final de su afecto por lo que baña a todos, alimenta desde el incario a los habitantes de esta parte del mundo y fue origen de su excepcional arte.
El país siente pesar por lo ocurrido con él, pero convencidos estamos, como él también lo declaró que habrá otros artistas que sigan sus huellas, prestigiando un país que tiene bondades que diariamente nos enriquecen y siguen su ejemplo.
 
El Perú está de duelo por la muerte de Fernando de Szyszlo. No solo fue un artista extraordinario, y probablemente único, sino también un varón que tenía la mejor de las visiones sobre el Perú del futuro.
 

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