Arequipa

Mario Rommel y la bendita obsesión por los libros

17 de febrero de 2019

Por: Roxana Ortiz A.
Fotos: Jorge Esquivel Z.

Enrique Azálgara Ballón, César Atahualpa Rodríguez, Jorge Polar, José Ruiz Rosas han sido directores de la Biblioteca Municipal de Arequipa, hasta cuando las autoridades le daban la verdadera importancia a esta institución. Mario Rommel Arce Espinoza ha recibido el encargo de devolverle su verdadero nivel al complejo Ateneo, lugar que para él no es nada desconocido, por el contrario, dice pasó allí los mejores momentos de su vida. Muchos pensaban era un trabajador más del lugar, porque acudía con un horario estricto todos los días a “devorar con ansiedad” los libros.

– ¿Por qué dice que la Biblioteca Municipal era su segunda casa?
Porque aquí prácticamente viví durante cuatro años. En el colegio no era buen lector a pesar que era buen alumno, ocupé el primer puesto, pero al salir me sentía vacío, insatisfecho, así que me dediqué a leer los libros que tenía en mi casa.

– ¿Qué pasó luego?
Algo inexplicable, surgió la pasión, la voracidad por leer. Me fui a la biblioteca, saqué mi carné y todos los días, con horario de lectura establecido ahí estaba. Ingresaba a las 8 de la mañana, salía a las 2 para ir a almorzar a mi casa, descansaba un poco y a las 4 regresaba hasta las 8 y media que me iba, porque ya cerraban.

– ¿Y la universidad?
No iba. (suelta una sonora y contagiosa carcajada). Iba eventualmente, ahora la asistencia a clases es más rígida. En ese tiempo lo que importaba eran los exámenes y la presentación de los trabajos. Además las huelgas universitarias eran prolongadas, de dos a tres meses y eso me desalentaba, por eso opté por la biblioteca.

– ¿Y sus padres no le decían nada?
Somos dos hermanos, yo era el benjamín y siempre dije que yo he sido bendecido, un privilegiado. Mi papá me apoyaba mucho, me impulsaba para seguir leyendo, me compraba mis libros y ahí comencé a formar mi propia biblioteca desde el primer libro y ahora ya tengo más de 5 mil. Tengo dos cuartos con estanterías de libros.

– ¿Cuánto tiempo acudió a la Biblioteca?
Como 4 años. Me enamoré de la biblioteca, me quedé ahí a tal punto que se volvió una obsesión porque no había día que no iba, y el día que no lo hacía, por motivo de fuerza mayor, me sentía mal, sentía que había perdido valiosas horas. Ir a la Biblioteca de lunes a viernes era sentirme vivo, tranquilo, en paz.

– ¿Y qué fue lo que lo sacó de ahí?
Ya había agotado los libros que a mí me interesaron. Yo me había sacado fotocopias de gran cantidad de libros de la biblioteca de la Unsa y los hice anillar; así que decidí ir a mi casa y leer toda mi colección. Ahí también tenía mi horario, de 8 a 2 de la tarde y de 4 hasta las 10 de la noche porque ya nadie me podía botar.

– ¿Eso se pudo convertir en una enfermedad?
(Ríe). Cuando había leído hasta esas horas de la noche, en mi mente afiebrada, pensaba que recién tenía derecho a descansar. No había televisión, no salía a la calle, no socializaba, no existía el mundo para mí fuera de los libros, ahora estoy pagando las consecuencias, porque me doy cuenta que socialmente he perdido tiempo. Han pasado los años y me he quedado soltero.

– ¿Pero es un soltero codiciado?
(Carcajada sonora). Ya quisiera, pero las chicas me huyen. Creo que por haber estado tantos años junto a libros antiguos se me ha pegado el olor a libro viejo (risas). He tenido algunas aventuras, pero han sido fugaces. Pero con los libros he sentido lo mismo que por una chica. Esa necesidad de ir a verla por leer. Me contagié de eso que llaman los franceses la “epidemia lectora”.

– ¿Al final qué va a hacer con su biblioteca?
Me imagino que donarla. Generalmente todas las bibliotecas mueren con sus dueños. Vendrá la esposa y querré usar los cuartos para poner una sala de juegos o un bar. O los venderán por 200 soles, tanto que invertí en ellos.

– ¿También ha hecho publicaciones?
Sí, tengo varios libros. Cuando era estudiante enviaba unos pequeños artículos para la página escolar del diario El Pueblo y me los publicaban. Un día los junté y me atreví a publicar mi primer libro. Era un mamotreto (ríe). Estaba mal editado, era terrible. Yo mismo los llevé a engrapar y les puse una pasta. Hice unos 20 de “Ensayos de Historia”.

– ¿Los diarios marcaron su inicio?
Con mi libro me fui al diario Arequipa al Día, cuando quedaba en Goyeneche. Me recibió don Carlos Meneses y con vergüenza le entregué mi libro, pero él muy cortés me felicitó y me invitó para que escribiera algunos artículos. “Vente los domingos que tengo más tiempo”, me dijo y yo ni corto ni perezoso ahí estaba desde las 6 de la tarde para que me ayudara con la redacción.

– ¿Tenía una columna ahí?
Envié mis artículos por 12 años. Cuando ya habían pasado unos años, Don Carlitos un día me dijo: “Te has ganado tu derecho a una columna, trae tu foto y el nombre que le vas a poner”. No lo podía creer, estaba emocionado, eso fue lo máximo, solo personas destacadas tenían su columna con su foto y allí nació “Historias Menudas”. Al pasar los 12 años seguí a mi mentor al diario El Pueblo y allí me dieron una página todos los fines de semana.

– ¿Siempre se interesó por la historia?
Al principio la historia fue una afición, luego se convirtió en una necesidad. Estudié Derecho en la Unsa, pero luego hice mi maestría en Historia en la San Pablo. Ya yo había investigado, leído y publicado mucho. Pero he leído de todo lo que me interesaba tanto historia como literatura contemporánea y moderna. Más bien era muy disciplinado, leía un libro y hasta no terminarlo no paraba.

– Ahora es uno de los historiadores más conocidos de Arequipa.
Publicar en los diarios fue una gran tribuna para mí. Me comenzaron a conocer, creían que yo era un historiador. Eso me abrió muchas puertas. El doctor Juan Manuel Guillén me leía y un día decidieron crear la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa y me propuso estar al frente y ahí estuve durante ocho años. Creemos que hemos dejado un gran legado para Arequipa, con ciertas deficiencias, pero ahí está.

– ¿Qué pasó con su libro de ensayos?
Solo me queda uno y de casualidad, porque estaba dispuesto a regalárselo al doctor Eusebio Quiroz Paz Soldán, porque para mí era todo un personaje. Lo fui a buscar a la universidad, pero no lo encontré. Cuando ya tuve la oportunidad de conocerlo le conté del libro y me reclamó el por qué no se lo había entregado. Hasta dedicatoria tenía, pero ahora lo guardo con cariño.

– ¿Qué planes tiene para la Biblioteca Municipal?
Estamos elaborando todo un plan estratégico, no solo para este lugar, sino para todos los distritos de la ciudad, vamos a generar una red de bibliotecas, queremos que los niños y jóvenes se interesen en la lectura, para que a través de ellos encuentren una ventana al mundo que te da miles de opciones. Yo sé que no todos tendrán las mismas posibilidades que yo tuve, pero queremos aunque sea darles una oportunidad.

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