Arequipa

OPINION: ¿Cuánto nos duele Tía María?

20 de mayo de 2015
OPINION: ¿Cuánto nos duele Tía María?
Por: Alonso J. Adrian Sainz
Lo que ha sucedido en los últimosdíasen la provincia de Islay y en la misma ciudad de Arequipa ha puesto en evidencia un claro desencuentro: No hay una visión compartida sobre las inversiones, el crecimiento económico y el desarrollo, necesarios para todos los peruanos.Quienes tienen alguna posibilidad de tomar decisiones, o de encausarlas, o siquiera de formar opinión,no postulan los mismos derroteros. El Perú es visto desde perspectivas muy diferentes, incluso irreconciliables. En medio de ellose hallegado a la violencia más brutal. Los muertos y los heridos son triste constatación. Eso es un límite. No vale entonces eludir el problema, hay que tomar partido y hay que vislumbrar el camino a seguir. El Perú lo merece, más aún si en poco tiempo alcanzaremos el bicentenario.
Basadre, luego de conocer a profundidad la historia de nuestro país, en síntesis notable, nos enseñó que los tres grandes peligros de los peruanos consistían en ser podridos, congelados o incendiarios. Los primeros, dijo, son aquellos que “han prostituido y prostituyen palabras, conceptos, hechos e instituciones al servicio exclusivo de sus medros, de sus granjerías, de sus instintos y sus apasionamientos”; los segundos son los que “se han encerrado dentro de ellos mismos, no miran sino a quienes son sus iguales y a quienes son sus dependientes, considerando que nadie más existe”. Los incendiarios “se han quemado sin iluminar, se agitan sin construir” y,  claro, no sólo ello, sino que desgraciadamente muchas veces destruyen lo que ha costado tanto esfuerzo edificar. Los podridos quisieran que el Perú sea una charca, los congelados lo asumen como un páramo inerte, los incendiarios quisieran convertirlo en una hoguera. El Perú y los peruanos debemos cuidarnos de no caer en esos sacos nefastos. Estos postulados pueden parecer muy generales pero constituyen lo básico, el punto de partida para el encuentro, para la construcción constante de la nación peruana. Los peruanos que queremos tener buena voluntad para construir nuestra patria deberíamos reflexionar para auscultar con honestidad si desgraciadamente nos podemos ver a nosotros mismos, como quien se mira en un espejo, ubicados en alguna de esas tres lacras. Y si consideramos que ya venimos haciendo algo de lo bueno y que de ninguna manera se nos puede encasillar en esos moldes odiosos, pues habrá que ir más allá, con más esfuerzo, con más ahínco. 
La historia del Perú, como la de cualquierotro país, es muy singular. Sin embargo, la nuestra se conforma de tramas que nos dejan con un nudo en la garganta. No son sólo hechos de guerras,  muertes o revoluciones, sino también de desencuentros. Quizás por ello los peruanos tenemos el imperativo de vivir con mayor sensibilidad hacia los otros. Nuestro reto es mayor, las vallas se nos han colocado más altas. Con nuestra especial historia los conceptos que en las pizarras lucen razonables y sincrónicos, aquellas cosas que pueden leerse en los libros como eficientes y convenientes, los recetarios de uno y otro lado, para su aplicación en nuestro país, requieren de una sensibilidad especial. De lado los insultos, las ofensas, las ironías hirientes, los vejámenes, los racismos abiertos y soterrados, los sentimientos de autosuficiencia. Fuera los odios, los afectos hipócritas. Bienvenida la solidaridad. Vayamos al encuentro de los otros. Como quería Basadre: Que el Perú no se pierda por la acción o la inacción de los peruanos. O también como se preguntaba Vallejo en ese verso aún sin respuesta, como una estrella inalcanzablea la que, sin embargo, debemos aspirar: “Y cuándo nos veremos con los demás al borde de una mañana eterna, desayunados  todos”. Urge responder pronto y afirmativamente. Nuestro Perú nos lo exige.
 
 
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