Arequipa

Crear para destruirnos

28 de mayo de 2020

Por Carlos J. Ylla Quenaya

Este artículo analiza detenidamente, a través de varios tópicos, un capítulo de la serie Black Mirror. En este, se intenta explicar cómo la tecnología es utilizada para representar un mundo ficticio en el que la realidad actual sirve de inspiración y forma parte de una crítica que la serie realiza. La tecnología ha hecho posible ver más allá de lo imaginado, a la vez vernos en un espejo. La naturaleza, los avatares, el trabajo, las clases sociales, la publicidad y los valores son temas que desarrollaremos en el presente trabajo.

Cuando decidí a escribir este ensayo y empecé a buscar información sobre el tema me sumergí en internet, tanto que luego de terminar de juntar todo lo que necesitaba noté algo. Nuestra vida gira en torno a la tecnología, esta nos secuestra por horas, largas horas, tiempo del cual no tenemos noción. Al salir de la cabina de internet me sentí como quien hubiera estado en una cueva y siempre uno tiene esa sensación, observaba a quienes ocupaban las otras computadoras a mis costados, todos estábamos muy cerca, casi rosándonos, pero ninguno quería saber del otro, todos queríamos adentrarnos en nuestras pantallas sea cual fuese el motivo. Esta reflexión fue fundamental para elegir a Black Mirror y en especial al segundo capítulo de la primera temporada “Quince millones de méritos”.

Black Mirror es una serie británica creada por Charlie Brooker y producida por Zeppotron para Endemol. Su primera temporada se estrenó el 4 de diciembre del 2011. En noviembre del dos mil doce gano el premio Emmy International en la categoría de mejor película para televisión / miniserie. En el 2015, Netflix se hizo con los derechos de la serie y encargó doce capítulos para la tercera temporada.

Charlie Brooker, el director de la serie, explicó en una entrevista el concepto detrás del título, que se traduce como “Espejo negro”: “El espejo negro es ese que hoy puedes encontrar en cada pared, en cada escritorio, en la palma de cada mano. La fría y resplandeciente pantalla de una TV, de un smartphone o de un monitor”. Yo prefiero dar mi propia interpretación; este espejo al que se refiere es un paralelo a la realidad que vivimos, una realidad virtual posible gracias a la tecnología, es cuando ésta nos muestra la deshumanización de la sociedad y cómo un elemento capaz de demostrar el avance del mundo puede a su vez degenerarlo a causa de su mala utilización. Si el espejo no tuviera un color y fuera como los que todos tenemos en casa, este espejo nos reflejaría tal y como somos, sin matices de diferencia, eso es lo que vemos, pero hay algo ahí en nuestro reflejo como sociedad, que no queremos ver, pues aterroriza es justo donde el color negro debe ser entendido como la oscuridad y aquello que escondemos para no hacernos cargo de la destrucción a la que nos estamos dirigiendo,

Quince millones de méritos, el título del segundo capítulo de la primera temporada describe perfectamente la trama. Un hombre de test oscura aparece en una habitación pequeña, no una habitación cualquiera, sino construida con paredes digitales con las que el habitante puede interactuar.

LA NATURALEZA SIMULADA POR LA TECNOLOGÍA

Desde la primera escena, la aparición de un gallo cantando para despertar al hombre y la simulación de un amanecer radiante que para terminar de serlo el hombre tiene que abrir unas cortinas digitales tan solo haciendo el movimiento que hacemos cuando son reales, nos dicen como la tecnología aleja al hombre de estos aspectos y hace que él sienta como si en realidad fuera así en tiempo real. Una de las máximas de la ficción en la literatura es el “hacer como si”, sin embargo, en la literatura es nuestra mente quien produce todos estos efectos y sensaciones, a partir de la obra literaria es que nos sumergimos en el universo ficticio y este nos brinda mundos posibles. En la serie, quien nos da esta posibilidad en tiempo real es la tecnología, entonces debemos entenderla como quien proporciona las sensaciones y estimulaciones de quien interactúa con ella.  Aquí notamos un cambio, el lector sumergido en la ficción en el caso de la literatura, pasa a ser un hombre de carne y hueso viviendo y participando en tiempo real de un mundo posible que no se cierra como al terminar de leer un libro.

