Editorial

Editorial: La renuncia del cardenal

Por elpueblo / 26 de diciembre 2018

El arzobispo de Lima, primado de la iglesia peruana y cardenal, Juan Luis Cipriani, formulará renuncia a su cargo, en cumplimiento de normas vigentes, al cumplir mañana sus 75 años de vida, dejando en manos del papa Francisco la decisión de aceptarla en la fecha que considere más oportuna y que de seguro será reemplazado por otro pastor peruano que continúe la tradición que empezó con el arequipeño Juan Gualberto Guevara.

Es, monseñor Cipriani, el arzobispo limeño que ha provocado más polémicas por su actuar en temas que no son religiosos. El mismo lo admite y de seguro muchos esperan que en el nombramiento de su sucesor Dios iluminará al Santo Padre para que el escogido sea un hombre que esté a tono con la exigencia de los tiempos y sobre todo con la identificación del primado de la iglesia con los desposeídos.

En los últimos meses el pontífice latinoamericano Francisco ha tenido a bien permitir que Perú tenga un segundo cardenal y presumiblemente este prelado será el sucesor de Cipriani a pesar de que, en febrero próximo, también tendrá que dimitir a su condición jerárquica al cumplir, al igual que ahora Cipriani, 75 años de edad.

Recordamos que cuando esto ocurrió con monseñor Fernando Ruiz de Somocurcio, arzobispo de Arequipa, la Santa Sede permitió a la feligresía arequipeña disfrutar de su pastor hasta que llegara a los 77 años de edad.

Es una prerrogativa del Papa hacerlo, pues la condición de cardenal no se pierde, sino con la muerte, como era antes con los obispos, pero se les releva de otra función que no sea la de ser asesores en consejo del Papa.

El Vaticano está apesadumbrado por los casos de pederastia que se han registrado en distintos lugares del mundo y que han perjudicado la imagen de la iglesia. No tanto por la infeliz ocurrencia de los equivocados, sino por el afán de algunos de ocultar los hechos, pero el papa Francisco está empeñado no solo en el esclarecimiento y en el reconocimiento de que las malas acciones ocurrieron, sino que ha pedido perdón, pero hay cuentas pendientes todavía y en algunos países más que en otros como en el caso del Perú donde conviene esclarecer lo que ocurrió con el Sodalicio de Vida Cristiana.

La renuncia del cardenal Cipriani debe significar, en el nombramiento de su sucesor, un acercamiento de la iglesia hacia los pobres y también una modificación en la actitud del primado, así como el fortalecimiento del episcopado nacional.

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