Cultura

Algunos libros buenos para leer durante la cuarentena

18 de marzo de 2020
Fotografía: El Montonero

CÉSAR FÉLIX SÁNCHEZ
El Montonero

A estas alturas del partido queda claro que la cosa más espantosa del coronavirus en el Perú es el riesgo de ataques de estupidez masiva contagiosa, expresada en la locura por acaparar papel higiénico y víveres. Y, como siempre, también en la incapacidad estructural del Estado para afrontar emergencias que, para añadir insulto al daño, intenta además seguir con sus charadas publicitarias.

Sea lo que fuere y venga la peste o no –porque no hay que descartar el famoso dictum del alcalde limeño Federico Helguera de hace más de cien años sobre el aco…bardamiento de los gérmenes de ciertas enfermedades al llegar a nuestras costas –quisiera recomendar tres libros en esta columna, para la cuarentena, el teletrabajo o cualquier otra desgracia que limite la vita activa de nuestros lectores y los impulse a la contemplación. Están orientados hacia un público general y quizá puedan contribuir en algo a la necesaria formación del criterio en estas épocas tan atacadas por el prurito de opinar y discutir. Recordemos que en esta época el tiempo es un bien escaso, y sería una gran fortuna si a alguna persona en el Perú esta temporada aciaga le brinda unas horas libres para el estudio. Estas lecturas podrían ayudar a ‘amoblar’ nuestra mente en medio de tanto ruido.

El primero es un clásico universal del mundo hispánico, pero algo desconocido en el Perú, se trata de Historia sencilla de la filosofía, de Rafael Gambra Ciudad (cerca de treinta ediciones desde 1961). Cuesta creer que la España putrefacta actual haya podido producir a una figura de la sensibilidad y profundidad de Gambra (1920-2004) no hace tanto tiempo. Libros suyos como El silencio de Dios o El exilio y el reino nos revelan a un pensador sereno pero profundo, no a alguno de esos profesores cascabeleros y bufonescos de todas las líneas doctrinales, que pretenden saber más de lo que en verdad saben llenándonos de ruido insustancial y que, lamentablemente, son tan abundantes en la península ahora.

Historia sencilla de la filosofía es, como su nombre lo indica, una introducción fácil a la reina y señora de todas las ciencias racionales. Los cuatro primeros capítulos son inigualables: una verdadera obra maestra tanto de breviloquentia como de elegancia, que nos sumergen de lleno en la actitud filosófica y en los fines y objetos de esta disciplina. He conocido a muchas personas de buena intención que a veces, por haber estudiado en las universidades peruanas en los tiempos del viejo marxismo inquisitorial y inframediocre, que era la dogmática confesional de entonces, guardan cierto prejuicio por la filosofía, a la que consideran una herramienta charlatana de contrabando ideológico y oscurecimiento de la realidad. Este libro es el perfecto antídoto para esto, y es además un viaje guiado por el mejor de los cicerones en la aventura del hombre, llena de cumbres y abismos, por comprender la realidad y a sí mismo.

El segundo responde a una pregunta urgente: ¿ha fracasado el cristianismo? ¿Puede ser reemplazado, sea pacíficamente ad intra, o violentamente ad extra, por una nueva religión política totalitaria secularista que pretenda conducir al hombre a un paraíso en la tierra? ¿Es cierto que los hombres son hermanos y que están ligados todos por un destino inextricable? ¿La política puede justificar la maldad si se orienta a un progreso general? Estas graves preguntas que, en mejores tiempos, captaron la atención de Donoso Cortés, Hegel, Nietzsche Eric Voegelin, Karl Löwith o incluso de nuestro paisano Mariátegui, fueron respondidas de una forma trágica y honesta en Los hermanos Karamazov (1880), última novela de Fiódor Dostoievski, quizá uno de los novelistas cristianos más grandes de todos los tiempos. El petersburgués, verdadero representante de la auténtica genialidad literaria, refutó en toda su obra al bolchevismo y al nazismo antes de que aparecieran. E incluso anunció, según dicen recientes investigaciones, la aparición de la teoría de la relatividad y de las geometrías no euclidianas. Aunque el mundo grotesco actual quizá no lo comprenda, hay que volver a las grandes preguntas metafísicas y teológicas y esta novela puede ayudarnos en eso.

Finalmente, aconsejo hacerse con urgencia de cualquier antología de poesía del Siglo de Oro español. No hay mejor profilaxis para el alma que leer, memorizar y recitar cualquier oda de fray Luis de León, en especial, Noche serena. Y si allí también están Quevedo, lo mejor de Lope, San Juan de la Cruz y Góngora. Pues no se diga más, será menester las más altas y musicales notas de los doctos varones ya difuntos. Una de las cosas mejores de la educación básica en los tiempos de nuestros padres y abuelos era el aprendizaje de los grandes poemas de la literatura española, hispanoamericana y peruana. Ahora ya no se hace. Creo que ni siquiera se enseña ya lengua y literatura castellanas, sino un amasijo indigesto llamado Comunicación, donde los cómics, el hip-hop y otras lindezas comparten el espacio con un poquito de gramática y de literatura juvenil. Y tenemos también enfoque de género a pasto.

En fin: he aquí mis recomendaciones literarias para estos tiempos de pánico real o ficticio. ¡Buena lectura, buena cuarentena y mejor cuaresma!

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