Arequipa

Alfredo Zegarra no quiere hablar del pasado

5 de enero de 2020

El exalcalde ya no quiere hablar de aquella derrota. Pero su excírculo de asesores da luces de lo que pasó.

Por: Roy Cobarrubia V.

Hay cuerpos con vendas, hombres con los estómagos cocidos, muchachos dormidos y exhaustos como si hubieran salido de una batalla en donde las bombas les destrozaron el alma. Entre ellos, mirando las camas, con una bata blanca, una camisa celeste y una tabla con papeles se encuentra Alfredo Zegarra. La exautoridad municipal transita entre sus pacientes del cuarto piso del hospital Honorio Delgado, Cirugía Varones, y combina muy bien, si vale decir en palabras grotescas, con esa barraca de recuperación humana. El hombre, ocho años alcalde de la Municipalidad Provincial de Arequipa (MPA), se recobra de la derrota del 7 de octubre de 2018, elecciones regionales y municipales, esa que sufrió una noche en que se resquebrajó su orgullo, su movimiento político, la imagen de aquel que nunca había perdido, y que curiosamente fue a dar a un lugar de sanación.

“No, ahora no quiero hablar de eso, para qué, ya pasó”, dice, y evita hablar sobre ese día, sobre sus supuestos amigos a los que señaló de haberlo “traicionado”. “Doctor, quería hablar sobre aquella vez en la Convención Minera, recuerda, esa vez en que me dijo que fueron desleales con usted”.

Pero calla y dice que otro día, que quizás mañana, porque tiene que ingresar al área de cirugía de manera urgente. Tiene que operar a un paciente programado. Luego se desaparece entre esos seres fríos y pedantes de color blanco que andan en el pasillo. Zegarra miente, parece que tantos años como alcalde aprendió eso de decir una cosa por otra, por engañar premeditadamente, con intención mitómana. Esa mañana Zegarra habla con un joven largo rato, en el área de emergencia, luego se dirige a la cochera y se va en su automóvil a un lugar desconocido, minutos después de haber dicho que se encontraba ocupado.

“Me traicionaron, fueron desleales. Decían para el doctor, el doctor dice, el doctor pide, y yo nunca pedí, ni requerí nada”, contó en Perumin 34 en una conversación espontánea, en uno de los hangares del Centro de Convenciones de Cerro Juli una mañana de septiembre.

Zegarra, dicen los militantes de Arequipa Renace (AR), grupo que fundó bajo el lema “Amigos siempre amigos”, perdió porque escuchó mucho a todos, porque le faltaron cinco mil votos, porque lo dejaron, porque expulsó y tomó decisiones erradas en momentos en donde debió ser un cirujano, exacto y preciso.

“El doctor es demasiado influenciable. Le decían una cosa y otra, y terminaba por hacer algo distinto a lo que se planeaba”, dijo Gilmer Condori, el hombre que estuvo al frente de las redes sociales en la campaña de Zegarra al Gobierno Regional de Arequipa, una campaña a la que llamaron “Unidos lo podemos todo”.

El 14 de agosto, Zegarra tenía que grabar un video saludando a Arequipa por su 478º aniversario. Lo único que tenía que hacer era leer y no lo hizo, porque él, era y es así, cambia a última hora de decisión. “Es para leerlo normal doctor, no como loncco”, le dijo Condori, y aun así Zegarra no le hizo caso. Tras la publicación del video y, en muy poco tiempo, comenzaron a vapulearlo con mensajes socarrones por las redes sociales. “No me hizo caso, luego terminaron por joderlo todo”, expresa Condori al recordar ese video que grabó Zegarra un 2 de octubre en un parque de José Luis Bustamante y Rivero, un video en donde el líder de AR se presentaba agotado, abrazado de un árbol, como pidiéndole a la gente que por favor lo deje vivir.

