Columna

Editorial: El caso de Loreto

6 de mayo de 2020
Foto: Gestión

Ha sido una sorpresa negativa para los afanes descentralistas del Perú lo que está ocurriendo con el coronavirus, también conocido como COVID-19, por el comportamiento que se observa de parte de la sociedad y del gobierno con regiones del norte y de la selva del Perú especialmente en relación al centro y al sur.

Excluimos de este mapa del Perú la particular situación de Lima donde está el mayor número de pacientes y donde se han definido, como es costumbre, las decisiones que engloban a todo el país.

En términos generales, los peruanos han aprobado el comportamiento del gobierno del presidente, Martín Vizcarra, pero los resultados hasta ahora no son los deseados, pues la tendencia a la baja no se advierte con relación al número de casos de nuevos enfermos y también al de los muertos que se ya registran con carácter alarmante en el país.

En Loreto se han visto escenas muy dolorosas para todos los peruanos por lo que está ocurriendo con el virus. El horror de los que se ha visto por televisión en relación a lo que pasa en Iquitos ha conmovido a todo el país y evidenciado que no existe aún en la emergencia un trato igualitario para todos los peruanos, y peor para los más pobres.

Las dimensiones del drama de la salud en el Perú no pueden ser peores y aquí lo que está sucediendo en Loreto, o concretamente en Iquitos, solo puede ser comparable a los cadáveres abandonados de las víctimas del COVID-19 en Ecuador.

Afortunadamente la reacción del pueblo loretano ha sido ejemplar. No solo es clamar por justicia, sino ponerse de pie reunir en un día más de un millón de dólares y conseguir que en lugar de una, dos fábricas productoras de oxígeno puedan ser convertidas en realidad por un pueblo que mediante colecta de sol en sol y a iniciativa de un buen cura le podrá permitir aliviar a quienes sufren en su agonía, o dar paz a los que murieron angustiados.

El caso de Loreto es la evidencia plena de que la descentralización es un cuento. Afortunadamente no faltan hombres bondadosos que de centavo en centavo hacen realidad fábricas para dar oxígeno a los pacientes que lo requieren para no morir angustiados.

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Editorial: La inquietud de los empresarios

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