Arequipa

Congreso de la República: Los orígenes de la renovación por tercios

31 de julio de 2018

El Congreso de la República afronta una propuesta del gobierno para que sus miembros no sean reelegidos y tener una renovación pro tercios.

Por Mario Rommel Arce Espinoza
Lo que propuso el presidente Martín Vizcarra en su mensaje a la nación no es una novedad en nuestro sistema parlamentario. En el Perú ya hubo renovación por tercios, pero creó inconvenientes políticos, porque el tercio anterior era una pesada herencia para el nuevo gobierno. De ahí que la Constitución de 1920 optó por la renovación total del Congreso, de manera simultánea con la presidencia de la república.

La primera Constitución de 1823 estableció el sistema unicameral. Se crea un Senado conservador, que duraba 12 años y cuya renovación debía hacerse por tercios cada 4 años.

Esta Constitución estuvo vigente poco tiempo, ya que el propio Congreso la declaró en suspenso, para crear la Dictadura que permita al Libertador Simón Bolívar consolidar la independencia peruana. Vuelta a restablecer en 1825, fue reemplazada por la Constitución “vitalicia” de 1826.

Fue recién con la Constitución de 1828 que se estableció el sistema bicameral: una Cámara de Senadores y otra de Diputados.

LAS DIFICULTADES.
El jurista arequipeño Toribio Pacheco, comentando la Constitución de 1839, en su folleto titulado “Cuestiones Constitucionales” (1854), se preguntaba, refiriéndose a la renovación por tercios y mitades del Congreso: ¿cómo se entiende esta palabra renovación? Que en la práctica, decía, impedía la reforma de la Constitución, por las varias veces en que se renovaba el Congreso.

SUS VENTAJAS
El artículo 57 de la Constitución de 1860 decía: “Las Cámaras se renovarán cada bienio por terceras partes, al terminar la legislatura ordinaria”. Sobre el particular, el jurista limeño Luis Felipe Villarán, en su obra “La Constitución comentada”, decía lo siguiente: “Por este medio, se conservaba el espíritu de tradición, se evitan las transiciones bruscas en la política y en los propósitos parlamentarios, y las agitaciones electorales son menos generales”. Sin embargo, propone renovar la Cámara de Diputados por mitad cada dos años, y la de Senadores, por terceras partes, cada dos años también.

LA EXPERIENCIA HISTÓRICA PERUANA.
La renovación por tercios trajo muchos problemas, sobre todo a los gobiernos nuevos que heredaban del anterior un tercio parlamentario que, por lo general, pasaba a la oposición.
Tenemos el caso del llamado “bloque” civilista, que desde el Congreso hizo oposición al presidente Augusto B. Leguía. Gobernaba el país desde 1908, y la labor obstruccionista de la mayoría civilista en el Congreso lo hizo decidir por apoyar la acción del pueblo.

La oportunidad se presenta el 13 de julio de 1911. Al grito de “Viva el Perú” “Abajo la traición” el pueblo rechaza la maniobra civilista de querer tachar a los representantes gobiernistas electos, siendo obligados a abandonar el Congreso. El tercio elegido fue incorporado al parlamento.

Era una práctica electoral de entonces la aprobación de dos actas distintas o diferentes para una sola representación, lo que obligaba a los demás congresistas a ser juez y parte en el proceso de calificación. “Era rumor público (cuenta Luis Alberto Sánchez) que el grupo bloquista ganaría el tercio y se decía que en ese caso, el Presidente de la República sería destituido y lo reemplazaría don Antonio Miró Quesada, miembro prominente de la Cámara de Diputados”.

INTENTOS POR REFORMAR LA RENOVACIÓN POR TERCIOS.
El presidente Guillermo Billinghurst buscó reformar el sistema de renovación por tercios, con otro de renovación simultánea a la elección del Presidente de la República, y por igual periodo. En esta época también los civilistas fueron oposición desde el Congreso. Y antes que Billinghurst ordenara cerrar el Congreso, este le dio un contragolpe el 4 de febrero de 1914. El movimiento cívico-militar que derrocó a Billinghurst estuvo encabezado por el coronel Oscar R. Benavides.

En su “Manifiesto a la Nación”, suscrito desde Arica en octubre de 1914, Billinghurst denuncia que las reformas constitucionales, entre ellas, la renovación total del Congreso, simultáneamente con la elección presidencial, han servido de pretexto para subvertir el orden.

Fue el jurista arequipeño Mariano H. Cornejo el mentor de esas reformas que no llegaron a concretarse con Billinghurst, pero que años después se harán realidad.

LA AMENAZA DE PROBLEMAS EN EL SEGUNDO GOBIERNO DE LEGUÍA.
Sí. En 1919, simultáneamente a la elección de asambleístas, se sometió a plebiscito la aprobación de un cuerpo de 19 reformas constitucionales, destinadas a remozar la vieja Carta de 1860. Entre ellas figura la renovación total del Poder Legislativo coincidente con la renovación del Poder Ejecutivo.

La experiencia de su primer gobierno, que se enfrentó a la torva oposición civilista, resuelve a Leguía a acabar con la fuente del mal -en palabras de su biógrafo Manuel Capuñay-, superándola con la reforma plebiscitaria de la Carta Política de 1860.

Esta reforma suprimió la renovación por tercios, persiguiendo así (señala otro biógrafo de Leguía, René Hooper López) asestar un golpe a las “camarillas parlamentarias nocivas a los intereses de la nación”.

ACTUALMENTE, ¿ES APLICABLE LA RENOVACIÓN POR TERCIOS?
Son épocas diferentes, otros son los actores políticos y otras las demandas sociales. El Congreso de hoy, lamentablemente, se encuentra desprestigiado. Como casi siempre, ha perdido credibilidad ante la opinión pública que busca mecanismos de control y sanción para los congresistas.

La propuesta de renovar por tercios el Congreso es viable, en la medida que permite satisfacer una demanda social, pero no perdamos de vista la historia, para aprender de las experiencias pasadas.

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