Editorial

Editorial: Los ambulantes: un problema que sí tiene solución

Por elpueblo / 1 de diciembre 2018

Los conocedores de la historia de Arequipa y de los años de finales del siglo XX recordarán que esta ciudad sufrió como crisis de su crecimiento la migración de Puno y Cusco especialmente a la que tuvieron respuesta, de alguna manera, grandes arequipeños que procuraron reemplazar a las empresas e inversionistas entonces existentes que fueron afectados por los procesos de reforma agraria en unos casos y en otros por el comportamiento de los mercados de consumo.

Arequipa se convirtió en un polo atractivo para quienes sufrían sequía en Puno y que veían crecer a una Arequipa con Parque Industrial, Variante de Uchumayo, fábrica de cemento, parque artesanal, nuevos servicios de agua y luz, y superar la contingencia de frecuentes terremotos como los de 1958 y 1960.

Entonces la ciudad que perdió alguno de sus pilares de sustento se vio obligada a reemplazarlos, y felizmente, por millares de pequeños soportes que reemplazaron a las patas que faltaban de la antigua mesa.

El comercio ambulatorio mantuvo la economía arequipeña. Creó una nueva masa consumidora y dio paso a un artesanado envidiable. Era el proceso natural consecuencia de las migraciones con la diferencia singular de que aquí el vivir en Arequipa era más importante que el nacer o el haber venido.

El arequipeño está capacitado para superar contingencias catastróficas, sobreponerse y volver a andar, por eso al vendedor ambulante hay que ayudarlo a formalizarse, al pequeño empresario hay que convertirlo por lo menos en mediano, y al grande convencerlo que ya somos un mercado de consumo de promisión.

No podremos renunciar nunca ni olvidar a los pequeños que sumando hicieron mucho de lo que otros dejaron, buscando hacer progresar con Arequipa al Perú. Fuimos un modelo de crecimiento, también de honestidad y de valentía, para valorar y reconocer el valor de la suma de los pequeños hoy no debemos perseguir al ambulante, sino simplemente ordenarlo.

Los ambulantes, en un momento difícil y determinado de la historia reciente de Arequipa, fueron la salvación de nuestra economía. Ahora tienen la oportunidad de volver hacerlo, pero hay que ayudarlos a ordenarse.

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