Arequipa

Arequipa y los chilenos en tiempos de guerra

15 de febrero de 2015
Arequipa y los chilenos en tiempos de guerra
Por: Lino Mamani A.

Nunca antes, el heroísmo de los arequipeños fue puesto en duda, que en tiempos de la guerra entre el Perú con Chile, iniciado en 1879. Historiadores  cuentan que los ciudadanos se negaron a ofrecer resistencia a la invasión de las huestes chilenas en la Ciudad Blanca.

-Estoy confundido por estas versiones Tuturutu, tú que estuviste presente durante la Guerra del Pacífico, has de absolver mis dudas –le  pedí al cornetista que siempre tiene una nueva historia para contar.


¡Ah! La Guerra del Salitre, ocurrida por ambiciones chilenas. Cómo no recordar aquellos momentos de zozobra y confusión en los habitantes. Aquellos tiempos en que Arequipa fue la capital temporal del Perú. Aquellos cuando malas autoridades jugaron en contra de algunos visos de resistencia contra los enemigos.
 
-¿Cuéntame cómo ocurrió?

Los chilenos ocuparon Lima en 1881. Tras ello una “Junta de Notables” eligió como presidente provisorio del Perú, al jurista arequipeño Francisco García Calderón, quien trató de iniciar las relaciones de pacificación entre ambas naciones. Se negó tajantemente a que en las negociaciones se ceda territorio peruano. Esto generó la molestia de los sureños, quienes pretendían con él apropiarse de Arica y Tarapacá. Para presionarlo, lo apresaron y llevaron a Chile para obligarlo a firmar la paz concediendo las dos provincias que eran del país.

En su lugar, asumió el cargo el vicepresidente, Lizardo Montero, quien estableció estratégicamente su gobierno en la Ciudad Blanca, el 30 de agosto de 1882, para planificar la resistencia en contra de los invasores, siendo recibido él y sus soldados por los arequipeños con júbilo y con desfile militar. Así Arequipa se convirtió en la Capital de la República declarada formalmente el 04 de setiembre. Los habitantes en ese entonces desconocían lo que se venía.

-¿Qué ocurriría?

Hubo conflictos internos. El jefe militar del Norte, Miguel Iglesias, se rebeló contra Montero por no acabar con la guerra cediendo territorio. Él sería decisivo más adelante. Mientras la invasión chilena a la tierra del Misti estaba cerca, debido a que era la última resistencia y también la última campaña militar que aguardaban.

Por eso Montero, desde la prefectura que funcionó como Palacio de Gobierno, organizó la resistencia, con ejércitos militares y civiles.

-Dicen que los arequipeños no quisieron luchar y no apoyaron en la guerra…

Es falso.  El investigador, Mario Rommel Arce, me contó que el alcalde de Arequipa de entonces, José Moscoso Melgar, en su memoria municipal escribió que las señoras ofrecieron confeccionar camisas para las tropas, que eran de cerca de siete mil. Mientras que un año antes, también los arequipeños donaron sus joyas y alhajas para la compra de un buque blindado para el combate.

Incluso, el desaparecido diario La Bolsa, el 15 de marzo de 1880, publicó un artículo de Hipólito Sánchez Trujillo que decía “¡Armas! ¡Armas! pide Arequipa con la desesperación del león aprisionado, del águila que en cadena ve despedazar a sus hijos, vengan ellas y servirán no sólo de égida invulnerable de nuestro suelo sino de poderosa ayuda contra el infame invasor que aprovecha de nuestra situación indefensa”. Se dice que lograron reunir cierto armamento para hacer frente.  Esto, da clara evidencia que los mistianos sí querían enfrentarse a los contrarios.

-¿Entonces por qué se declinó en enfrentar la invasión?

Hubo muchos intereses. Mientras un sector de arequipeños quería enfrentarse a los mapuches, la clase adinerada, así como el Concejo Municipal, se oponía a un enfrentamiento en la Ciudad Blanca. Los vendedores habrían sufrido la reducción de ventas con la guerra y no se iban a exponer a los saqueos, robos y violaciones,  que las tropas enemigas hicieron en otras ciudades.

