Arequipa

Arequipeños que viven la experiencia de una Italia cercada por el coronavirus

17 de marzo de 2020

El gobierno italiano se vio en la necesidad de aislar a la población en sus domicilios para disminuir los contagios, algunos arequipeños viven esa experiencia en el país europeo.

Por Roxana Ortiz
La dura cuarentena de Italia ha herido a ese país. En Italia ya han fallecido más de mil 800 personas al cierre de esta nota y hay más de 18 mil contagiados, aunque también hay muchos que ya han superado la enfermedad del coronavirus, cifras que se han incrementado significativamente en pocos días, y, según quienes viven esa experiencia, fue más por el descuido de la población.

“Al principio se hablaba del virus como si el hecho nunca iba a llegar a Italia, la gente seguía haciendo sus actividades normales, no tomaba las precauciones del caso, incluso el propio gobierno reaccionó ya cuando se registraron varios infectados”, cuenta Antonio Manchego, quien se encuentra en Arequipa, sin poder viajar a reunirse con su familia que vive en ese país hace varios años.

Se comunica con su esposa a través del teléfono, pero allí también hacen lo mismo con sus amigos. Sus hijas han dejado de asistir a los centros educativos. El presidente del Consejo de Ministros, Giuseppe Conte, dio algunas medidas que consideraron drásticas, pero necesarias, como no salir de sus casas, la población las acató sin protestar.

En Arequipa, pese a las advertencias, la gente continuó acudiendo a los centros de diversión, a sus fiestas populares, a las discotecas, a los cines, ahora el Gobierno ha sido más duro y declaró en emergencia y aislamiento obligatorio a las familias.

María Antonieta Cuadros viajó a Roma hace algunos meses para seguir un curso en la Iglesia católica, el mismo que debe terminarlo en mayo, pero las clases se han suspendido y solo de manera virtual las viene recibiendo estos conocimientos.

“Las iglesias están vacías, las misas se dan a través del canal oficial del Papa, no hay turismo, todo parece un pueblo fantasma y las pocas personas que hay en la calle son las que están autorizadas para transitar, además de quienes hacen las compras de alimentos y aunque no hay restricciones de cantidad, la gente es muy consciente y solo compra lo que va a necesitar para evitar el desabastecimiento”, comenta María Antonieta.

Solo farmacias y supermercados siguen trabajando, custodiadas por agentes de seguridad que regulan las entradas de los clientes, mientras todas las tiendas que no son indispensables, han sido cerradas. Pese a ello, las colas en los supermercados son largas y, por ejemplo, productos como el gel desinfectante y el alcohol están agotados desde hace días, cuenta la periodista Mónica Ortiz Calderón, quien hace varios años emigró a Italia.

“Me preguntas cómo estamos viviendo este tiempo. Tal vez no será lo que quieras escuchar, pero solo diré que vivimos cada día con serenidad, porque aunque parezca irónico la actual situación de pandemia tiene también sus matices de luz en medio de tanta oscuridad”, comentó.

Los italianos espero, dice, estamos dando el justo valor a las cosas. Se piensa en el bien común y no solo el propio, sabemos que se pide un gran sacrificio al privarnos de la libertad de salir de casa, pero somos conscientes que así evitamos que más personas se enfermen.

“Disfrutamos de este tiempo – forzado – pero precioso, en mi caso, de ver a mis hijos jugar, de conversar con mi esposo y de pensar cómo será maravilloso cuando se pueda salir de nuevo y volver a la vida ordinaria con mirada extraordinaria”, agrega la comunicadora, quien ahora se dedica a cuidar de su familia.

“Rezamos ahora más que nunca para no perder la fe, para que se encuentre una cura, para que los otros países viendo la situación de Italia, sean prudentes y tomen las medidas necesarias, para que esta etapa pase, porque como dice el viejo refrán, no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”, añade.

Solo una persona por familia puede salir a hacer las compras, porque en cada plaza existe un control policial que les preguntan el motivo de estar en la calle y les hacen firmar un documento. Si incumplen con la disposición, son detenidos y enviados a la cárcel y a pagar fuertes multas.

“Antes de ir a comprar, preparo el menú de la semana y de acuerdo a eso hago una lista de los productos que debe comprar mi esposo. Tenemos que ver el lado positivo a todo esto. Estamos todo el día con nuestros hijos; los domingos seguimos la misa por televisión y en este caso la tecnología de estos tiempos ayuda; hacemos vídeo llamadas a la familia y amigos; si necesitamos dinero podemos sacarlo del cajero automático. Si alguien tiene un familiar enfermo, puede ir a ayudarlo, llevando un documento indicando el motivo por el cual salieron de casa”, cuenta Mónica, quien es madre de una niña de 5 años y un niño de 3 años.

La propia población se da aliento para seguir adelante, desde los balcones sale a entonar canciones, los que salen a la calle dejan pequeños mensajes en los carros y muros como “Todo saldrá bien”, y en las redes sociales se creó el hashtag #StateACasa (#QuedateEnCasa). “Esperemos que se logre la cura a esta enfermedad rápidamente y todo vuelva a la normalidad”, confía Mónica.

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