Editorial: La reforma del Consejo Nacional de la Magistratura

08 de Agosto de 2017
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El Pueblo

Mayorías ciudadanas estaban solicitando, desde hace tiempo, una reforma en la composición y funcionamiento del Consejo Nacional de la Magistratura para contribuir a recuperar el prestigio alicaído, según encuestas públicas, del Poder Judicial y del Ministerio Público.

Estos deseos no fueron atendidos, en los últimos lustros, por los gobiernos de turno que muchas veces se beneficiaron por la influencia política que ejercían sobre magistrados que no fueron lo suficientemente valientes para sostener su independencia y juzgar estrictamente de acuerdo a ley.
Había, pues, la necesidad de provocar un debate nacional sobre el tema que necesariamente debería definirse en el nivel parlamentario. Será por eso, y no de seguro con la intención que ahora se denuncia por parte de interesados, de dominar a los magistrados, que el 28 de julio último el mandatario Kuczynski, se animó a entregar al mismo presidente del Congreso, un proyecto de ley que resulta polémico, pero que abre la puerta al debate requerido inevitablemente.
Nadie puede dudar del buen propósito de revisar la composición y la forma de evaluación que el Consejo Nacional de la Magistratura hace con respecto a vocales supremos, superiores y jueces de primera instancia y también de los fiscales que deben cumplir con reconocimiento ciudadano la tarea que el Estado tiene para administrar justicia.
Para nadie es un secreto que determinados partidos políticos han logrado colocar en la magistratura a gente de sus colores, y no será solamente para darles empleo, sino para protegerse. Pero los tiempos cambian y nadie podrá negar que hasta ahora y en este gobierno los magistrados gozan de libertad plena para investigar, acusar y detener para su juzgamiento ajustado a derecho, incluso a expresidentes de la República.
Eso es lo que se quería y quiere en una nación que no puede seguir soportando juicios de medio o de más de medio siglo. Necesitamos una justicia rápida, eficiente, al margen de cualquier interés subalterno donde el juez o el fiscal sea hombre respetado y admirado por la comunidad, por su independencia y el estricto cumplimiento de sus deberes.
 
La fórmula de recomponer el Consejo Nacional de la Magistratura no debe ser impuesta, sino objeto de un debate colectivo en el que se tenga en cuenta la exigencia de opinión pública para que el Poder Judicial y la fiscalía sean todo lo bueno que debe ser un poder independiente.
 
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