Arequipa

Mujeres que eliminaron la violencia y el alcoholismo de su pueblo

6 de abril de 2018
Mujeres que eliminaron la violencia  y el alcoholismo de su pueblo
En los pueblos ubicados en las zonas altas de la región Arequipa, lo normal era que los hombres bebieran alcohol todos los días, entonces era la mujer la encargada de cuidar al resto de la familia, siempre y cuando esta no haya sucumbido también a su consumo, entonces los hijos quedaban en estado de abandono y muchos de ellos, a muy corta edad, se iniciaban en el alcoholismo.
A ello se sumaba que el licor que les vendían era completamente adulterado, un licor que era producido en Bolivia y que era ingresado como contrabando, y que también era comercializado, y aún lo es en algunas chicherías o huacterías existentes en la ciudad, que hacen que la persona se vuelva adicta en poco tiempo, pero que también termina con sus órganos destruidos.
En Tuti, distrito ubicado en la provincia de Caylloma, la situación no era diferente. El padre salía de la casa muy temprano, supuestamente para irse a la chacra, sin embargo, cuando al mediodía la mujer le llevaba el almuerzo, no lo encontraba. Pasaba por el pueblo, lo hallaba en una de las tiendas completamente ebrio.
Muchas veces no había necesidad de ir a buscarlo, debido a que regresaba a golpear a mujeres y niños. Algunas veces con ataques sexuales sin importar el grado de parentesco y también incestos, con niñas o adolescentes que terminaban embarazadas, repitiéndose la cadena de violencia, generación tras generación. 
Pero como dice el dicho: “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo soporte”. El tema fue motivo de preocupación en instituciones y profesionales que iban a trabajar a ese lugar y comenzaron a concientizar a las mujeres, que la realidad que habían vivido por muchos años, no era “lo normal” y que existían otras alternativas.
“Ahí entendimos que teníamos derechos, que nadie podía golpearnos todo el tiempo y que era algo que ya no estábamos dispuestas a seguir tolerando. Nos dimos cuenta que el alcohol era la causa principal del maltrato y la violencia; así que nos reunimos las mujeres y en un cabildo abierto acordamos que ya no se iba a vender ni consumir alcohol”, cuenta doña Narcisa Cusi.
La comisión que habían formado convenció a las autoridades de su propuesta y se crearon normas que todos debían respetar. Nadie podía consumir licor, salvo en una fiesta especial, como el aniversario del pueblo; o en cada cumpleaños, pero esta reunión será en una casa, con la familia pero guardando la debida compostura.
Dice Narcisa que si alguien se excedía en la celebración del cumpleaños, se pasaba de tragos y salía a la calle a hacer escándalo, sufría las consecuencias, ya que se habían establecidos sanciones para los infractores.
Para quienes vendieran alcohol y no respetaban las normas, primero había una amonestación verbal, luego le cerraban la tienda por una semana, y si persistía, nunca más podría abrir un negocio similar.
Pero para los bebedores también se había dictado normas. Si eran atrapados bebiendo, o golpeaban a algún miembro de la familia, habían construido especie de cárcel, donde los encerraban según al falta. Había otros que eran condenados a hacer la limpieza pública de todo el pueblo.
DATO
Señala que al principio fue difícil hacer cumplir las normas, porque el machismo imperaba y además por tratarse de una enfermedad, resultaba más complicado, pero como no había de donde abastecerse, sumado a los castigos; el comportamiento fue cambiado. “Las autoridades que se elegían, tenían que comprometerse a cumplir la ley seca”, explica Narcisa, quien sufrió en carne propia la violencia que ejercía su padre sobre su familia.
 
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