Arequipa

Rohel Sánchez: El rector que quiere un 20

10 de enero de 2016
Rohel Sánchez: El rector que quiere un 20
Por: Lino Mamani A.
 
El primer día que asumió su nuevo cargo, Rohel Sánchez Sánchez notó que las puertas del rectorado estaban cerradas. ¿Por qué están así? Preguntó sorprendido, recibiendo como respuesta que era normal que estén así para evitar problemas. Entonces, ordenó a un trabajador que librara las puertas. 
 
“Quiero que estén abiertas para todos”, dijo a su personal. Esa fue la primera acción del nuevo rector de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (Unsa).
 
Llegar para liderar la casa agustina no le fue sencillo. Participó en un proceso de elecciones ante Valdemar Medina Hoyos, el exrector de la universidad, quien quería retornar al puesto. Los catedráticos y universitarios le dieron su respaldo.
 
“Hubo un estancamiento muy marcado. Las noticias de la Unsa estaban ligadas a temas de corrupción, de escándalos, la universidad no fue una institución opinante en relación a la situación local, nacional e internacional. Creo que todos creyeron en mí porque represento el cambio, tenemos el nuevo modelo de gestión cuyos cimientos se van a poner”, resalta sin pecar de presumido, más bien siempre busca el perfil bajo.
 
UN ESTUDIANTE
Muchos años antes de que se convierta en el profesional que es ahora, Rohel se divertía correteando en los campos de Santa Cruz, una de las 13 provincias de Cajamarca donde nació en 1965 y de la que guarda gratos recuerdos.
 
“Con mis primos cazábamos perdices disparando perdigones”, recuerda el contador que es el quinto de nueve hermanos. Rohel era hijo de un profesor, quien con su bajo salario y la producción agrícola tenía que mantener a su numerosa familia.
 
Como antes se acostumbraba, su padre lo mantenía “en regla” a punta de castigos si es que no cumplía con las tareas, se iba a jugar sin permiso o mentía. La rigidez hizo que el pequeño se esmerara más por destacar en los estudios. El dinero no sobraba, pero era consciente que el estudio lo sacaría de ese lugar.
 
Al concluir el colegio, Rohel decidió venir a Arequipa, como hacen actualmente muchos jóvenes que viven en provincias u otras regiones que quieren perseguir sus sueños, para estudiar contabilidad. 
Aquellos años no existían academias preuniversitarias, y los que pretendían ingresar tenían que hacerlo estudiando los balotarios y bancos de preguntas de anteriores procesos de admisión. La primera vez que postuló agarró su vacante, era setiembre de 1984. Ese año también falleció su padre. 
 
REBELDÍA
Fue testigo de los problemas de la Unsa. Aquel año, hubo dos grupos de docentes enfrentados: unos querían implementar un nuevo plan de estudios y el otro se oponía. A él y a sus compañeros los afectaron porque los juntaron con los ingresantes de abril de 1985, haciéndoles perder algunos semestres que ya habían estudiado.
 
Sánchez respaldaba el cambio, era delegado estudiantil, se identificaba con la defensa académica y con la calidad de docentes. 
“Desde ese momento se inició mi perspectiva de plantear cambios”, sostiene mientras quien esboza una sonrisa tímida.
 
Por este pasado sus opositores le dijeron que es del grupo de izquierda Patria Roja, pero él lo rechaza refiriendo que si fuese así nunca habría laborado para el sector privado. 
 
Rohel representa a ese universitario que por sus méritos fue destacado. Terminó en el tercer lugar del tercio superior, fue el primero en sacar su bachiller y en sacar su título. Lo poco que ganaba lo invertía en capacitación constante. La síntesis de su currículum vitae tiene 12 páginas, donde destaca que estudió contabilidad e hizo especializaciones en educación, ciencias empresariales, gestión de empresas, auditoría contable, entre otros. Es un profesional a quién muchos llamarían exitoso y otros dirían buen ejemplo. 
 
“Yo pasé por los trámites engorrosos de la universidad, por eso nosotros no queremos que exista esto. Vamos a simplificar los trámites y retiraremos todos los cobros que no están permitidos, como las donaciones. Los que no acaten incurrirían en el delito de peculado y a esos hay que sacarlos. No nos va a temblar la mano para denunciarlos”.
 
¿Y cómo hará con los docentes que no están a la altura?, le cuestiono.
“Ellos tienen que investigar, la excusa de libertad de cátedra los hizo creer en el libertinaje. Eso se acabó, tienen que investigar, habrá un control de su metodología de enseñanza y se les exigirá la capacitación constante”. 
 
¿Cree que esto sucederá como lo planea?
“El tren está en marcha con o sin ellos a bordo. Si ellos quieren quedarse siendo obsoletos profesionales que se queden, les haremos un puente y seguiremos nuestro rumbo”.
 
En el 2004, Sánchez se desempeñó como jefe de la Oficina Universitaria de Planificación de la Unsa, cuando estaba al mando de Rolando Cornejo Cuervo. Afirma que se pasó meses elaborando un plan para mejorar la competitividad de la casa de estudios, pero que al presentar el documento a la autoridad le dijeron que no lo aplicarían. Al día siguiente (mayo 2005) renunció. 
 
Ahora en el cargo que ostenta afirma que escuchará las propuestas de los demás, incluso visitará las facultades para escuchar las opiniones de los universitarios a quienes les prometió impulsar una mentalidad positiva con la implementación de cursos de metodologías de lectura, artes y renovación de las materias de acuerdo a la competitividad.
 
Rohel parece un muchacho que recién ingresa a su primer día de escuela. Tiene todos sus implementos nuevos y las ganas de hacer bien las cosas. Es la imagen de la esperanza depositada por los alumnos y catedráticos. Ambos están ilusionados en que se podría seguir los cimientos que puso Manuel Zevallos Vera, continuó Juan Manuel Guillén Benavides, pero que decayó con Cornejo Cuervo, Medina Hoyos y Víctor Hugo Linares Huaco.
 
¿Al igual que Guillén, usted tiene aspiraciones políticas?
“Estoy dedicado a San Agustín, pensar en otra cosa no es mi objetivo. Vengo más trabajando en el sector privado como auditor, sé de gestión y administración. Por ahora estoy dedicado a la universidad”. 
Tiene 50 años, aunque su aspecto jovial lo hace parecer de menos. Dice que ahora que es rector goza de más tiempo que cuando trabajaba como auditor donde dedicaba entre 18 a 22 horas a sus informes contables y peritajes. En sus ratos libres juega fútbol, lee y se pone a pensar en cómo exigirse.
 
¿Todo lo que usted dice es muy positivista, quizás mucho no se concretará al fin de su periodo? 
“Pues son cinco años y sí se puede, con la ayuda de todos se puede. Cuando me vuelvas a entrevistar al final de mi periodo lo verás”, dice Rohel Sánchez, el rector, el contador, el profesional y el que carga sobre sus hombros la esperanza de que la Unsa alce vuelo. El rector quiere un 20.
 
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