Arequipa

Dormir contigo es estar solo dos veces

1 de octubre de 2020
Puedo ser feliz solito - Acorn 221

Por: Adrián Manrique Rojas

Los claros de un nuevo amanecer revientan y la luz del sol traspasa las ventanas de mi habitación cuando recibo la llamada de Félix. De inmediato asumo que no es la mejor manera de empezar el día.

Me saluda con su voz pastosa y densa, mientras eructa el reflujo de muchas copas -las cuales seguramente acompañaron su noche-. Se excusa por despertarme tan temprano, aduciendo un hecho impostergable, de vida o muerte.

– Perdóname hermano, no podía dejar pasar un minuto más sin hablar contigo. Necesito tu consejo, he tomado toda la noche. Ayúdame. Me dice.

Félix es una de esas almas nobles que te encuentras en la vida, un tipazo de aquellos. Amigo, divertido y confiable, con un único defecto conocido: ser un pusilánime del amor.

Al empezar la pandemia, Félix se había mostrado confiado, incluso feliz de tener más tiempo para estar en casa. Conforme los meses fueron cayéndole encima, una profunda ansiedad se había apoderado de él. Hablamos un par de veces en este periodo, y debo de aceptar que no respondí muchos de sus mensajes a pesar de ser buenos amigos, ya que los consideraba invitaciones peligrosas para salir a beber.

Esta vez, era diferente. Me había pillado despertando y fui incapaz de no contestarle. Así me enfrasqué en una conversación de la que no podía huir.

Empezó su intervención haciéndome saber su asombro por dejarlo “en visto” tanto tiempo.  Respondí que se debía a motivos sanitarios más que evidentes. Él lo entendió y continuó contándome la noche de copas que había armado solo desde un hotel al que había llegado antes de la hora de inamovilidad social.

– ¿Estás en un hotel? ¿Qué haces allí? Pregunto algo asombrado.

Félix comenzó a contarme la tormentosa pelea que había tenido con Fiorella, su estrambótica conviviente, la tarde pasada. Según su versión, todo se había iniciado cuando le pidió que bajara la voz al hablar por teléfono con sus amigas, las cucufatas de siempre. Ella tomó esto como una ofensa demasiado hiriente y destruyó gran parte de la vajilla que su madre les había regalado, corrió al baño y lanzó por los aires la afeitadora que él había ganado en la tómbola anual por el aniversario de su colegio. Seguidamente rompió la camiseta de su equipo favorito, firmada por algunos de los jugadores más representativos y escupió sobre la fotografía de la madre de Félix, que velaba los sueños de la pareja desde la mesa de noche.

Félix, asustado por tremenda escena, intentó tranquilizar a Fiorella abrazándola y pidiéndole perdón por ser tan tosco, pero ella continuó lanzando todo lo que encontraba en su camino. De pronto corrió hacia la pequeña biblioteca de Félix y despedazó el álbum de figuritas oficial del Mundial Rusia 2018 que tanto le había costado llenar, invirtiendo tiempo y dinero -del que yo fui testigo- en los meses previos a la justa mundialista. Eso fue todo, con el álbum, su álbum, nadie se metía.

Cualquiera hubiera tenido una reacción peor, pero Félix se limitó a llorar mientras recogía los restos de las hojas, procurando unir los rostros de los cientos de jugadores que yacían estropeados en el suelo.

Los metió en una bolsa de pan y lentamente comenzó a introducir sus cosas en dos mochilas de viaje. Fiorella algo desencajada por la sorpresiva reacción de Félix procuró disculparse, él no pronunció palabra alguna. Ella preguntó si se iba así, sin más ni menos, pero él continuó frío como un témpano sin soltar vocablo alguno.

Al terminar y dirigirse a la puerta ya con sus cosas encima, volteó y contempló la atónita mirada de Fiorella antes de lanzarle una de esas frases de Joaquín Sabina que nos gustaba compartir y que caía a pelo para el momento, haciéndole saber lo cadenciosa que era su relación.

“Dormir contigo es estar solo dos veces”. Seguidamente cerró la puerta a la vez que escuchaba unos nacientes sollozos que no detuvieron su resolución.

Luego alquiló una habitación en el hotel cerca a la casa de su madre, y bebió cuatro botellas de vino de mala calidad mientras veía películas de bajo presupuesto y sentía las declaraciones amorosas de sus improvisados vecinos de aquella noche.

– ¿Crees que deba dejarla hermano? Me pregunta con determinación.

– Si es lo que quieres, creo que está bien. Haz lo que sientas conveniente flaco. Le digo.

– Lo haré, con el álbum nadie se mete. Me responde y cuelga el teléfono.

Pienso que esta es solo una de las tantas historias producidas por el confinamiento al que nos vimos expuestos por la coyuntura actual. No sé cuántos Félix habrán abandonado a sus parejas, ni cuántas Fiorellas han destruido sus casas luego de una discusión, pero sí estoy seguro de que este tiempo de convivencia prolongada ha demostrado nuestras verdaderas personalidades de la manera más explosiva, desnudando en muchos casos carencias emocionales que dejan una herida abierta para con nuestra salud emocional futura.

Entre tanto, luego de discurrir esta reflexión, creo que lo mejor es volver a dormir. Después de todo el sol brilla todos los días, pero no necesariamente calienta a aquellos que se sienten solos; más aún a aquellos que perciben la soledad al cuadrado.

Teletrabajo, esclavitud a domicilio

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