Arequipa

Dos caras de las canteras de sillar en Arequipa

15 de marzo de 2020

El próximo 19 de marzo, el cineasta arequipeño Miguel Barreda presentará en las salas de cine nacional su nueva producción: “La Cantera”.
Una película ambientada en las canteras de donde se extrae la piedra volcánica por la cual la capital de la región recibe el nombre de Ciudad Blanca. Gracias a este lanzamiento, este lugar y los alarifes que, bajo el incesante calor, trabajan en este lugar, ha vuelto a cobrar notoriedad. Un recorrido por algunas de las canteras ubicadas en los distritos de Cerro Colorado, Uchumayo y Yura refleja que no todo es felicidad y alegría en este lugar. Hay también problemas que no son atendidos como la contaminación, invasiones y enfrentamientos entre ellos. ¿En qué sueña alguien que ha pasado la mayor parte de su vida en este lugar?

Por: Gustavo Callapiña Díaz

A unos 40 minutos del centro histórico de Arequipa se encuentra el distrito de Cerro Colorado. Es según el último censo del 2017 el distrito más poblado de Arequipa con 197 mil habitantes. En este ayuntamiento, se encuentra una de las canteras más conocidas por los visitantes. De las cerca de 18 que existen en Arequipa es la más accesible y cercana a la urbe. La gran cantidad de personas que llegan al lugar lo hacen por una razón: Allí, en la quebrada de Añashuayco, se encuentra tallada una réplica del frontis de la Iglesia de la Compañía, cuya versión original – si así se puede llamar- se encuentra en el cercado de la ciudad.
Es jueves cinco de marzo, y el maestro Prudencio Idme de 69 años y presidente de la Asociación de Cortadores y Artesanos Rutas del Sillar, realiza las labores que aprendió cuando era joven y llegó junto a un amigo por curiosidad y necesidad de trabajar. De aquí no se movió nunca.
Si usted amigo lector busca vía internet, las razones por las que Arequipa es considerada la Ciudad Blanca, la versión más difundida es que gran parte de su arquitectura se edificó con sillar, una piedra volcánica que Idme, junto a otros maestros, de las demás canteras extraen diariamente.
Esta es por decirlo así la cara bonita – y no tanto que digamos- de las canteras arequipeñas. En el lugar un grupo conformado por niños, jóvenes y adultos, escucha atentamente al guía turístico que les explica detalladamente la extracción y los usos que se le da al sillar actualmente. Les cuenta las dificultades y el poco dinero que ganan las personas que los venden. Hay varias razones por las que ahora esta piedra ya no sea tan comercial. Otros materiales como los ladrillos, las bloquetas y demás variedades son preferidos por aquellas familias que construyen ladrillo a ladrillo, y ya no tanto sillar a sillar- que será su hogar.
Conocedores, tal vez, de estas dificultades, una ONG llamada Cied decidió apoyar la construcción de la afamada compañía. Prudencio Idme, que trabaja ya en este lugar, cuenta que demoraron cerca de seis meses en realizar el tallado. El trabajo inició a mediados del 2013 y culminaron a inicios del año siguiente. Con este atractivo ya instalado, decidieron implementar un circuito turístico. Acondicionaron más elementos atractivos, servicios higiénicos y demás. Hoy, gracias a ese dinero tienen pensado ampliar y mejorar las instalaciones y dedicarse a la actividad turística netamente. En términos prácticos, el turismo les genera más ingresos y menos exposiciones a enfermedades como la silicosis, una enfermedad producida por la inhalación de polvo que ingresa a los pulmones.
Pese a este problema, los cerca de 18 asociados que trabajan en la Quebrada de Añashuayco son los más conocidos y de alguna manera los mejor posicionados a sus demás compañeros que laboran cuesta abajo.
Uno de ellos es Juan Pablo Miranda. Lleva 20 años trabajando en la cantera de la Escalerilla, ubicada entre los distritos de Cerro Colorado y Uchumayo. Llegar hasta su centro de trabajo, refleja la realidad de los alerifes: Basura regada y quemada en la trocha de ingreso, fuertes olores producto de la contaminación que generan las empresas industriales que se ubican en el parque industrial en el distrito cerreño. Aquí señores no hay turismo, debería haberlo, sin embargo, solo viven de su trabajo: extracción de sillar.
“Este es un trabajo independiente. No hay un horario de ingreso. Por lo general se trabaja 11 a 12 horas. Antes si era rentable venían los camioneros a comprar por tarea (paquete) el sillar, sin embargo ahora la competencia del ladrillo ha disminuido nuestras ventas”, comenta.
Cada bloqueta de sillar ellos la venden a 5 soles. Luego es revendida en Río Seco, un punto de aglomeración y venta en la vía principal del distrito de Cerro Colorado.
Lo narrado por Miranda, es confirmado por Jorge Gómez Mamani, presidente del Frente de Defensa de Artesanos de Sillar de Arequipa. La problemática de los canteros la resumen en tres conceptos: Contaminación, invasiones y falta de apoyo.
Los fluidos que desechan al cauce de las quebradas les generan malestar y mareos. La necesidad de trabajar los ha hecho acostumbrarse. Otra problemática son las invasiones. Ya sea por personas que buscan un lugar para vivir y se asientan en la parte superior de las canteras, lo cual impide el crecimiento y el avance de la extracción del sillar. En este mismo aspecto, están los dueños de las chacras aledañas quienes ponen trabas y les impiden realizar su trabajo con normalidad.
“Esto es una vaina amigo. Acá no nos respetan. Cholos de mierda, esa es la palabra que usan para impedirnos trabajar. Esta es mi quebrada me pertenece nos dicen”, narra con impotencia Gómez Mamani de 45 años.
Haber crecido prácticamente en una cantera ha forjado en él una personalidad corajuda. De voz firme, busca gestiones con los municipios, el Gobierno Regional y otras entidades para recibir apoyo. ¿Y en que consiste eso? Buscan que otras canteras, y no solo la Quebrada de Añashuayco sean turísticas.
“Queremos que las personas visiten estos lugares. Actualmente no lo podemos hacer porque como usted ve no se puede ni caminar. Queremos implementar infraestructura para que a través de caballos las personas visiten estas zonas”, prosigue.
Según el estimado que maneja hace una punta de años los alarifes que trabajaban en los tres distritos eran cerca de mil 500, ahora apenas llegan a los 300, por todo lo que implica seguir en esta labor.
“Otros problemas que tenemos es la lluvia pero eso podemos aguantar. Es parte de la naturaleza, sin embargo los otros problemas son persistentes. Pese a ello tengo esperanza, tengo que seguir creyendo que algún día cambiara”.

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