Editorial

Editorial: El momento de la verdad

Por elpueblo / 4 de diciembre 2018

Al enterarse de que el gobierno uruguayo había decidido negar el asilo que Alan García pidió a la embajada de ese país en Lima, el político peruano optó por escapar.

El embajador uruguayo se limitó a decir a la prensa, tras confirmar el anuncio de que el asilo había sido rechazado, que el señor García ya no estaba en la embajada y se entiende que Alan en la madrugada del lunes y en conocimiento de la decisión del gobierno oriental sudamericano optó por irse a otro lugar.

La razón principal de la negativa uruguaya fue que no era cierta la versión de que había una persecución política que no solamente sería contra él, sino contra otros líderes políticos opositores o discrepantes de las acciones que el país están realizando fiscales y jueces, y también de la independencia de poderes que se aprecia en la República.

Pocas dudas hay de que los hechos caen por su peso y que el gran perdedor de la jornada es el propio García, y consecuentemente que mejoran las perspectivas, que con respecto al gobierno actual tiene la opinión pública en mayoría.

Es una lástima que un ciudadano que ha sido dos veces presidente de la república no se animara a enfrentar un esclarecimiento de verdades con respecto a obra pública y a sobornos que derivaron de la lamentable decisión de la empresa Odebrecht para obtener ventajas indebidas en sus contratos en Perú y otras naciones de América.

Era necesario que se lograra alcanzar la verdad mediante un juicio justo donde se ejercitara plenamente el derecho de defensa y se respetaran las normas que deben amparar a todo ciudadano que sea cuestionado en su labor como funcionario público en defensa de los dineros del Estado.

El final de la novela ha sido malo para él desastroso para su partido y aún queda por continuar el proceso de investigación y culminarlo con una sentencia que sea justa y que a todas luces demuestre que la maldad nunca debe ganar cuando de por medio están los intereses nacionales.

García como Toledo y también como lo hicieron Humala y Keiko Fujimori, tenían la obligación de dar cuenta al país y a los fiscales y jueces de la verdad sobre su trabajo como presidente de la República en dos periodos.

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