Arequipa

Polinización: el tesoro oculto de la apicultura

27 de mayo de 2018

La polinización constituye el principal aporte de las abejas, tanto por el incremento de la actividad agrícola, como por la protección de la biodiversidad que esta genera. La frágil relación se ve afectada por el indiscriminado uso de agroquímicos prohibidos que además de acabar con miles de estos insectos contaminan los cultivos haciéndolos menos productivos.

Por: Mariela Zuni M.

Aunque siempre las asociemos con la miel, las abejas favorecen la producción de una gran cantidad de alimentos como la palta, el algodón, cítricos, hortalizas y muchos más, que se cultivan en los valles arequipeños, el Perú y el mundo.

Investigaciones señalan que a nivel mundial el 70 % de los cultivos, en promedio, depende de la polinización para aumentar los rendimientos. Sin agentes polinizadores como las abejas, la producción de alimentos descendería impresionantemente.

Organismos internacionales coinciden en afirmar que la polinización con abejas genera un impacto económico importante en la actividad agrícola que representa 10 a 30 veces el valor de los productos. Con un buen servicio de polinización una hectárea llega a producir 20 toneladas de palta Hass de exportación en Arequipa, sin las abejas se cosecharían 12 toneladas.

La polinización hecha por las abejas constituye una parte poco visible, pero vital, del sistema moderno de producción de alimentos en escala comercial, señala Fernando Oporto Lazo, ingeniero de Industrias Alimentarias especializado en polinización con abejas.

Los campos polinizados con abejas pueden rendir 30, 70 y hasta 100 por ciento más. Cuando una abeja visita una planta silvestre o cultivada, el insecto consigue su alimento (el polen y néctar) y la planta es fecundada, algo imposible de hacer por sí sola.

“El polen es llevado de flor en flor, ello permite la fecundación del fruto o la semilla. La abeja como es diseñada para esa labor no daña la flor y el resultado es un buen fruto, de calidad sabor y color”, destacó el especialista.
Reconoce que muchos apicultores no serían fructíferos solo con la miel. En los últimos veinte años, la producción descendió por el cambio climático que afectó la floración de especies silvestres que crecen, por ejemplo, en los valles andinos de Caylloma.

Durante este verano, en febrero, Oporto llevó un lote de colmenas al Colca para producir miel. Su ilusión era conseguir una tonelada del dulce producto, sin embargo solo obtuvo 200 kilos. Las flores silvestres no tenían néctar, esto mismo ocurrió en los valles cercanos a la sierra de Chile y Colombia, afectados por el severo cambio climático.

La falta de lluvia también fue un factor letal para la producción de miel. “Este año llovió poco y los campos silvestres tuvieron escasa floración. No ha sido un buen inicio de año”, dijo, sin embargo la otra alternativa de ingresos para los apicultores es la polinización de los campos cultivados.

Las abejas son los únicos polinizadores que se pueden manejar para potenciar la producción de los campos de cultivo. Las colmenas se trasladan en la época de floración de las cosechas y se las deja el tiempo necesario para que fecunden los frutos o semillas.

La polinización depende del valor de dependencia de cada cultivo. Para una hectárea de palta se requiere 10 colmenas, la manzana 4 colmenas. El zapallo, los melones, las sandias, cada uno es distinto.
“Un agricultor que desconoce de las bondades de las abejas siembra y cosecha con ganancias mínimas, pero su vecino logró mejor producción en la misma extensión de tierra sembrada. Lo que no sabía el primero es que en el otro campo había abejas”, comentó Oporto.

Las abejas tienen un radio de acción de 5 kilómetros a la redonda de sus colmenas, todos los cultivos de alrededor serán beneficiados. En los valles arequipeños los agricultores están tomando conciencia de ello, mejorando la fecundación de alfalfa, la cebolla y ajo de exportación. Se han dado cuenta que cuando hay abejas cercanas su producción se incrementa, mejora la semilla y la cosecha se logra en menor tiempo.

AMENAZAS

La abeja es el más esencial polinizador entre la fauna de insectos que se alimentan de néctar y polen. En la naturaleza lastimosamente está disminuyendo por la aplicación de agroquímicos prohibidos.

Los agricultores por desconocimiento rocían el cóctel nocivo, pensando que protegerán sus cultivos, sin embargo además de contaminar la planta, están acabando con las abejas. En el valle de Tambo colapsaron 200 colmenas por el veneno rociado en los campos de algodón de exportación, lo mismo ocurrió en Ica.

Resguardar a las abejas es una labor sacrificada. Amenazada por los neonicotinoides, una familia de insecticidas que actúan en el sistema nervioso central de los insectos, prohibido en algunos países europeos por sus efectos tóxicos.

Los apicultores se han convertido en nómadas para proteger sus colmenas y además brindar el servicio de polinización. El transporte se hace siempre de noche, las abejas vuelven a sus colmenas a las 5 de la tarde, después de haber hecho hasta 3 viajes trayendo el néctar de las flores. Una vez reunidas las llevan de un campo a otro.

Oporto en esta época del año se ve obligado a retirar del Colca todas sus colmenas. El frío es otro factor que debilita a los insectos, haciéndolos propensos a enfermedades, además de la falta de alimento al no haber floración.

Los apiares al no producir miel son instalados en los valles de La Joya, San Camilo, Majes, entre otros, para brindar el servicio de polinización.

En verano la colmena tiene 60 mil abejas, en otoño 40 mil y en invierno 20 mil, la reducción se debe a un tema de alimentación, por eso la reina abeja deja de producir huevos (mil huevos por día). En la primavera la cantidad vuelve a incrementarse.

Otro reto que deben ganar los apicultores es atender la demanda insatisfecha de miel. Se calcula que en el Perú se consume un promedio de 2 kilos por persona, lo cual aunque es muy bajo no logra ser cubierto.

En Arequipa hay un promedio de 150 apicultores. La miel tiene el más grande prestigio en el mercado de los alimentos. La demanda de consumidores supera la oferta, por ello inescrupulosos aprovechan esta oportunidad para adulterar el producto.

El precio legal de un kilo de miel no debe estar por debajo de los 20 soles, es preferible consumirlo en su estado cristalizado (más sólido) y no aquellos que están envasados y líquidos.

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