Editorial: Lo que falta por decir

12 de Julio de 2017
editorial el pueblo
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El Pueblo

El día de hoy se comenzarán a conocer detalles de lo logrado en el diálogo realizado ayer entre el Presidente de la República y la lideresa de la oposición y de la mayoría congresal, Keiko Fujimori, como una antesala de lo que el país quiere saber alrededor del segundo año de gestión del régimen que se instaló en el 2016.

Lo que vendrá seguidamente serán los lineamientos del proyecto de acción gubernamental de los siguientes doce meses, y específicamente de lo que le dirá en su mensaje a la Nación el jefe del Poder Ejecutivo, el 28 de julio y en el Congreso de la República.
Existe esperanza fundada de que el diálogo iniciado ayer, y lo que se anunciará el 28, permitirán al país enderezar entuertos y posibilitar reaceleración de la economía, aliento a la inversión e inicio de la gran tarea de la reconstrucción nacional en lo que nos dejó el Niño Costero y los daños provocados en el Norte por lluvias e inundaciones.
La verdad es que estamos detenidos hace ya bastante tiempo, esperando no sabemos qué, mientras que en todo el país se desalienta la inversión y no se crean empleos, a la par que subsisten entrampamientos que no resultan útiles para satisfacer  los favorables deseos descentralizadores en todas las regiones que no estén vinculadas al quehacer limeño.
No solo hay que estrecharse las manos, sino hay necesidad de juntar brazos y cerebros para sacar del entrampamiento en el que nos encontramos a todo lo que sea indispensable para alentar un progreso deseado y urgentemente requerido por quienes ven con ojos asombrados, cómo se ha detenido el crecimiento nacional y cuán lejos estamos de las fundadas esperanzas que dieron origen a la gestión actual entorpecida por equívocos y por acciones innecesariamente lesionantes de la gente que nos gobierna. De seguro esta es una hora difícil, que obliga a repensar y a redoblar esfuerzos en procura de acercarse, unos y otros no para decidir temas simples, sino asuntos serios que interesan a la República y que no pueden seguir, como hasta ahora, confiados a la buena suerte y a los mejores propósitos, sino a la plausible labor de unirse por el Perú.
 
El diálogo de ayer debe ser el comienzo de un entendimiento mayor entre oposición y gobierno para devolver estabilidad a un país que quiere crecer y que no puede detenerse más en su camino.
 

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