Arequipa

Cómo vestían las arequipeñas en el siglo XIX: exposición en Santa Teresa

7 de octubre de 2019

La exposición destaca tendencias y materiales usados por esas épocas en la ciudad.

La Era Victoriana, que influyó en buena parte de Europa durante el siglo XIX, marcó también los usos y costumbres sociales del continente americano. Las rígidas costumbres sociales regidas por una serie de “manuales y normas de comportamiento” dominaban el ambiente social. Esta rigidez en el proceder diario tenía un interesante correlato en la vestimenta de la época y especialmente en la vestimenta femenina.

Es así que los trajes de las mujeres permitían la estilización de la figura de sus usuarias, que siempre se veían erguidas. Para conseguir este aspecto se usaba como parte de las numerosas prendas interiores un corsé, que provisto de unas finas varillas (de madera, metal o con barbas de ballena), comprimía en extremo el cuerpo femenino. Sobre el corsé se ponía una amplia camisa con puños y cuello de encajes. Finalmente, venía una chaqueta de ajustadas mangas, hecha generalmente de terciopelo, seda, o una combinación de estas y otras telas.

La chaqueta tenía a la altura de los codos un corte y costuras, que obligaban a sus usuarias a tener los codos flexionados, como lo exigía el buen tono de la época. El aspecto ajustado del torso contrastaba con las faldas, que sin ser tan amplias como en épocas anteriores, se armaban sobre una serie de prendas interiores que con su volumen, se encargaban de hacer resaltar las caderas.

Aunque no solían verse, los pies estaban calzados por pequeños botines, de seda, terciopelo o cuero suave. Sea para tomar el té, asistir al teatro, visitar o recibir visitas, las finas manos debían estar cubiertas de guantes de cuero o tela, que podían ser cortos o extenderse a lo largo del brazo. A manera de tocado, se usaban diferentes modelos de sombreros, los que según la ocasión podían ser amplios o ceñidos, con cintas, plumas, o velos. Los abanicos, de los materiales y diseños más sofisticados, servían para atenuar el calor en algunas épocas del año, al igual que las sombrillas. El toque final lo daban las ricas joyas de oro, perlas y piedras preciosas, que se usaban como aretes, gargantillas, camafeos y otros adornos.

A tono con la moda de los mayores estaban los trajes de los niños. Algunos, como los ropones de bautizo, eran amplios y vistosos, y estaban adornados con elaborados bordados.

La tela preferida en aquel entonces, por su fina textura y especial caída, era el terciopelo, que podía presentarse llano o labrado. Las suaves y relucientes sedas, de tejido denso o casi transparente, eran también muy solicitadas. El lino y la lana coloreados, según la ocasión, también se podían usar. Sin importar la edad de la usuaria, los colores de los trajes solían ser más bien intensos, prefiriéndose colores como el rojo, el azul, y el negro. Las elaboradas y numerosas prendas interiores eran de algodón, lino de trama fina, hilo o seda.

Fuera de las actividades religiosas y sociales, la costura y el bordado ocupaban parte del tiempo de las mujeres de la época, que lograron una gran destreza en este tipo de trabajo. A pesar de los riesgos que implicaban los viajes, las personas viajaban mucho, y lo hacían transportando sus voluminosos ajuares en grandes baúles y maletas de madera, metal, cuero y tela. Una sombrerera era imprescindible para llevar los delicados y exóticos sombreros.

En esta exhibición se han ambientado tres escenas de la vida cotidiana en la Arequipa de la segunda mitad del siglo XIX: una visita social a una madre y su recién nacido; un par de jóvenes a punto de viajar y un señorita en plena labor de bordado. La muestra se complementa con una vitrina con elementos de tocador.

Las piezas expuestas en esta muestra temporal del Museo de Arte Virreinal de Santa Teresa fueron usadas en Arequipa, corresponden cronológicamente a la segunda mitad del Siglo XIX, y fueron confeccionadas en Europa, teniendo muchas de ellas etiquetas de casas de modas de Paris, Francia. La mayoría de los sombreros y guantes proceden de Norteamérica y Francia.

Los trajes de esta exposición fueron donados por la familia Zereceda Marcó del Pont, mientras que el minucioso –y muy grato- trabajo de restauración diseño y montaje, fue auspiciado por la Sociedad Minera Cerro Verde. Es importante resaltar que todas las piezas que están en exhibición son originales.

La muestra se puede visitar en la Sala de Exhibiciones Temporales del Museo de Arte Virreinal de Santa Teresa, en la calle Melgar 303, de lunes a sábado, entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde.

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