Arequipa

Editorial: Prudencia con Tía María

9 de mayo de 2018
El problema de Tía María puede tener solución ahora más que antes, pues las posiciones de la empresa parecen haber cambiado y el Estado se anima a intervenir como árbitro en la diferencia entre agricultura y minería.

Fueron lamentables los hechos que terminaron con pérdidas de vida y daños económicos en la oposición del pueblo de Tambo, y especialmente de los agricultores de la zona, cuando se pretendió imponer la explotación de la mina de Tía María, a pesar de la oposición colectiva y de las autoridades y de los pueblos de Islay.

Desde entonces se advirtió que el Estado rehuyó tratar el fondo del problema y prefirió dejar que el asunto se resolviera solo, lo que en la práctica resultó imposible y hasta temerario.

Lo más importante es llegar a un acuerdo satisfactorio que aliente a las inversiones y que respete el medio ambiente, como lo demandan los habitantes de Tía María, y el Estado está en la obligación de alcanzar esa meta para asegurar la inversión allí y también no desalentar a quien quiere poner su dinero en el país.

Hay que reconocer que la empresa Southern ha hecho esfuerzos diversos para mejorar su fórmula inicial de penetración en la comunidad tambeña.

Ese es un buen comienzo para alentar una conversación franca, transparente, que puede y debe interesar a todos, pues los éxitos de Moquegua como gobierno regional, entonces presidido por Martín Vizcarra, evidencian que se puede obtener ventajas de la minería para trasladarlas a la educación, por ejemplo, o a la salud pública, convenciendo a las poblaciones con verdades y en su defensa.

Está abierto un nuevo camino en Tía María y el Gobierno tiene la oportunidad de erigirse en árbitro y en defensor de los derechos legítimos de los pueblos, procurando una concertación necesaria entre agricultura y minería, que como se evidencia en otras partes del mundo, es posible y necesaria para que todos puedan sentirse satisfechos de encontrar soluciones en un clima amigable, sin cartas bajo la mesa y pensando siempre en el interés de la gente antes que en cualquier otro valor.

El problema de Tía María puede tener solución ahora más que antes, pues las posiciones de la empresa parecen haber cambiado y el Estado se anima a intervenir como árbitro en la diferencia entre agricultura y minería.

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