Arequipa

En peligro, al pie de un volcán

22 de julio de 2018

El Pueblo visitó el anexo de Cari Cari La Victoria en donde viven treinta familias a escasos 15 kilómetros del coloso de lava. En su mayoría adultos mayores dedicados a la agricultura sienten que su suerte está echada si el volcán tutelar de Arequipa erupciona.

Por: Jonathan Bárcena
Fotos: Adrián Quicaño

A 30 kilómetros al sur este de la ciudad de Arequipa se encuentra el distrito de Chiguata, jurisdicción conformada por 26 pueblos en donde habitan cinco mil personas, en su mayoría, adultos mayores. La chacra es su fuente de vida, 1020 hectáreas de cultivo de pan llevar, orégano y alfalfa son sembradas al pie del volcán Misti.

Toma una hora llegar hasta este distrito en la única línea de servicio público que trabaja en el sector. El viaje inicia desde el distrito de Miraflores, pasar por Mariano Melgar y Paucarpata para luego tomar la carretera árida en medio de las invasiones a los cerros. A lo lejos el volcán sigue calmado.

Por esta temporada el cielo nublado es una constante, el viento sopla disimuladamente y el frío abraza el cuerpo. A lo lejos el volcán está nevado. El alcalde Gregorio Corrales Delgado explica que el nombre de su distrito deriva de dos palabras quechuas: Chiri y Guata, juntas significan todo el año frío.

“Tenemos 478 años de fundación española, pero Chiguata existe hace 15 mil años en la época preinca, heredero de la cultura Puquina”, contó.

La plaza mayor del distrito está ubicada a escasos 19, máximo 20 kilómetros, del cráter del volcán. Los especialistas del Ingemmet señalan que, en caso de una erupción, Chiguata sería uno de los pueblos más afectados. La evacuación tendría que ser masiva.

El alcalde confiesa que no tienen un plan de evacuación ante una erupción volcánica, al ver al volcán dormido nunca antes se preocuparon por realizar un documento de este tipo. Mas sí tienen un plan antisismos. Recién ahora que la entidad especializada les emitió una alerta, ordenaron al área de Defensa Civil identificar las rutas de escape.

“Muy aparte del simulacro del 22 de julio (hoy), nosotros vamos a realizar un ejercicio de este tipo para empezar a preparar a nuestra población, sin embargo, acatarán lo ya programado por las autoridades”, confiesa, quizá presionado por las preguntas.

Corrales sostiene que las quebradas de Huasamayo y Tintai son su protección ante el flujo de lava del volcán, sin embargo, por la naturaleza explosiva del Misti, no servirían de mucho. La lluvia de cenizas cubriría en minutos a la pequeña ciudad.

No obstante, en Chiguata se identificaron dos rutas de salida en caso de una erupción. La ruta de Cacayaco, Mosopuquio hasta Pocsi y la otra que es tomando las laderas de Simbral hasta llegar a la laguna de Salinas (carretera Panamericana antigua).

Corrales indica que su población estaría abandonada a su suerte en caso de una erupción, la ayuda desde Arequipa no llegaría, pues la carretera colapsaría por el cauce de las quebradas que cruzan la vía. En pocas palabras quedarían incomunicados.

“Perderíamos la comunicación con la ciudad de Arequipa y tampoco nos serviría de nada ir allá porque la erupción también la afectaría”, dijo.

En esta semana es posible que el plan de evacuación se concrete y en los próximos días se ejecute un nuevo simulacro distrital para evaluar el nivel de respuesta de la población. No se espera grandes resultados. Los especialistas señalaron en reiteradas oportunidades que los habitantes de Arequipa no están preparados para asumir la erupción.

RESIGNADOS A SU SUERTE

Son cerca de las 11 de la mañana, una nube coquetea con el Sol y por instantes impide el paso de los rayos solares. La población empieza a salir a las calles para empezar su jornal diario de venta de papa arrebozada, caldo de gallina, de lomos y verduras que se cosecharon hace pocos días. Se nota la frescura. Las habas son el producto insigne de este distrito.

