Editorial

Hay que revisar los fallos de los corruptos

Por elpueblo / 21 de julio 2018

No tendría ningún sentido que los escándalos surgidos alrededor del Consejo Nacional de Magistratura, del Poder Judicial, e incluso del Ministerio Público, terminarán en un cambio de personas, por buenas que ellas fueran, si no se adoptaran medidas para revisar los fallos que se dieron en favor de intereses particulares o de personas con poder.

Esto es válido en vista de que, por ejemplo, el vocal supremo suspendido en funciones, y ahora de vacaciones, hizo pita y pabilo en casos que le fueron confiados y en los que influyeron políticos o gente con dinero como para pagar los favores.

Entendemos que las oficinas de control de la magistratura descuidaron obligaciones y no sabemos si será posible que tales revisiones permitan ahora esclarecer verdades y terminar con los resultados de una corrupción que a todas luces no puede quedar con el solo cambio de personas indeseables a las que la opinión pública, en foros calles y plazas reclama despedir.

Los daños que hicieron tales fallos eran evidentemente en contra de los más pobres o de los más débiles y ahí hay una responsabilidad de enderezar entuertos que está obligado a hacer los organismos de control de la magistratura y también quienes sean honrados con la designación para una buena administración de justicia.

Recordamos que en el gobierno de transición de Valentín Paniagua se hizo lo debido y muchos de los responsables de delitos terminaron enjuiciados y encarcelados por actos de reparación a la sociedad. Se podrá decir que no existe o no está permitido un procedimiento como el citado, pero resulta necesario establecer o reponer los actos de injusticia cometidos a cambio de sobornos, de dinero o de influencias.
Lo demás sería suponer que solo un número determinado de magistrados hicieron el mal sin la posibilidad de que se enmendarán sus fallos equivocados e interesados.

No solo hay que cambiar las personas, sino hay que reponer a derecho a quienes fueron burlados por las malas artes de los equivocados.

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