Arequipa

EDITORIAL:LOS COHETES DE TIABAYA

14 de abril de 2015
EDITORIAL:LOS COHETES DE TIABAYA
En años anteriores a la actual gestión arzobispal de monseñor Javier del Rio Alba, fueron frecuentes las invocaciones de otros prelados, en favor del gasto que en fuegos artificiales y en cohetes hacían los devotos, sobretodo de distritos, en las fiestas conmemorativas de los Santos, vírgenes o cristos.
Se llegó a considerar como un paganismo el que persistieran en sus afanes los mayordomos y simpatizantes de las imagenes cuyos festejos se realizaban.
A ellos se agregaron los riesgos de la manipulación de pólvora, y algunas lamentables consecuencias que en vida y propiedades sufrieron los pirotécnicos o los improvisados que manejaban los cohetes y fuegos artificiales.
Poco a poco, han ido disminuyendo las explosiones en tierra y aire, pero en Tiabaya, ocurrió que el vecindario, o por lo menos los devotos que los sufragan, no quisieron rendirse a las invocaciones y persistieron en la quema de dos kilómetros de troya, a la que también se conoce como salva de cohetes, que comenzaba en Los Tunales y terminaba frente a la puerta de la iglesia matriz, dónde se venera al Cristo Nazareno.
A pesar de la oposición de la Policía, de Defensa Civil y de la Municipaldiad, salieron con su gusto y cumplieron lo que se puede considerar mala tradición y absurdo gasto.
 
Los tiempos cambian y las formas de devoción también. No es posible que en lugar dónde sigue habiendo pobreza y dónde hay un vecindario cada vez mas numeroso, que quiere disfrutar de descanso se le interrumpe el mismo, con una sucesión de explosiones que parece interminable. Eso hay que corregirlo de manera definitiva y total.
La tarea de los sacerdotes es convencer a su rebaño a evitar esta forma celebratoria y, en cambio y contraste impulsar la fe, y la creencia, así como compartir lo que les pueda sobrar en favor de sus prójimos.
 
 
Alto a la quema de cohetes, diurna y nocturna, por su inutilidad y el malestar que provocan.
 
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