Arequipa

Catorce recuerdos divertidos del carnaval en Arequipa

14 de febrero de 2015
Catorce recuerdos divertidos del carnaval  en Arequipa
Por: Hélard André Fuentes Pastor
Historiador y escritor

En el plano histórico, los arequipeños debemos reconocer la arraigada tradición de entusiasmo por las fiestas del carnaval, que no ha sido jamás desmentida, pese a los tropiezos y dificultades de diferentes épocas.


El carnaval, como una práctica social espectacular, siempre ha encerrado diferentes caracterizaciones. Una de ellas, está comprendida en el aspecto afable de la tradición, ya que por su carácter popular y participativo, entendemos que se trata de un momento de grata diversión y gran algarabía, lo que sustentamos con los comportamientos festivos, las estampas artísticas y las coplas y versos del carnaval escritos con euforia. Hoy, los documentos históricos, nos recuerdan que varias generaciones no solo otorgaron cierto misticismo a los festejos, sino fueron protagonistas de un evento colorido, lleno de agua perfumada, serpentinas y confites.
 
He aquí catorce recuerdos divertidos y significativos del carnaval en nuestra querida ciudad:

1. Los conquistadores españoles introdujeron las fiestas del carnaval en Latinoamérica, utilizando como instrumentos del juego: el talco, perfumes y el uso del agua. Durante esta época, no se preocupaban por corsos, reinados o comparsas, sencillamente, realizaban cabalgatas carnavalescas con canastos cargados de cascarones de huevo, los cuales eran lanzados entre todos los vecinos. Los indígenas también se divertían, refrescando sus cuerpos y bailando al compás de los bombos y los charangos; al mismo ritmo que los negros, que bailaban al “Son de los Diablos” o contrapunto de zapateo.

2. Según la investigadora Sarah Chambers, en el siglo XVIII, las autoridades arequipeñas por lo general toleraban el ‘inevitable’ consumo de alcohol y algunos desórdenes solían acompañar la fiesta. Además, este evento se extendía del calor de los hogares a la crudeza de las calles, volviendo a todos los pobladores partícipes de la tradición.

3. Francisco Mostajo afirma que la fiesta era presidida por dos maceros (hombres que llevaban la maza). Sin embargo, no hay registro de desfiles o circuitos carnavalescos; y en cuanto a la participación indígena, el juego debió ser marcado; incluso los esclavos tomaban parte del carnaval, de ello sí hay registro, por ejemplo, Juana Flores permitió a su esclavo unirse al festejo.

4. El agua que se lanzaban los jugadores, normalmente, era colorada. Esto se conseguía gracias al airampo o ayrampu, que –tal y como indica Ángel Maldonado–  se conoce en el Perú y Bolivia como una cactácea del género Opuntia. En el tiempo del carnaval, se empleaban estas semillas como colorante, dando un tono rosa al líquido vivificante de la fiesta que, a su vez, se perfumaba con almizcle o cedrón. Luego la gente se divertía a baldazo limpio o llenaban los cascarones de huevo.

5. En la época colonial existieron tres modalidades de juego: la catarata, que consistía en un baldazo de agua arrojado desde el balcón hacia el viandante; el jeringatorio, que era el sistema utilizado por los varones que salían a las calles provistos de grandes jeringas de lata, con las que arrojaban agua a los balcones; y, los cascarones de huevo, rellenos con aguas de colores o harina.

6. Para el historiador Guillermo Galdos Rodríguez, los carnavales eran una recreación en la que por igual participaban las clases privilegiadas y desfavorecidas de la fortuna, es decir una clase popular y una clase de élite, que, en muchos casos, rompían diferencias sociales. Los desbordes a que da lugar el carnaval están revelados en cantares populares, que eran la práctica recurrente de los arequipeños.

7. Los carnavales, no sólo propiciaban un tiempo en que las calles servían de escenario para el juego con agua y cascarones de huevo, sino, también ofrecía un motivo de reunión y agasajo entre las familias y los vecinos. Hubo la costumbre de preparar apetecibles chichas, degustación de diversos potajes y, sobre todo, la fabricación casera de los confites, blancos y rosados. También se jugaba con la fruta picada.

8. Las bifalas fueron un grupo de bailarines que recorrían las calles danzando huaynos y cantando coplas carnavalescas, al son de quena y charango, o en otros casos, vihuela y tamboril. Generalmente, iban a medio disfrazar, a veces con o sin careta; y llevando cañas de maíz en la mano. El día de las bifalas era el martes de carnaval, cuyas coplas entronizaban no solo sátira lugareña, sino personal, contra políticos no queridos por el pueblo, y otros simplemente festivos. Las bifalas coreaban cada estrofa con una exclamación– ¡ápucllay! – que significa ‘juego’, y la cual deviene de una voz quechua.

9. El miércoles era de Miraflores, pues ahí se enterraba el carnaval, representado por un muñeco cargado de cantidad de adefesios que cabalgaba en un borrico de mala muerte.  Esta actividad se realizaba en la Pampa Quimsa-Mocco.

10. El entierro del carnaval tenía sus propias características, que sobre todo ensalzaban las costumbres tradicionales de los distritos, así se realizaban actividades como: la pelea de toros, carreras o exhibición de caballos, carrera de automóviles, entre otras.

11. La celebración también tuvo un contenido artístico, fundamentalmente, en la primera mitad del siglo XX, cuando surge un carnaval caracterizado por grandes corsos de carros alegóricos acompañados de hermosas reinas de belleza que presidían los festejos. La primera Reina del Carnaval de Arequipa fue elegida en 1923, y se trató de la dama Doris Iriberry Gibson; con estas nuevas prácticas tienen lugar otras herramientas de juego, como: serpentinas, chisguetes de éter y globos.

12. En el siglo XIX, la celebración del carnaval mostraba actividades caracterizadas por bailes y desfiles de carros alegóricos en Europa, esta idea no tardó en difundirse en el mundo, y con el correr de los años, y el fortalecimiento de las empresas teatrales en el Perú, este evento se extendió a los teatros, y posteriormente, a los clubes y cines. A estas actividades se les conoció como baile de fantasía o baile de disfraces. En Arequipa, la gente solía concurrir disfrazado o con antifaces, y solían realizarse en las tardes festivas de carnaval, quizás por esta razón,  mereció la denominación de ‘baile de fantasía’.

13. En la Ciudad Blanca hubo muchos reinados. Se escogían Reinas Infantiles, del Instituto de Comercio, del Mercado, de Barrios y Urbanizaciones, de Teatros y Cines, e incluso de algunos diarios como “Noticias” (que llegaban a presidir los festejos); también hubo una elección para el acompañante masculino, al cual se denominaba Rey “Feo”, o también el “Rey de los Solteros”, y cuando se trataba de parejas “Reinado de la Juventud o de la Simpatía”.

14. Las reinas no solo otorgaban la cota de belleza al festejo, sino de sensibilidad. Por lo que se organizaba agasajos, donde la dama coronada repartía bizcochos y dulces a los niños pobres y huérfanos en el atrio de la Catedral. También se agasajaba a los presos de la Cárcel de Varones, a las mujeres recluidas en el Asilo de Santa Rosa de Viterbo y a los ancianos del Asilo Víctor Lira.
 
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