Arequipa

Editorial: Lo que se quiere reconciliar

El término de reconciliación tiene, en el actual momento de la política peruana, distintas interpretaciones de acuerdo al cristal con que se miren las cosas y todo indica que no están perfectamente definidas las líneas impulsoras de una acción de gobierno que se oriente a solo sumar y a nada restar.  Un gabinete de reconciliación nacional debiera empezar por tener la idea de promover un diálogo directo entre los que fueron los dos candidatos que llegaron a la segunda vuelta y que desde entonces no han podido entenderse en forma alguna. 

9 de enero de 2018
Editorial: Lo que se quiere reconciliar

El término de reconciliación tiene, en el actual momento de la política peruana, distintas interpretaciones de acuerdo al cristal con que se miren las cosas y todo indica que no están perfectamente definidas las líneas impulsoras de una acción de gobierno que se oriente a solo sumar y a nada restar. 

Un gabinete de reconciliación nacional debiera empezar por tener la idea de promover un diálogo directo entre los que fueron los dos candidatos que llegaron a la segunda vuelta y que desde entonces no han podido entenderse en forma alguna. 

Hay también que reconciliar al gobierno que representa PPK con las víctimas de los abusos de poder de Alberto Fujimori, ser recibidos por el presidente PPK y tener oportunidad de dialogar sobre cuáles serían los merecimientos para que las víctimas perdonen a quienes les privaron de la vida durante la guerra interna.

Otros países, y especialmente Colombia, que vivió durante medio siglo en medio de una violencia fratricida, se encuentran hoy al borde de elecciones para renovar gobierno y también para consolidar un acuerdo de paz que el mundo saludó con el entusiasmo propio de quien ve realizado  un buen deseo.

Por eso insistimos en que el Santo Padre en su visita a Madre de Dios, Lima y Trujillo pueda influir en devolver paz a intranquilos espíritus  y dar fortaleza a quien parece haber perdido brújula para bien gobernar con habilidad y con deseo de reducir brechas que nos separen no solo con el pasado, sino también con la promesa de realización de un futuro que no puede detenerse.

El gabinete de la reconciliación no servirá para nada si se siguen haciendo tratos debajo de las mesas y sorprendiendo a una ciudadanía que ya está harta de que se le ofrezca lo que no pueden cumplir los gobernantes y solo está pensando en que lo mejor que puede ocurrir es que los años, los meses y los días se apuren en su marcha para que lleguemos  a un nuevo régimen en el Bicentenario de la Independencia.

 

La reconciliación tiene que darse no solo en un entendimiento para gobernar, sino también para perdonar sin olvidar evitando que se repita la vergüenza de otro tiempo.

 

"Año del Diálogo y la Reconciliación Nacional"

 

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