Arequipa

Niño hace maqueta de puente que necesitan en hospital

7 de diciembre de 2018

Pequeño con leucemia considera que con esta infraestructura se facilitará el traslado de los pacientes.

Cada día que acudía con su madre tenía que pasar todo aquello que sufren los pacientes del hospital Honorio Delgado. Bajar de la combi y sortear los vehículos que transitan a toda velocidad para ingresar al nosocomio. A veces se detenía a observar la odisea de los pacientes en silla de ruedas o personas mayores que usan bastón o muletas para caminar.

Ese hecho inspiró a Jhonny a construir una maqueta con lo que él piensa que debe ejecutar la Municipalidad Provincial de Arequipa para facilitar la vida de los pacientes: un puente hidráulico con ascensor incluido para que puedan cruzar de un lado a otro sin temor de ser atropellados.

Lo hizo con material que ha reunido del tratamiento que lleva para curarse del cáncer y que le atacó a la sangre. Todo le fue útil, desde las mangueras para recibir las transfusiones de sangre, las agujas que tanto dolor le causan cada vez que le inyectan, las cajas de las medicinas con las que hizo los vehículos y el propio hospital y hasta los envoltorios de las pastillas que utilizó para hacer los postes de energía eléctrica.

Su trabajo lleno de creatividad le valió ocupar el primer lugar en el concurso de maquetas que convocó la empresa Telefónica para todos los niños que reciben tratamiento contra el cáncer en el Instituto Regional de Enfermedades Neoplásicas (Iren), y se llevó como premio una tablet, además de útiles escolares.

Jhonny es de Puquina en Moquegua y hace aproximadamente año y medio que su madre María le detectó unos tumores en la cabeza. Los médicos de allá le recomendaron venir a Arequipa para que le practiquen algunos exámenes, y allí le comunicaron que se trataba de la temida leucemia o cáncer de la sangre.

Cada paso que dieron desde ese momento fue más doloroso que el siguiente, pero el valiente Jhonny lo ha ido superando todo con éxito. Ahora recibe tratamiento ambulatorio, pero constantemente tiene que viajar a Arequipa.

Estos niños pueden ser mucho más valientes que cualquier adulto, porque a su corta edad soportan penosos tratamientos de quimioterapia, los pinchazos de las agujas, como cuando la enfermera no encuentra la vena y tiene que hurgar en su piel, como cuando cometieron un error y al momento de la transfusión ingresó aire a la vena y casi pierde la vida.

Cuenta estoicamente todo lo vivido en este corto tiempo, mientras que su mamá se seca las lágrimas. “Es muy doloroso lo que pasan”, dice doña María volteando la cara para evitar que el niño la vea llorar.

Dando vueltas por los alrededores está Elías, travieso como él solo. “Me dijeron que tenía leucemia, pero parece que se han equivocado, ya estoy bien”, lo cierto es que también lleva tratamiento de quimioterapia para combatir el mal y la próxima semana deberá tener una nueva sesión y en el descanso de 15 días regresar a Tacna y reencontrarse con su papá. “Él se tiene que quedar allá para trabajar y mandarnos dinero”, dice inocentemente.

También hizo su maqueta con productos reciclados, asegura que el trabajo les tomó poco tiempo con la ayuda de su profesora Ciria Arias, quien se encarga de nivelarlos en los cursos para que mientras reciban su tratamiento no se retrasen en el colegio.

Fue contratada por Telefónica para cumplir ese papel y atiende a un promedio de 45 a 60 niños que hay en el Iren.

“Yo no sé qué haría si no tuviera uno de mis brazos”, dice Elías, mientras que Michell de 10 años contaba que debido a un tumor cancerígeno tuvieron que amputarle el brazo izquierdo en el mes de mayo.

“Todavía me falta un poquito acostumbrarme a que no tengo brazo, a veces me olvido, pero ya hago mis cosas sola”, dice, mientras su mamá comenta que se ha desenvuelto mejor de lo que ellos esperaron. Ellas son de Puno y también la acompaña la hermanita menor. Esperan que reciba su tratamiento para retornar junto a su padre y pasar la Navidad en familia.

No se sabe cuál será el futuro de estos niños en unos meses o años, es probable que entre ellos surja un gran arquitecto o ingeniero que haga las maquetas que podrían cambiar la ciudad, mientras que sus padres solo mantienen la esperanza que Dios y la ciencia les devuelvan la salud.

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