El vicepresidente Montero, en una masiva reunión en la Plaza Mayor, ordenó el retiro de las tropas que estaban en Moquegua hacia Puno -ante una posible invasión en este lugar que fue desprotegida por el ejército boliviano- y de la Guardia Nacional de Arequipa. La población local se enardeció.  Consideraron la retracción como una traición y se sublevaron.

Cogiendo armas de fuego dispararon en contra de los soldados. Incluso Montero recibió una bala en su quepí y para salvaguardarse huyó de Arequipa aquél 25 de octubre de 1883. Quien no tuvo suerte fue el teniente alcalde, Diego Butrón, quien por ser uno de los que apoyaban la ocupación sin batallas, también intentó escapar pero fue alcanzado y matado en Mollendo.

-¿Cuándo llegan los chilenos a Arequipa?

El 29 de octubre de 1883, hacen su ingreso los enemigos por el valle de Tambo, Pocsi, Mollebaya, Characato y Paucarpata, donde firman el Acta de Rendición de Arequipa, con las autoridades provinciales. Sin embargo,  nueve días antes ya se había suscrito el Tratado de Ancón con el general Iglesias, quien en el documento que firmó permitió el dominio sobre Tarapacá y la ocupación por 10 años de Tacna y Arica.

“A las 7:30 p. m. se hallaban ya nuestras tropas en los suburbios de Arequipa, y durante media hora se hacía alto a fin de formar la tropa en filas de a dos en fondo y permitir que la noche hubiera cerrado por completo. Nada menos que estas precauciones eran necesarias para que tan heroico pueblo (Arequipa) no pudiese contar, avergonzado, el escasísimo número de 1300 hombres a que se habían rendido y que entraban (a la ciudad) ahora amos y señores”, publicó una correspondencia el diario El Mercurio, el 8 de noviembre de 1883.

Los vi en mi Plaza Mayor, donde pasaron la noche acurrucados en los portales, orgullosos de su hazaña. No hubo enfrentamientos, ni  saqueos de negocios, ni violaciones, ni asaltos. Los soldados chilenos fueron acogidos en la ciudad durante 1883 y 1884. Los foráneos campearon en la ciudad, instalaron sus tropas en las iglesias, incluso el jefe del Ejército chileno, José Velásquez, fue acogido en buenos hoteles, por el alcalde de la ciudad, Armando de la Fuente, quien se preocupó porque no falte  comida para los invasores, forraje para los equinos, entre otros servicios.

-¿No hubo enfrentamientos?


El día que los sureños llegaron a Arequipa, ocurrió un problema en Quequeña. El soldado chileno, Juan Fernández le robó el reloj al campesino, Mariano Linares.  Días después, una patrulla chilena conformada por el sargento Francisco Agustín Román y los soldados, Juan Fernández y Francisco Valdevenito, acudió a Pocsi para recoger las armas que los peruanos dejaron.

Los chilenos se embriagaron y cometieron abusos, violaciones, peleas, robos e incluso quisieron prender fuegos a los poblados por donde pasaban. Fernández quiso abusar de una joven en una picantería de Yarabamba, quien tras resistirse fue amenazada de muerte. Los pobladores, entre ellos Linares, salieron en su ayuda y desarmaron a los sujetos.

La noche del 22 de noviembre Linares y sus amigos, tras ser buscados por el trío en el pueblo de Buenavista, procedieron a atacarlos. Fernández y  Román, murieron mutilados. Valdevenito sobrevivió y avisó de lo sucedido.

La arremetida chilena no se hizo esperar. Y el 24 de noviembre, un contingente de chilenos, llegó al pueblo con 60 prisioneros de Yarabamba y Quequeña, de los cuales 26 fueron acusados de cómplices en el asesinato. Seis de ellos fueron condenados a muerte y 20 a flagelaciones con 100 azotes, como lo reportó el cura de la parroquia de Pocsi, Emeterio Retamozo, en una carta escrita cuatro días después.

Fue así como llegaron los chilenos a la Ciudad Blanca. Por estas razones, es que muchos piensan que Arequipa no quiso resistirse, pero como verás hubieron otras acciones que marcaron el destino. Además, el tratado de Ancón fue firmando días antes de la llegada chilena.

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