Dejamos por un momento esta apacible vista y nos montamos en una camioneta. Nuestro recorrido nos lleva al anexo de Cari Cari La Victoria, un poblado aún más cercano a las faldas del volcán, está a escasos 15 kilómetros.

Un sendero angosto y zigzagueante en medio de las andenerías y la verde vegetación de diversa variedad de árboles y arbustos son nuestro acompañante por más de una hora de viaje. Por momento la trocha afirmada nos hace saltar en el interior de la camioneta.

Con el brillo solar llegamos a nuestro destino. Ni bien nos bajamos de la camioneta nos recibe un apacible ambiente. Las precarias casas en medio de los cerros y los árboles están cerradas con candados, la mayoría de la población está en la chacra sembrando, cosechando o regando.

Damos unos pasos y el sonido del cencerro anuncia la llegada de un pequeño rebaño de ovejas, por detrás, arrastrando una cadena, viene su pastor. Domingo Chacón Sahuanai tiene 72 años y toda su vida la dedicó al campo.

Tiene miedo de vivir de vecino junto al volcán, pero también está resignado a quedarse ahí si es que erupciona.
¿A dónde voy a escapar?, nos pregunta y antes que le demos una respuesta nos cuenta que sus chacras y animales están ahí. Como buen capitán, este humilde agricultor no abandonaría su barco que son sus hectáreas de cultivo y a su tripulación que son sus ovejas y cabras.

Don Domingo cuenta que desde 1965 su anexo de Cari Cari La Victoria se trasladó a este lugar, antes estaban kilómetros más arriba, más cercanos al volcán. El angosto espacio de las chacras hizo que sus abuelos buscaran espacios más amplios para sembrar.

“Vivimos 30 personas, todos adultos mayores. Los niños se han ido al sector de El Arenal donde hay colegios para estudiar. Los viejos nos hemos quedado aquí”, señala mientras avanza hacia el volcán siempre acompañado de sus animales.

Para estos pobladores el miedo es más por los abigeos que roban sus animales, más que por la cercanía al volcán. Por eso Eusebia Quico sale presurosa de su casita a darnos el encuentro y preguntar quiénes somos.

“Si el volcán erupciona moriremos noma pues, qué vamos hacer”, dice suelta de huesos.

A sus 76 años tiene alguna dificultad para caminar, pero eso no le impide ser la guardiana de su anexo.

Recuerda que de pequeña su papá la mando a trabajar en la ciudad. Por esos años el Misti emitía fumarolas y la población en Arequipa pensaba que iba a erupcionar.

“Toda la gente se disparaba a Lima, yo también me fui con la señora. Ya después de muchos años regresé y el volcán no había erupcionado, ya le perdí el miedo”, relata y se mete a su casa al agarrarnos confianza.

Una vuelta más al cerro en busca de más habitantes nos lleva a descender la ladera de una pequeña lomada espinosa, mientras en la base Guadalupe Sahuanai Quico ríe por nuestra accidentada bajada.

Ella nos cuenta que adentro, en la entraña del cerro, a los pies del volcán, están sus chacras de orégano.

“Yo no vivo aquí, vengo desde Camaná para regar las chacras que eran de mis padres que quedan allá arriba”, dice señalando al horizonte en dirección al volcán.

Confiesa que le da miedo el volcán. Asegura que la va a matar si erupciona y la encuentra en su vivienda de techo de calamina y adobe, pero inmediatamente después reflexiona y se pregunta a dónde iría si su familia y ella viven de las chacras.

La conclusión que queda es que las personas que viven o visitan de cuando en vez el anexo de Cari Cari La Victoria están resignadas a morir si es que el volcán erupciona.

Emprendemos el camino de regreso por el sinuoso camino para alejarnos un poco más del volcán y prepararnos ante una posible erupción.

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