Editorial: Las zonas azules

14 de Noviembre de 2017
Fuente de la imagen: 
El Pueblo

El problema del transporte en Arequipa no tiene cuándo acabar y cada acción municipal que se orienta a paliarlo siempre tiene observaciones y consecuencias que termina pagando la imagen del alcalde Alfredo Zegarra.

Ante la desazón provocada por el trabajo de las grúas en las zonas rígidas, la escasez de playas de estacionamiento y la ausencia de policías de tránsito al alcalde se le ocurrió crear las zonas azules en 30 lugares diferentes de la ciudad en donde se permitiría, solo por horas, el estacionamiento público privado.
Se encargó a la Sociedad de Beneficencia Pública efectuar el control y cobro de estos lugares y se decidió que 60 personas trabajarían en jornadas diarias de 12 horas, entre las 08:00 y las 20:00 horas, todos los días, excepto domingos.
Se olvidaron de consultar con entendidos sobre las bondades del sistema y las consecuencias están a la vista: a dos días de iniciarse la prueba, las críticas menudean.
El temor de todos es que la congestión vehicular empeore, se eleven los pasajes sobre todo en taxis, con destino al centro y por las cercanías de la Navidad la mayoría de la gente desesperará por no cumplir deseos de comprar con facilidad.
La zona azul puede aplicarse siempre y cuando se actúe con sentido común y se respete, por ejemplo, las salidas de carros, pero si se bloquean esos accesos las protestas menudearán y otra vez una idea que pudo ser buena estallará como una bomba en manos del municipio.
 
No todos aprueban las zonas azules proyectadas por el municipio y las bondades las discuten particularmente ingenieros y arquitectos que son expertos en urbanismo.
 

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