Pasan y repasan las enfermeras con sus caras de gansas, parecen odiar el trabajo, a sus enfermos. Zegarra no está en el cuarto piso, se ha ido temprano. Es la hora de visitas. Esa mañana como aquella vez del siete de octubre en que en el hotel Casa Andina recibió la noticia que quedaba fuera de contienda por 5 mil 53 votos, por debajo de su contrincante más cercano, Javier Ismodes, que obtuvo 92 mil 580 votos, se ha ido antes de tiempo.

“Zegarra no es desleal, los funcionarios al que él apoyó cuando era alcalde lo dejaron. Javier Ismodes, nos quitó nuestros votos, nuestra gente, y Joel Pinto, él nos fregó”, dice Carlos Velásquez, el hombre que agendó cada cita y reunión que tuvo Zegarra durante la campaña. Como ejemplo, señala a Raúl Cáceres quien fue candidato a la provincia de Castilla en un inicio por AR, y que luego cambió de opinión y se fue a las filas de Ismodes. La política es un ajedrez mágico al estilo de Harry Potter, las piezas se mueven y se destruyen. Joel Pinto, miembro de AR, un ser extraño con barba y mirada de perro rabioso, cambió el juego que Zegarra mantenía. “Yo no dejé al doctor, si me hubiera ido y me hubiera llevado a los candidatos, no hubiera votado por él, no hubiera, el día de las elecciones, tocado puerta por puerta en Islay, porque yo soy de allá, a decirle a la gente que vote por él”, dice Pinto. ¿El militante de AR acaso miente? Sus amigos, dicen que no terminó por convencer a los candidatos de la provincia de Condesuyos, jurisdicción que le encargaron liderar. “No hizo nada, por él es que perdió el doctor, solo con esa provincia pasábamos a la segunda vuelta, pero allí nunca tuvimos candidatos”, dice Velásquez.

Son las nueve de la mañana, Zegarra camina por ese pasillo abarrotado de hombres en recuperación, mira de frente y vuelve a decir: “Mañana, mañana a la misma hora, aquí en el cuarto piso”. Al lado hay una joven muy agraciada que coge con una mano una cama en donde duerme un chico. “¿Tu enamorado?”. “¿Qué?”. “Pregunto si es tu enamorado”. “No, es solo mi amigo”. La amistad, un sentimiento que pocos conocen, que pocos logran entender en una sala de hospital.

“Más que discrepancias hubo deslealtad por muchas personas, hubo un poco de buscar sus propias ambiciones políticas”, dice Ismael Ortiz, jefe de campaña de Zegarra en las elecciones al GRA, en una manera de señalar a sus amigos. Ortiz dice que muchos se fueron, dejaron al grupo, y no creyeron más en el líder del arbolito, símbolo de AR.

Entre los más cercanos se encontraba Daniel Muñoz, quien juró como regidor de la MPA hasta la muerte por Zegarra, y Ricardo Grundy, que fue regidor y asesor de la ex autoridad edil. El joven exmilitante de AR, señala a sus colegas de haber sido el debacle de su líder y nombra a Ortiz, Mario Melo (que fue regidor y secretario provincial de AR) y Marcos Hinojosa Requena (exgerente de Transporte y Seguridad Ciudadana, ambas gestiones cuestionadas). Otro, que aunque no lo dice, es Grundy que se alejó porque observó que la situación interna de AR no daba para más.

Diez de la mañana, esta vez en el área de consultorio externo del hospital General de Arequipa. Zegarra llama a sus pacientes. “Doctor, quedamos a las diez”. “Me olvidé”. “Le espero”. “No, imposible, tengo que hacer visita”. “No hay problema, le espero”. “No, mañana, palabra de hombre, a las nueve”. Miente una vez más, a los pocos minutos de su treta, camina con una mujer en dirección a la cochera del sanatorio, aborda su camioneta y se va. En una última visita promete que en una próxima vez se podrá hacer una entrevista, no sucede. Simplemente no desea hablar sobre su movimiento político, que después del proceso electoral quedó aparentemente dividido porque muchos renunciaron y otros, probablemente, dejaron de ser amigos.

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