Editorial lunes: la zona azul en el limbo

04 de Diciembre de 2017
Fuente de la imagen: 
El Pueblo

Como bien reconoce el propio alcalde de la ciudad, muchos de sus esfuerzos por cumplir sus deseos de bien servir a su ciudad natal, han tenido deficiencias y fallas que pueden y deben atribuirse a apresuramientos, ausencia de consultas con los entendidos o desinterés por parte de quienes formaron equipo para no dejarlo solo en el afán de hacer obra.

Es lamentable que eso haya ocurrido, y la percepción ciudadana la comparte ahora y señala que entre su empeño y el cumplimiento de objetivos por parte de sus funcionarios para mal de la ciudad que lo vio nacer sí existió.
Es posible que también haya afectado la tarea municipal, la persistencia de algunos de cuestionar todo el quehacer institucional y el señor Zegarra no ha vacilado en señalar, entre otros, los problemas que tuvo la comuna con la Contraloría General de la República, sus diferencias con la Gobernación Regional, con el Ministerio de Cultura, y con otros que pudiendo darle mayor apoyo, por desconocimiento de sus planes, no lo hicieron.
Pero no hay duda alguna, también, que ha habido apresuramientos en las decisiones y eso se ve ahora en el abortado programa de las líneas azules, destinado a lograr sitios de estacionamiento de corto tiempo en calles del Centro Histórico, reemplazando las zonas rígidas y supliendo la ausencia de suficientes playas de estacionamiento, donde todo aquel que tiene tarea por realizar alrededor del corazón de la ciudad, pueda guardar sus carros con seguridad, sin infringir reglas y facilitando la descongestión vehicular.
Ahora resulta que solo la tercera parte del total de lugares marcados como zonas azules funcionan como tales, y todas las demás que fueron señaladas con el color mencionado están violando reglamentos y sus conductores y vehículos resultan multados y llevados a depósito.
El remedio supuesto demostró que era peor que la enfermedad misma, la zona azul tiene que ser revisada y es de lamentar que los propósitos para su creación hayan terminado en una frustración y además tampoco sirvieron para generar ingresos a la Sociedad de Beneficencia Pública que se encargaría de la cobranza, para invertirla en fines sociales.
 
Hay que hacer caso al alcalde de la ciudad, dándole el mayor apoyo  posible en su último año de gestión, confiando en que similar criterio tendrán sus regidores y funcionarios.
 
 
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