LOS AVATARES

En este capítulo cada persona tiene un avatar el cual simula una vida real, que también interactúa con otros avatares. Esta posibilidad tecnológica ya se practica en la actualidad, los juegos en línea, las redes sociales, etc. son una muestra de ello. El avatar de estas personas necesita juntar méritos, a lo que se alude en el título. Estos méritos les permiten sobrevivir ya sea a sus avatares o a ellos ya que los méritos son la forma de pago. El mayor deseo de cada hombre es juntar los suficientes méritos para concursar en un reality que les ofrece ser «libres». Esto no se contrasta mucho con nuestra sociedad, donde Facebook se ha vuelto una especie de centro de control al cual acudimos todos a desnudarnos informáticamente entregando datos y no solo eso, sentimientos. Donde no conseguimos “méritos” pero si likes que, de una u otra forma, también nos permiten sobrevivir. Pero, ¿sobrevivir a qué? Con estos likes no compramos cosas materiales, pero si compramos autoestima, se vuelven un indicador de todo lo que hacemos, nuestros avatares en las redes sociales viven por sí mismos, mantienen un estatus, una forma de vida que interactúa con otras, que quizá se aleje de la vida real del creador de este avatar. Todos creamos un avatar con su propia historia, una historia con punto de partida en nosotros, pero que con el paso del tiempo se independiza, la fuerza de estos avatares es tanta que a veces ellos moldean la vida de su creador y no sabemos si conversamos con un personaje ficticio o uno real.

LA NOCION DE TRABAJO Y CLASES SOCIALES

Todas las personas de la serie tienen una sola forma de ganar méritos, y esta es pedaleando una bicicleta estática que a su vez le permiten adquirir tanto cosas virtuales como físicas en este consumismo virtual y real, las personas acumulan mérito para comprar y para enriquecer a un grupo pequeño de personas que no pedalea encima de una bicicleta pero que se beneficia del funcionamiento de este sistema. En la vida real todos pedaleamos, trabajando para conseguir dinero, dinero el cual gastamos para adquirir bienes, estos bienes son un indicador frente a la sociedad de una noción de “progreso” y al final todo el dinero que producimos y gastamos se aglomera en las arcas de un grupo pequeño de personas. Un sistema parecido al de la serie. La representación de la bicicleta estática como forma de trabajo es una importante y reveladora metáfora. Nuestro trabajo sea cual sea, es una bicicleta estática, donde pedaleamos frente a una pantalla que es una realidad que quisiéramos tener, pero por más que pedaleamos estamos en el mismo lugar, el lugar donde empezamos y donde terminamos, y no me refiero a un lugar físico sino espiritual donde no dejamos de ser personas de carne y hueso y así pedaleamos mucho o trabajemos en exceso, estaremos enriqueciendo a los mismos y empobreciendo a otros.

Observamos también tres clases distintas, empezando por la baja, representada en la serie por las personas vestidas de amarillo y que en común tienen una característica, la obesidad, y están al servicio de las personas vestidas de plomo, que podríamos llamar la clase media, a las que constantemente se les incita a odiar a los de amarillo y a admirar a los de clase alta, que en la serie no se les ve, pero controlan por detrás todo este sistema. Una clara comparación con nuestra realidad.

EL USO DE PANTALLAS

Ni bien empieza el capítulo lo primero que ve el hombre son pantallas, cuando va a trabajar ve pantallas, cuando compra, cuando juega, etc., las pantallas son parte de esta vida simulada. A lo largo de todo el capítulo, las interacciones de las personas con ellas son fundamentales, son parte de su vida, algo no tan diferente a lo que vivimos. Despertamos para apagar la alarma del celular, prendemos la televisión para ver noticias, subimos a nuestro medio de transporte para ir al trabajo y controlamos la música desde la pantalla del coche, o viajamos en el bus observando nuestro celular, estas pantallas nos dominan y terminan siendo tan fundamentales como en Black Mirror. Ahora mismo este ensayo lo escribo mirando una pantalla de la cual depende el progreso de esta idea, somos personas que hemos dejado de mirar detenidamente, de observar, vivimos obsesionados por modelar lo que vemos no dispuestos a corregir lo que no nos gusta y cuando empezamos a ver eso que nos hace sufrir bajamos la cabeza a ver el celular, prendemos la tele, abrimos la laptop y encontramos el refugio perfecto a una realidad en destrucción que no queremos mejorar sino tan solo ignorarla.

LA PUBLICIDAD

Las personas de plomo en la serie, están recibiendo publicidad constantemente, cuando desean jugar, comer algo, comprar ropa nueva para sus avatares, etc., lo curioso es que la publicidad se divide, en violencia, pornografía e incitación al cosumo.

La violencia la vemos en los juegos donde todos consisten en matar a las personas de amarillo incentivando el odio y el rechazo a ser como ellos, los programas de televisión los ridiculizan y son el hazmerreír de quienes controlan los avatares. En nuestra sociedad esto es muy similar, mientras bajaba información para este trabajo, un niño de aproximadamente ocho años jugaba a matar terroristas y mientras más cruel era la forma de asesinarlos conseguía mas puntaje o algo parecido. En la tele recordé a Laura Bozo y como las discusiones y enredos entre personas pobres eran el espectáculo perfecto para la población. En los cómicos ambulantes en la década de los noventas, la ridiculización de quienes denominamos “cholos” es una muestra clara del parecido con la serie donde también al público se le crea un estereotipo para incentivar el odio.

La pornografía se da cada vez que el personaje quiere pasar la publicidad y tiene que mirar como fornican a diario, casi al final esto es lo que enloquece cuando la chica de la que se enamora consigue ser “libre” y termina realizando películas pornográficas, las cuales por falta de méritos (la moneda del capítulo) el personaje no puede obviar, siendo torturado. Así mismo mientras descargaba el capítulo entero para analizarlo con detenimiento, se me abrían portales distintos con enlaces que me llevaban a todo tipo de página antes de concretar la descarga completa tuve que cerrar tres anuncios pornográficos. Es así como el sexo, es una forma de manipulación, el hombre al querer complacerse así mismo es débil a estas insinuaciones publicitarias, que desvían su atención del principal objetivo.

El consumismo se ejerce más virtual que real en la serie ya que son los avatares quienes compran para vestirse, para adquirir música, jugar, entre otras cosas. Clara comparación con nuestra sociedad, donde las tiendas virtuales están en su mayor apogeo y donde el internet se ha vuelto un medio de intercambio de bienes. No se puede caminar ni una cuadra sin observar publicidad en la calle y en nuestra casa la televisión, la radio y los celulares nos brindan más ejemplos. Un video que deseamos ver en YouTube tendrá un anuncio primero, para luego colocarse al costado del video y así en la mayoría de páginas web. Es clara la intención, mantener a las personas en esta bicicleta estática.

LA FALSA IDEA DE LIBERTAD

Quince millones de méritos son aquellos que necesitan los hombres de plomo para ser “libres” y dejar la bicicleta. Esta idea libertad se trabaja muy bien en la serie. El hombre conoce a una mujer de la cual se enamora al escucharla cantar mientras él estaba en el baño, la misma a la que desea ayudar para presentarse a este reality y conseguir su libertad. Vemos el sacrificio como medio para lograr la libertad del ser amado. El hombre y la mujer van al reality y se encuentran con una cola de personas esperando su oportunidad para participar y demostrar su talento. La mujer es elegida para presentarse, pero antes le hacen tomar una bebida para los nervios, posiblemente una sustancia que permita el sometimiento de las personas luego de presentarse en el show. La mujer es aclamada luego de cantar, sin embargo, los jueces del concurso no están contentos y uno le pide que le enseñe los senos, a lo que ella accede. Posteriormente la mujer es recluida para trabajar en pornografía.

La falsa idea de libertad se hace presente donde por un lado los hombres de plomo dejan la bicicleta estática, pero pasan a ser controlados duramente y esclavizados para satisfacer a la multitud. Hoy en día el éxito está relacionado a la acumulación de dinero, a tener poder. Es cuando ese mismo dinero y poder nos esclaviza volviéndonos personas totalmente distintas a la que inicialmente fuimos, y mientras más creemos haber alcanzado el éxito, es cuando más nos hemos alejado de nosotros mismos, pasamos a ser un remedo de personas remedo de otras. Observamos niñas y niños, aclamando a los competidores de realitys, intentan ser como ellos y ellos son los menos libres en este sistema, ya que están obligados a pensar y actuar como se les indique, construyendo una vida simulada y llena de sufrimiento. ¿Es esta la vida que estos niños quieren alcanzar?

Hemos visto como sesenta minutos de un capítulo de Black Mirror son suficientes para mostrarnos el deterioro de la sociedad. La tecnología le ha servido a Charlie Brooker para retratar la degradación de la humanidad donde nos hemos puesto al servicio de ella. La literatura y dentro de ella la ficción nos ha permitido desde hace muchísimo tiempo utilizar nuestra imaginación para adentrarnos a mundos diferentes y luego mediante estas grandes metáforas entender el nuestro y entendernos a nosotros también. Hoy el arte y la literatura están siendo digeridos por la tecnología, Black Mirror nos permite ver a través de ella mundos paralelos en los que nos reflejamos, como en un Espejo Negro. Ya no es de nuestra imaginación el deber de crear un universo ficticio, hoy la tecnología se encarga de eso, ahora es deber de la interpretación recoger con sumo cuidado los mensajes ocultos y a simple vista que nos brindan estas manifestaciones y así cuestionarnos nuestra vida, el mundo y la acciones que realizamos. No podemos de un día al otro frenar el avance tecnológico, sería un error, lo que si podemos es repensar su uso, mientras tanto, tan solo creamos para destruirnos.

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